El Pregón de Miguel García Caballero

 
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Hoy día con la crisis económica que estamos padeciendo es muy fácil caer en la tristeza y en el desencanto. Nos levantamos y comenzamos la cantinela diaria del “todo va mal”: los políticos son unos sinverguenzas, la juventud no tiene respeto, ya no hay amistad, todo es un abuso, no hay ética ni moral… La lista puede ser interminable. Pero no podemos olvidar, que esta visión catastrofista no se corresponde tanto con la realidad sino mas bien con nuestro estado de ánimo, que solo nos hace ver lo malo de la realidad y de las personas que nos rodean, volviéndonos agresivos y matando todo lo que tocamos.
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¿Y esta disquisición que tiene que ver con el pregón de Miguel Caballero? Pues bién, Miguel Caballero en su pregón de las Fiestas de 2.009, no sólo nos dejó una visión casi fotográfica de muchos aspectos de la Grazalema de los años cincuenta y sesenta, lo que por si solo justifica su lectura, sino que nos traslada el espíritu vital y la fortaleza que impregnaba el alma de los grazalemeños de la larga posguerra. 

No creo que nuestros padres y abuelos, no fueran conscientes de la situación tan precaria en la que vivían, como he oído decir a alguno para explicar la fortaleza con la que sufrían su situación, sino que como Caballero nos insinúa en su pregón aquellos Grazalemeños aceptaban la vida tal y como era, intentando ver en medio de la dificultad, el lado bonito de la existencia y de las personas. Ellos no se frustraban, no se caían de ningún burro, porque le tenían tomada la medida a la vida. A ellos, no se les olvidaba que en la vida hay dolor pero como personas maduras que eran lo aceptaban con fortaleza y aprovechaban el paso diario de sus vidas sencillas para disfrutar de la belleza de las cosas pequeñas y de los amigos.

Sería bueno que tomaremos ejemplo de aquellos grazalemeños ya desaparecidos, para aprender a no agrandar mas lo que hace daño, abandonando ese continuo querer salirnos con la nuestra y el victimismo a que nos lleva esta actitud. No hay nada como tomarle la medida a la vida, sentarse ante la naturaleza que invade nuestro pueblo y símplemente esperar con esperanza a que salga algún día el sol.

Pregón de la Feria del año 2.009

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Caballero: Buenas  noches.

Patro: Buenas noches Caballero.

C: ¿Porque lo dice?

C: Porque Caballero me llamo. Bueno criatura para ir entrando en confianza, ¿tu como te llamas?

P: ¿Yo? Patrocinio

C: Coño, como mi cuñao MANOLO. Po bueno, ponme algo de beber que vengo seco. Es que me dijeron que hoy ponían en la tele algo del pueblo y como a mi Telefunken se le han estropeado dos tres o válvulas, pues vengo a verlo al bar.

P: Pues esta usted de suerte, porque nos han traído esta tele del “mas allá”.

C: ¿Del mas allá?

P: Si de Villaluenga; es que tengo un cuñado que ha cerrao el bar por defunción.

C: Vaya hombre lo siento.

P: No si es que decía que con esta calor no se podía vivir y se ha muerto el jodio. Así que yo me he traío la tele, y mi hermana se ha quedao con mi cuñao.

¿Bueno que le pongo?

C: Algo bueno y pon la tele que te enrollas mas que una persiana……..

P: Vale niño. Dale al play!

Nota.- Durante el pregón se fueron proyectando una serie de fotografías antiguas en la que aparecía numerosos paisanos ya fallecidos.

C: ¡Que bonito! Han salido cosas que me recuerdan a mi infancia entre estas calles, y también he reconocido a personas que ya no están entre nosotros.

¡Po no me he puesto melancólico!

P: Po tómese otra copita.

C: Po vale llena y ponte tu algo.

En ese momento entra en escena una muchacha llamada Alicia

Alicia: ¿Es usted de aquí caballero?

Caballero: Sí, me llamo Miguel García Caballero y me conocen por el Caballero, soy de aquí de Grazalema, la que llevo en mi alma desde que mi madre Isabel Caballero me trajo al mundo. Me gustos el sitio y aquí me quedé.

Alicia: Estoy investigando sobre las costumbres de este pueblo, ¿le importaría responderme a unas preguntas? 

Alicia: ¿Tiene usted estudios?

