Privilegios a la industria lanera de Grazalema por Carlos III en 1.779

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Mª Antonia Salas Organvidez

 .

DEDICATORIA

.

Es mi deseo dedicar no sólo este artículo sino también mi agradecimiento a Don José Mario Sánchez Campuzano por su lucha diaria en conservar ese tesoro patrimonial, como es la fábrica de mantas, orgullo de todos los grazalemeños, haciéndolo también extensivo a los trabajadores que colaboran en esta labor.

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INTRODUCCIÓN

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Antes de acometer el estudio central sobre el privilegio concedido a Grazalema por Carlos III, es importante realizar algunas aclaraciones.

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LA ECONOMÍA EN ESPAÑA

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La situación económica en la época que referimos podía calificarse de grave. Los conflictos bélicos fueron responsables del retroceso de la Hacienda, a pesar de la emisión de deuda pública mediante los vales reales, tomados como remedio idóneo para paliar la crisis.

Dicho estatus frenaría considerablemente futuras infraestructuras que posiblemente podrían dinamizar la economía nacional, la cual se basaba mayormente en los recursos estatales tan mermados en este siglo.

El sistema tributario se apoyó principalmente en dos elementos: Por una parte los pecheros, el mundo rural y la tierra soportaron más de lo que sus débiles fuerzas permitían. Por otra la fiscalidad urbana aportaba un importante foco de recaudación mediante la alcabala, impuesto o gravamen sobre la compra-venta de los productos. A éstos podía añadírseles los procedentes de las aduanas que a través del comercio colonial o con otros países externos aportaban alguna ayuda a los gastos estatales.

Por el contrario la ausencia fiscalizadora en las clases privilegiadas, a las que se les exoneraba de tributos, mermó considerablemente las arcas públicas.

Todo esto produciría un déficit crónico y difícil de combatir sin la organización de unas medidas renovadoras que posibilitasen una mejor distribución en las cargas tributarias más equitativas y justas.

Y es lo que desea realizar el gobierno de Carlos III, reinado considerablemente reformador, en el que se vislumbra una nueva etapa de fiscalidad más estable y eficaz. Los deseos del gobierno se verían frenados, merced a los conflictos exteriores, a los que se ve abocado el monarca, en cuanto la mayoría de los recursos tuvieron que dirigirse a la defensa de nuestras posesiones de ultramar y otros más cercanos.

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GRAZALEMA, VILLA SERRANA COMO TIERRA DE RONDA

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La Serranía en estas fechas englobaba a todos los pueblos de su comarca natural. Por ello los asuntos legislativos y administrativos de Grazalema, substanciales de la presencia del corregidor, tenían necesariamente que trasladarse a la ciudad de Ronda su cabeza matriz . Hay que especificar una salvedad: Durante los años en que Grazalema y Ubrique se alternan en la dotación de un corregidor propio, representante de las cuatro villas, esas cuestiones se pasaban al corregidor nominado para ellas. Al quedar suprimida esta figura, todo lo concerniente a lo expresado pasaba a la ciudad de Ronda.

 .

EL PELIGRO EN LAS ZONAS COSTERAS

 

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Entre las obligaciones relativas a la defensa del reino, correspondía a las Cuatro Villas (Grazalema, Villaluenga, Benaocaz y Ubrique) sostener a los torreros de la torre de la Sal de Casares . Esta fortificación estaba integrada en el sistema de vigías de la marina en prevención de los ataques berberiscos a la costa..

 

 .

Desde siglos atrás nuestras costas habían sido frecuentemente invadidas por naves berberiscas y de otros lugares africanos en ataques indiscriminados contra las poblaciones costeras, siendo apresados muchos de sus habitantes y vendidos como esclavos especialmente en Argel.

Por ello se dispuso una efectiva vigilancia costera por barcos y pequeñas flotas que protegían todo el litoral mediterráneo, medida costosa, dada la recesión económica por la que atravesaba el país. Asimismo se organizó la defensa de la costa, dotándola de torres almenaras y con un reducido contingente militar.