Caballero: Yo cursé mis estudios con cuatro años en “Los Párvulos”, colegio situado al lado del bar de Martín, donde vive ahora Vicente “El Malagueño”. Con seis años emigramos toda la familia al Bardihuelo, una finca situada en la Huertade Benamahoma. Allí conocí  al “Cancha”, un personaje de ese pueblo. Un día me dijo pasa por debajo del mulo, yo pasé y me dio una patada en la frente que mi madre tuvo que ponerme una perra de las antiguas amarrá con un pañuelo para quitarme el chichón, no se me ha olvidado. Volvimos a Grazalema unos años después y pasé dejando “Los Párvulos” al instituto que estaba donde el bar Zulema I. Allí aprendí a encender el brasero de D. Luis para que no pasara frío, lo que quería decir que a los demás nos dieran. Luego nos fuimos para la universidad que estaba donde “La Casa de la Cultura”. Allí había dos catedráticos, D. Julián y Doña Paulita. Ellos intercambiaban impresiones en los pasillos y al final se casaron. 

Había un comedor con una gran cocinera María “La Isabelona”, allí comían los más necesitados. Yo como era rico, me quedaba sin comer. Mi padre se iba a la campiña de Jerez a echar tres meses de trabajo para sacar a la familia adelante pero ellos se pensarían que se iban de  vacaciones, en mi lugar, mejor iban los que no lo necesitaban, los de siempre, el poder con el poder. 

El Ayuntamiento me dio una cama para que no durmiera en el suelo, gracias a mi amigo Luisito que se lo dijo a su tía Anita María, que era la secretaria. Después ya con catorce años y varios viajes de estudios, hoy van a Italia, a Centro-Europa, a Mallorca….pues  nosotros íbamos a Cantazorra y a la Borreguilla a coger aceitunas. Después ya terminé mi carrera delante de Juan el Municipal, mientras que Salvador, el compañero, nos miraba a ver quién corría más.

También estuve estudiando en un colegio privado de la Calle Arcos, Colegio Bartolo Brevas, tres clases a la semana que me las pagaba mi tío Pedro. Con los estudios que saqué, estuve guardando cochinos en Peña Loja y las Lomas y lo tuve que dejar porque no sabía idiomas y no me entendía con ellos. Mientras tanto también aprendí a nadar en el charco “las Molinetas”, en la alberca del tinte, Río Campabuche. Los socorristas eran las culebras que nadaban al lado nuestro y no nos perdían de vista. Y por fin el título me lo dieron en el Aguanfría, a duro por sesión, me salió por unos diez duros y el que me lo dio fue ese buen hombre como era Andrés “El Chorro”.

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Alicia: ¿Y aquí, en qué trabajaba la gente?

Caballero: La Grazalemaque yo conocía era de piconeros, carboneros, pastores, cabreros, molineros tanto de trigo como de aceitunas gente buena de cuartillo de vino en la bodega de los Castros, Paco y Pepe, de caleras, que por mucha miseria que hubiera en el pueblo, siempre estaba blanco. Era de esparragueros, tagarnineros, areneros, posadas para los viajeros con bestia, como la de la fuente abajo, “La Crista”, “La Posadilla”. De molletes de Tóbalo o del Seferino con manteca colorá, de churros, tejeringos. Antonio el Baño, los hacia entre la Iglesia y el Kiosco. 

Era de mucho agua y frío en los inviernos. Yo tenía una chaqueta llena de agujeros y me preguntaban si no tenía frío, yo le contestaba que no porque el frío que entraba por unos se salía por otros. Era de unos zapatos de material hechos por Joaquín El Zapatero. Los zapatos con el agua  por la mañana estaban tan torcidos que costaba meter el pie y había que untarle la corteza del tocino añejo para que estuvieran suaves.


De puchero de ahora, la olla de antes. Era de hornillos de carbón hasta que llegó el petróleo y te doliera donde te doliera cuando te ponían inyecciones siempre era la mismas: Vesepal crudo. El practicante era D. José León. Un día en una casa le dijo a una mujer mayor: de vez en cuando hay que lavarse. A lo que ella contestó: ¿por qué me dice usted eso D. José?  Y el le respondió, porque el algodón no engaña. En otra casa puso la última inyección y el preguntaron cuanto le debían y el dijo doscientas cincuenta pesetas. Nos podría hacer una rebajita ¿no? Y el contestó: déme cincuenta duros.

¡Qué bueno es usted! Y le echaron una copita de vino de Jerez.