Los pueblos tomaron parte activa en esa política costera mediante la creación de un impuesto: La guarda de la mar. Con el total recaudado se podía hacer frente, aunque muy limitadamente, al gravoso mantenimiento de los servicios antepuestos.

También en los momentos más peligrosos de ataques berberiscos se hizo necesario organizar levas obligatorias con hombres comunes, transformados en eventuales soldados, con el fin de participar en el rechazo de estos enemigos, elegidos en los lugares próximos al Estrecho.

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DESARROLLO

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La situación de la industria lanera en la villa de Grazalema se hallaba consolidada en el siglo XVIII, habiendo contribuido esto a un aumento considerable de población: De 500 vecinos[1] a principios  de siglo se habían multiplicado a 2.000[2] en el último tercio.

Este crecimiento tan significativo se había producido por una causa singular:

Reinando Felipe V de Anjou, en 26 de noviembre de 1.745 se expide desde Madrid una Real Cédula de Privilegio, eximiendo a las manufacturas grazalemeñas de unas obligaciones sustanciales muy importantes, atrayendo a un número considerable de población, que vieron en ellas un medio de vida más seguro.

Es por ello que Grazalema adquiere un estatus predominante sobre las demás villas de su  entorno. Su progreso le permitió la reedificación de la Iglesia principal de Santa María de la Encarnación y las dos ermitas de su periferia: La de El Calvario y la de los Ángeles, habiendo costado las obras más de cuatrocientos mil reales, además de un proyectado hospital “para alivio de los pobres, en lo más apacible del pueblo” debiéndose todo ello a la contribución de la fábrica.[3]

 

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La Real Fábrica de paños de Grazalema contribuyó desde el reinado de Felipe V añ restablecimiento del Hospital de la Vera Cruz.

 

Con respecto a ésta el documento reseñado nos da un detallado informe de la composición de sus oficios, dividiéndolos en cuatro:

 

TUNDIDORES[4].

 En esta sección había: 61 tableros de tundir; 340 pares de tijeras; 26 prensas.

Trabajaban 46 maestros; 96 oficiales y 16 aprendices.

TEJEDORES:

 Dotados de 122 urdidores[5]; 85 telares y 16 rajas y jergas.

Actuaban 85 maestros; 92 oficiales y 101 aprendices.

 

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Antigua máquina cardadora conservada en la fábrica-Museo de Jose Mario Sánchez Campuzano

 

PELAIRES O CARDADORES

Con 14 batanes y 16 piezas de cardón.

Laboraban 14 maestros; 44 oficiales y 28 aprendices.

TINTOREROS

Había 16 instrumentos para tintar.

Se ocupaban de ello 10 maestros; 16 oficiales y 16 aprendices.

Paralelamente se empleaban otras personas:

142 fabricantes en grueso; 170 supernumerarios y 2.870 personas de distintas edades y diferente sexo que se hallaban por sus casas trabajando en algunas labores.

A este conjunto hay que añadirle los trabajadores de los pueblos colindantes que se beneficiaban realizando algunos trabajos. En total el documento habla de unas ocho mil personas, comprendiendo en esta suma los referidos vecinos grazalemeños.

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REAL CÉDULA DE FELIPE V DE ANJOU

 .

La existencia de los privilegios concedidos por este rey es conocida por los historiadores, aunque poco de su contenido. Actualmente  y gracias a las Reales Cédulas concedidas por su hijo, el rey Carlos III, sabemos de su otorgamiento en 26 de noviembre de 1.745[6];

 

 “… la concedió el señor don Phelipe Quinto, mi Glorioso Padre diferentes ezepciones y gracias para su conservación y aumento: con cuio auxilio se an mantenido, no sólo los vecinos de aquella villa sino también muchas personas de los lugares inmediatos, que no podían subsistir de otra suerte por lo áspero e infructífero de su situación…”[7]

 

Por estas exenciones el panorama económico y social de Grazalema sufre una notable transformación, acudiendo una población foránea, básica de nuevas vecindades, que se ve favorecida por un trabajo continuado en las manufacturas.

Lamentablemente estas mercedes solían tener una temporalidad muy reducida, unos ocho años.