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Era de lavar la ropa en la Fuente Abajo y tenderla en la hierba, de comer moras en el huerto de mi amigo Tano, de hinojos y almeces, de montarte en el trillo en las eras, de los guardias civiles con los presos al juzgado, de las peleas de borrachos, de rodajes de películas, de cines de verano e invierno, de buenos cantaores, de buenos toreros, de buena gente, como “El Peluco”, “El Mechilla”, “Placidín”, “El Patarra”, “El Rubio Modesto”, “Chanini”, “Juanito Vázquez”, “La Paneta”, “Juan Durán”, gente inolvidable, “El Valero” con su pregón, sardinas a dos reales, júreles a pesetas y de parte del Señor Alcalde, se hace saber que hoy a partir de las doce se pondrá la vacuna de la rabia. 

Alicia: ¿Era difícil conseguir trabajo?

Durante un descanso del rodaje de “Carne de Horca”

Caballero: Que va, había en el pueblo siete u ocho oficinas de empleo y colocación. La bodega de Paco el Castro era la oficina principal, allí se elaboraba pisando la uva, montones de colocaciones. Los pisadores eran “El Aperaor”, Andrés  “El Pellejero”, Gaspar, Paco “Regaera”, entre otros. Salían un chorro de conversaciones que después del proceso pertinente se metía en los barriles, pasaban por las botellas y los vasos y se lo bebían los obreros que salían colocados. Las otras oficinas eran, El bar de Pepe “El Baño”, el de Martín, “Mondeño”, el de Perico “El de los burros”, el bar de los cajones y los dos bares de los Salas y la otra bodega que era la de Pepe Castro, y fuera del pueblo estaban dos áreas de servicio como era el “Ventorrillo La Jarana” y Los Alamillos. En la parte de la Ribera estaba el teléfono, en la escuela justo en el puente “La Pileta”, que era el centro de comunicación de todos los vecinos. Allí se vendía vino y a veces, había flamenco a cargo de “El Palomito”, que también tenía la Venta “El Palomo”. 

Algunos cuando llegaban a sus casas en el campo, después de haber pasado por alguna de estas oficinas, su mujer le decía: ¡qué cargado vienes! Y el le contestaba. Si te parece doy dos viajes, ¡Cómo no está lejos el pueblo! Ella le decía: ¡me vas a enterrar! Y el le decía: ¡para eso vengo yo, para coger el pico y la pala! 

El bar del mercado de abastos lo regentaba Juan Lara, después del despacho de los puestos que duraba hasta medio día, en la tarde era cuando se concentraban los cazadores, con el tío Pepe, La Ina, platito de jamón  y queso y aceitunitas de la zorrita se liaban  a tiro y mataban todo lo que se movía en el campo. Después cuando estaban en el campo se pegaban menos tiros……

  

Alicia: ¿Y que medio de comunicación tenían?

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Caballero: Los medios informativos que teníamos los que no teníamos radio era el correo amarillo o fantasma. Como venían de Ronda, Jerez, Sevilla, Cádiz. Los viajeros nos informaban de lo que ocurría por esos mundos, que para nosotros era sobre todo enterarnos del que venía o se iba, así tendríamos un alcahueteo completo y al mismo tiempo entretenimiento.

Había una tele de color en el casino donde ponían los toros y venía gente de todos los sitios a verlo. Una vez un socio me pegó por haber entrado, me imagino que ya lo habrá pagado.

Alicia; ¿Cómo llego al pueblo la tecnología?

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Caballero: Como ya le he dicho antes, llegó con la radio, la televisión, llegó el hombre a la luna y eso que algunos de nosotros no habíamos subido a nuestro amado Pinsapar, del que tanto presumimos y orgullo de todos los grazalemeños y huerteros. Me imagino que algunos sevillanos no han subido a la Giralday algunos asturianos a los lagos de Covadonga. Yo escuchaba la radio en casa de Rosario “La Ciruela”. José Dianez estaba en Alemania y uno de sus viajes trajo una.

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Escuchábamos Matilde, Perico y Periquín, Lucecita, La valle del amor prohibido y escuchábamos los consejos de Elena Francis.

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El aire acondicionado de mi casa era el que entraba por la puerta del corral y salía por la puerta  de la calle y el mando a distancia éramos nosotros, abre la puerta, cierra la puerta. Por la mañana temprano no te podías levantar hasta que tu madre no encendiera el carbón para el café  y el brasero por el frío que hacía. Llegó el progreso con los vasos de cristal llamados Duralex. Mi hermana Remedios llegó un día con uno de esos vasos, mamá mira estos vasos son irrompibles, lo dejó caer al suelo y veinte años después todavía había cristales en mi casa. Mi primo Manolo Caballero llegó una noche al hogar donde vive el cura ahora, que era el centro de reunión de los jóvenes, con un reloj de acero y cuarzo diciendo que tampoco se rompía, lo dejó caer al suelo y llegaron piezas al solar y la cuerda se la encontraron quince días después debajo del sillón.
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ALICIA: ¿Qué fiestas celebrabais en vuestro pueblo?

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Caballero: Eran jueves de juncos y zurriagazos, como los del Corpus, comuniones de chocolate y bizcocho en el patio del casino debajo del limonero, Semana Santa de hornazo y arroz con leche y un respeto al culto, primavera de hermosura, con sus flores, su romería y las mocitas montadas a caballo con sus vestidos de colores. Las hogueras de San Juan, San Pedro y su cencerrá que hacíamos los zagales, después la Virgen del Carmen con el toro para descargar adrenalina, vaso de agua real, el bizco latera con dos botijos a peseta la pechá, era de la fuente de abajo, nosotros s lo subíamos por dos pesetas ná más. El carrillo de la Molina, con sus almendras tostás. Después llegaba la feria, el puesto de turrón en la esquina de San  Juan. Allí estaba la sorda que no se enteraba de ná. El hijo sí que sabía, allí no paraba en todo el día. Estaba en la puerta de la iglesia el Penalty y su familia que podían faltar, estaban considerados en el pueblo una familia más, después se subía la Virgen, de su ermita hasta el pueblo, con las vela encendidas y los zagales con las cañaeas echando chispas hasta llegar a la iglesia. Luego venían los Santos, con los melones, membrillos y granás. No lo comíamos los niños tocando las campanas veinticuatro horas seguidas como era costumbre. Llegaba la Navidad con los carámbanos goteando, los charcos congelados. Nosotros los saltábamos y nos resbalábamos en ellos.

Mi madre hacía los pestiños que no se podían tocar, calientes, ni los roscos ni el bizcocho, pues te amenazaban con inyecciones y no te podías arriesgar. Llegaban también los Reyes y si no te traían nada, jugabas con los de tus amigos, te tenías que conformar. (Hoy hay Reyes todos los días porque estamos en crisis).

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Alicia: Entonces, ¿no había crisis?

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Caballero: En unas navidades estaba aquí en el pueblo, un tal Angelito Bohórquez, era amigo de Don José León, el practicante, este le diría que no todos comíamos pollo por navidad y ese año le dio a la mayoría del pueblo una cesta con un pollo, lentejas, garbanzos, arroz, turrón, roscos, polvorones y muchas cosas más que no recuerdo ahora. Otro día dio  una comida en el asomadero y los zagales estuvimos esperando a que terminaran para comernos las sobras.

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Todos los políticos que hablan ahora de crisis, tenían que haber nacido en los años cincuenta para que la crisis de la que hablan, la compararan con aquellas décadas como fueron de los cuarenta a los sesenta. No tener ropa, zapatos, cama, como yo que dormí en el suelo hasta los diez años, cuarto de baño, nevera, agua corriente, había que traerla a cantaros desde la fuente, electricidad, sólo de de ocho de la tarde a ocho de la mañana. No nos faltaba el pan, hay que decir la verdad. Los panaderos como Vicente Narváez y sus hermanos Lucas y Juan, con unos vales de a kilo, con su cuño que previamente tus padres sacaban y cuando acababan la temporada lo pagaban. 


Cuando alguien te contrataba, estoy hablando de mi padre, como el padre de muchos que trabajaban en el campo, se iban quince o veinte días a sembrar , segar o trillar, a ¿Donde estaba el seguro? Yo se lo voy a decir: el seguro era que en mi casa y en la de los demás, tendríamos las necesidades cubiertas durante ese período de tiempo. ¿Dónde estaba el seguro cuando llevaban caballos a Sevilla andando y bebiendo en los ríos y arroyos mientras duraba la caminata para ambos lado…?

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Traíamos garrafas de agua de la Fuente Abajo para el bar de Antonio Salas. Nos las pagaba a tres pesetas y después a cinco, pero si rompías una no cobrabas. Allí hacían cubiletes y bollos para venderlos, yo por la ventana les pedía las raspaduras de las bandejas y me las daban en un papel, ¡qué cosa más rica!