Ignoramos si existió una reiteración en este primitivo privilegio y por cuánto tiempo; sí es cierto que éste dejó de existir, dejando la producción textil en notable perjuicio.

Las exenciones contempladas en estas mercedes estuvieron dirigidas no sólo a la Hacienda sino también a los cargos concejiles, quintas y levas.

Carlos III hace alusión en su primera Cédula al problema que las zonas costeras y próximas a ellas padecían y la aportación que cada lugar debía hacer obligatoriamente en caso de necesidad ya  contempladas en el privilegio de Felipe V:

 

“… por que estando cituada a la costa del Mar en las inmediaciones a lo Estrecho de Gibraltar, frontera de los enemigos de esta Corona, son frecuentes las invasiones y desembarcos de los moros y acuden en estos casos los vecinos con armas, sirviendo de soldados…”

.

Estas medidas fueron muy gravosas para la industria, al apartar de sus trabajos a los hombres de edad más idóneos para cumplir con sus obligaciones patrióticas y con el consiguiente perjuicio de las vidas que se perdían en la lucha.

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En tiempos de Carlos III los quintos de Grazalema sentaban plaza en el Regimiento Provincial de Ronda. Se conserva la relación de gastos de la villa de 1.752 en el que se recoge el pago de 2.025 reales a don Bartolomé Sánchez de la Calle, Sargento Mayor del Regimiento Provincial de Ronda, por el vestuario de los soldados milicianos de la villa de Grazalema.

 

 

Seguramente el concejo de Grazalema acudió al rey Felipe, rogándole concediese la gracia de eximirlos de esas obligaciones. Carlos III lo expresa de esta forma:

 .

“… que con estas consideraciones se dispensaron a los fabricantes las franquicias expresadas en la citada Real Cédula, y la exempción a los empleados en sus exidos de oficio, cargas concejiles, quintas y levas…”

.

La supresión de estas mercedes supuso una merma en la producción textil y la profunda preocupación de sus responsables.

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NUEVAS PETICIONES A LA CORONA

 .

El cabildo de Grazalema hace una petición al rey Carlos III en 1775, solicitándole la renovación de los anteriores privilegios. El documento es presentado en Madrid por el apoderado general de la fábrica, don Juan de Piña.

Documentalmente sabemos que la resolución llegada de Madrid está datada en los alrededores de diciembre de 1,779, pues el día veinte y ocho el cabildo tiene a bien comunicarlo a la villa en certificación que hace el escribano don Fernando Antonio Carmona.[8]

Son tres las Cédulas reales, otorgadas en estas fechas. En la primera queda bien explicado el asunto:

 .

“… porque aviendo cesado estas gracias, recurrían a mi Real piedad, suplicando que para que no decaiga tan vtil establecimiento y siga fomentándose con aplicación, me dignase concederle todas las expresadas gracias y franquicias…

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Dichas peticiones se resumen:

Franquicias en las ventas, especialmente las realizadas en los reinos de Sevilla y Granada.

Excepciones de quintas, levas, bagajes, alojamientos y demás cargas concejiles, sin cuios auxilios es moralmente imposible su manutención”.

 

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Cuartel del Regimiento Provincial de Ronda. Actual Ayuntamiento.

 

 

Recibida la solicitud en Madrid, se traslada a la Junta General de Comercio y Moneda, que ha de informar sobre su idoneidad. Esta la envía al corregidor de Ronda, que ostentaba el cargo de Subdelegado de la citada Junta.

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INFORME DEL CORREGIDOR DE RONDA

 .

El Informe del señor corregidor, don Diego de Cifuentes, se hace en 29 de mayo.

Se pronuncia expresando la situación de Grazalema, su escasa productividad agrícola, por ser lugar situado entre peñas y sierras, por cuya razón hay pocos labradores y sementeras, manteniéndose los vecinos de los granos que compran fuera de su término, teniendo necesidad, para construir sus casas de allanar el terreno, “por lo disforme de las piedras”.