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Todas las semanas rezábamos el Rosario con doña Pilar Campuzano que nos traía caramelos y nos daba alguna pesetilla para que nos la gastáramos en chucherías. Allí nos juntábamos mi madre, mis hermanas, mi madrina, Isabel la Juanchica, Ana la del teléfono, Rafaela y Rosario la Ciruela, Rufina, Josefita y algunas personas más que no me recuerdo.

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Los recoveros veían, traían ropa, pendientes, tabaco de las marcas cubanito, Viriato, la onza de oro, que lo cambiaban por huevos, gallinas, pollos, queso y demás para que en la cementera al Arar, escardar, segar o trillar, tuvieran lleno los precisos para echar los cigarros los trabajadores del campo.

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Estuve de ayudante con Salvador el electricista más bien para comer en su casa. Encendíamos Francisco Gil y yo la caldera para pelar los cochinos a las dos de la madrugada a las seis se empezaba a matar allí había siempre una botella de aguardiente corriente nos pegábamos unos lingotazos para combatir el frío pero cuando cogíamos  medio cochino íbamos pegando camballás hasta la furgoneta Citroen el matarife era Juan Ramires. Entonces tenia Salvador con su mujer Mercedes una pequeña tienda de chacinas. Hoy es una industria gracias a esa mujer que nunca bajó los brazos en la lucha de sacar a sus hijos adelante, un día comiendo arriba en su casa me mandaron a la tienda a algo y allí me encontré un hermano de Salvador que se llamaba Juan cogiendo dinero del cajón se quedó sorprendió y me dio dos pesetas para que me callara yo las cojí y me calle.

Alicia: ¿Cuales son las vivencias que mejor recuerda?

Caballero: Recuerdo que subí una vez a la Cruz del Picacho, desde allí se ve Ronda, cuando bajé se lo dije a mi madre y me preguntó si había visto a mi abuelo desde arriba.

También rompía la bombilla de Carmelita la de Nicolás desde las Vegetas,  sería por la fuerza que tenía o por la buena puntería según los municipales de entonces que llevaban la multa a mi casa.

Había  aquí de veraneo un tal Don Rafael al que llamábamos “el loco” que paraba en la fonda de Pepa y Cayetana, ahora de Jacinto. Tenía un vespino al que metía un papelito en la bujía sin que me viera para que no arrancara. Después de pegarle veinte patadas sin poderla arrancar, iba yo y le preguntaba: Si se la arranco, ¿me compra un helado? Él me contestaba: ¡Claro! Yo le sacaba el papelito y me comía el heladito. Luego me decía deberías estudiar mecánica, Caballero, eres muy listo.

Puso Guillermo Castro  una pequeña fabrica de helados, donde se vendía hielo, polos y por supuesto helados. Yo iba con el en una vespa que el tenia a los pueblos de al lado, como son Villaluenga, Zahara, Montecorto, Algodonales, el Gastor, estando en feria o en romería. En la romería de Villaluenga, llegó una señora con dos niños y dijo: dele usted a cada uno un helado pero que no estén muy frío.  

Con diecisiete años conocí el mar, creí la primera vez que era un manchón de hierba. Estuve trabajando en Marbella con gente de Vejer de la Frontera, Alcalá de los Gazules, Monda, Ojén y otros pueblos más, pero sobre todo con gente de aquí, de Grazalema, con los que siempre andaba, era con Miguel Pinini y el Molina, que en paz descansen.

Un día en la alameda de Marbella  entre Fernando “El Marino”, “El Chaneca”, Juan de Dios y el Rubio, me quitaron un zapato y estuvieron media hora jugando con él. Hoy me hubiera ido y les hubiera dejado el zapato porque tengo muchos más, pero entonces no tenía más que aquellos y me tuve que esperar a que me lo dieran.



Empecé a hacer el “gilipoyas” el veintiocho de diciembre de 1969, cuando firmé cuatro años en el ejército de voluntario, estuve 27 meses. La noche que Salomé cantó en el festival de Eurovisión, fregué cuatrocientos platos por listo. Ella cantaba “Desde que llegaste sólo vivo cantando.” y  yo allí fregando. También trabajé en Madrid y allí me dí cuenta de lo famoso que era, porque un día me caí y me dijo una señora: ¿le ha pasado algo caballero?