Habla de una población reducida, que se mantenían con gran escasez, pero que al serle concedidos los privilegios aumentó considerablemente, cifrándola en dos mil vecinos.

No omite el espíritu de sus hombres, al reedificar las iglesias e intención de hacer el hospital.

Sigue su información detallada sobre la fábrica, los cuatro oficios y sus efectivos, labrándose en ella paños, rajas y alforjas, cuyos géneros se venden en Cádiz, Sevilla, Córdoba, Écija, Málaga, reino de Galicia y Extremadura, Canarias, lugares de América “y reinos extraños”.

Pasa a enunciar el gobierno interno de la fábrica: Cuatro diputados y tres veedores, cuya responsabilidad les lleva a reconocer diariamente las dependencias, tejidos, etc.

Especifica el esmero con que se trabaja en la fábrica, que llevaba, a su parecer, más de treinta y cinco años funcionando y concluye, considerando que se le debería conceder lo  solicitado, puesto que sin estas exenciones volvería a decaer, no sólo el pueblo de Grazalema sino también los más próximos.

 

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Carlos III ordenó que sus armas se colocaran en la fachada de los almacenes generales y demás dependencias de la Real Fábrica de Paños de Grazalema.

 

 .

DETERMINACIÓN

 .

Visto por la Junta General, el rey expone varias consideraciones:

Tiene a bien conceder a la fábrica de paños, rajas y mochilas de Grazalema las diferentes gracias pedidas por un período de ocho años, mandándolo con fecha 12 de agosto y comunicado por don Miguel de Muzquir, Secretario de Estado, pasando esta decisión al Consejo Real y al Despacho Universal de Hacienda para su cumplimiento y posterior envío de la Real Cédula con el objeto de que se expidiese por la Junta General de Comercio, la cual aprueba todos los asuntos, negocios, pleitos y casos civiles y criminales que tuviesen relación directa o indirecta con la fábrica.

Con respecto a la obligatoriedad de que todos los habitantes de Grazalema deberían tomar las armas contra las frecuentes invasiones de argelinos, serían exentos los maestros de los cuatro oficios pero no sus oficiales ni aprendices, teniendo en cuenta que no recayese esta carga en los demás vecinos. Para obviar esta dificultad, expone:

 .

“… se deverá hacer la revaja de estos esentos para que, con arreglo a los restantes, se haga el repartimiento de los quintos…”[9] 

 

 Igualmente habla de que se habría de tener en cuenta que en el abasto de lanas no se perjudicase a otros fabricantes.

Ordena la colocación del escudo de las Reales armas en las puertas del almacén general y en los que hubiese fuera de la villa, dirigidos a su venta, siendo el  gasto a cuenta de la comunidad y no sobre los particulares.

Autoriza la ya expresada exención sobre el impuesto de alcabalas en las ventas, especificando sólo las que se realizasen en los reinos de Granada y Sevilla.

Sobre la exención de oficios y cargas concejiles a los diputados, veedores, depositarios y apoderados de la fábrica, se les hace merced durante ocho años, excepto a los dos primeros que debía ser sin limitación de tiempo.

 

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Batán conservado en la fábrica de Grazalema

 

El subdelegado de la Junta General, corregidor de Ronda, debería visitar semestralmente la fábrica, enviando los informes pertinentes a Madrid, para que desde la capital viesen la trayectoria “su aumento o declinación”, con el fin de ir o no reiterando estas gracias.

Los que contraviniesen estas órdenes reales, se les pondría de penalización 500 ducados.

Todo ello pasa a la Junta General de Comercio y Moneda, para ser proveído su cumplimiento.

Resuelto todo, el rey ordena se diesen los pasos oportunos, para ser concedida la Real Cédula, al superintendente de las Rentas Reales y Servicio de Millones, en cuya jurisdicción se encontraba la villa de Grazalema y, ellos la notificasen a través de sus alcaldes y justicias.

Pero no queda con esto finalizado el auto. Había que notificarlo para su conocimiento a todo el entramado de funcionarios reales, desde los miembros de las Reales Chancillerías o Audiencias, pasando por gobernadores, corregidores, alcaldes, etc, hasta los gremios, tribunales y jueces ordinarios, con el fin de que se respetasen y no pusiesen impedimento alguno a su contenido y se cumpliese en todos los aspectos.