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Tenía y digo tenía porque no hace mucho tiempo que nos ha dejado un amigo, creo que de todos porque dudo que tuviera enemigos, por la condición sencilla y humana que tenía, era Miguel Quiñones.  Cuando estaba en el cine en la entrada principal del Asomadero, ahora aparcamiento, él era el operador que echaba las películas, que  tanto el Pepón, Vicente, el hermano y yo traíamos del correo, amarillo o fantasma o como ustedes le quieran llamar, para repasarla y reparar todos los cortes tenían, así veíamos la película y después nos poníamos de portero cogiendo las entradas y si valían tres pesetas, salíamos uno de los tres y las vendíamos a dos pesetas y nos tomábamos en el bar de Martín unas copitas de vino con tapitas de salmorejo o menudillo. Nunca nos cogió Mariano que era el dueño y que fue le primero que salió del armario en este nuestro pueblo.

Cuando vivía aquí en el pueblo Salvador “El Morcón”, le llamábamos Torreño, solo le gustaban dos clases de bebida, las nacionales y las extranjeras. Se coloco con Rodrigo Valle y este le dijo aquí puedes tomar lo que quieras, cuando termino el trabajo le dijo Rodrigo ¿Qué te debo? Y mi amigo Torreño le contesto: ! Te deberé yo a ti !


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Fui un día con Vicente “El Malagueño” a quitar las tejas del “Ventorrillo La Jarana”, cuando estaba en el tejado, se hundió y si no es por Salvador “El Chaneca”, que me dio un pellizco en la camisa, hoy no estaría aquí y por la camisa, que era buena. Después, con unos amigos, que digo amigos, hermanos, como eran Antoñitín y Juan Luis el Cateto, nos dedicamos al negocio de los toros, y no nos fue mal, porque lo que nosotros disfrutamos eso no tiene precio. Tuvimos negocio de feria, pero principalmente para comernos entre el cateto y yo dos jamones de catorce kilos de Vicente Sánchez, mi cuñado. Nos lo comíamos  mientras Antoñitín se relacionaba con sus amigos los payoyos, toreamos varias corridas en Villaluenga, lo que hizo que le diera envidia a las primeras figuras del toreo como so: el Cordobés, Jesulín, Ortega Cano y el Fandy, entre otros. En Grazalema también hicimos algunas charlotadas pero como la plaza era de madera, cuando venían las primeras figuras, como la plaza ya no estaba se tenían que ir a torear a otro lado.  

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Los viajes más largos que hacíamos eran a Villaluenga, Zahara, Montecorto y sobre todo a la capital de la serranía, como era y será siempre Ronda. Y  era curioso como cuando te encontrabas con alguien a quién no le hablabas en el pueblo y lo saludabas y te tomabas un café con el y al volver seguías sin hablarle.

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ALICIA: Por mi parte nada más, muchas gracias por haberme atendido.

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CABALLERO: Antes de irse me gustaría recitarle a usté y a todos los que han venido a verme esta noche una pequeña poesía…….

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GRAZALEMA

Para mi,

Tú siempre has sido mi novia

la de la sierra,

a la que siempre he venido a ver,

allá donde yo estuviera,

llevo toda la vida enamorado de ti,

en los Corrales Terceros

por primera vez te vi,

vestida de novia blanca,

otras veces estás mojada,

también te llenas de flores

y eres rubia engalanada.

Cuidas a todos tus amantes,

los que te echan piropos,

los de ahora y los de antes.

Yo también tengo en la ermita

mi madre espiritual,

a la que siempre le pido

que me deje regresar.

Todos los que te conocen

se quedan prendados de ti

y quieren que les cobijes,

se quieren quedar aquí.

Y siento celos que con el tiempo,

tú los quieras más que a mí.

El día que no me veas,

no creas que te he olvidado,

es que vendré para siempre

a quedarme aquí a tu lado.

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Pero lo más importante para mí es que nunca solté el estandarte de Grazalema de la que siempre fui un hijo orgulloso y lo seré mientras viva, que disfrutéis cada uno de lo que pueda y le guste de esta fiesta y les recomiendo que les hagáis un agujerito a los billetes para mirar por el dinero.

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Os doy las gracias por haber venido y me despido de ustedes como un caballero que soy.

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BUENAS NOCHES.

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Publicado el noviembre 9, 2013 en Pregones y discursos y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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