Finaliza estas actuaciones, haciéndolo constar, inscribiéndolo en las Contadurías Generales de Valores y Distribución de la Real Hacienda y en la de Millones; en las Rentas Generales y Provinciales, y en la Contaduría de la Superintendencia de Rentas Reales y Servicios de Millones del Reino de Granada.

La Real Cédula fue firmada por el rey Carlos III en San Ildefonso en 20 de agosto de 1779  y refrendada por su secretario, don Luís de Alvarado.

 

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La bonanza económica que la industria lanera trajo consigo determinó entre otras obras públicas la construcción de una nueva torre con su reloj costeada por la villa. Ya en 1.752 se consigna como gasto el salario del encargado de dar cuerda y cuidar el reloj.

 

 .

SEGUNDA REAL CÉDULA

 .

Se expide una segunda Real Cédula dirigida específicamente a los Reales Servicios de Millones con inserción de la mencionada de la Junta de Comercio.

En ella se expone la situación fiscal de Grazalema en los años anteriores.

En 1745 la villa de Grazalema pagaba en concepto de alcabalas, cientos de millones y sisas 76,000 reales de vellón, haciéndose el repartimiento de la siguiente forma:

36.000 reales a los labradores de lana.

10.000 reales a los labradores.

30.000 reales a los ramos de carne, aceite, jabón, vino y vinagre.

El nuevo privilegio va a consistir en ratificar el de su padre, que consistía en mantener estas cifras durante ocho años, estando la fábrica exenta de pagar cualquier subida en estos impuestos, hasta el punto de que si algún organismo oficial se viese perjudicado por ello, sería resarcido por la Hacienda Real.

 

 

La Real Cédula de Felipe V exponía a este respecto:

 .

“… gozar la mencionada fábrica las franquicias que en las rentas de millones le están concedidas, entendiéndose con la calidad de que se abone su importe de cuentas de mi Real Hacienda a la parte que siendo interesada en la exacción de los derechos de ellas, deje de persivirlos como lo tengo mandado en Decreto de 21 de septiembre de 1751…”

 

Esta misma cláusula sería respetada en la segunda Cédula por el rey Carlos III,  firmada en San Ildefonso en 1 de septiembre de 1769 y refrendada por su secretario don Pedro Martínez de la Motta.

En Madrid en 5 de septiembre se tomó razón en la Contaduría General de Millones por don Antonio Burillo y Pabley y al día siguiente en las Contadurías principales de Rentas Generales y provinciales del Reino por don Juan Matías de Arazarena y don Juan Manuel González.

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TERCERA REAL CÉDULA

 .

Esta Real Cédula contiene la petición de los representantes de la fábrica en un suplicatorio para que le enviasen las Sobrecédulas ratificadas  y firmadas.

El rey Carlos III se afirma en las exenciones que hizo su padre, conforme a las Rentas reales y manda se tome razón de ellas en las Contadurías Generales y demás organismos pertinentes, los cuales la firman de la siguiente forma:

Contadurías Generales de Valores y Distribución de la Real Hacienda en 5 de septiembre por don Cristóbal Taboada y Ulloa y  don Salvador de Querejazu.

Contadurías  principales de Rentas Generales y Provinciales del Reino en 6 de septiembre por don Juan Matías de Arazarena y don Manuel León González.

Los documentos serían completados por varias diligencias:

Obedecimiento y cumplimiento por los señores Marqués de Malespina, comisario ordenador de los Reales Ejércitos por ausencia de don Pablo de Olavide del Consejo de su Magestad, Intendente de los cuatro Reinos de Andalucía y Superintendente general de rentas de la provincia de Sevilla.

Firman también don Diego de Cifuentes, corregidor y superintendente de todas las Rentas Reales y Servicios de Millones de la ciudad de Ronda con la de Marbella y su partido, subdelegado de la Junta General de Comercio, Moneda y Minas “para el conocimiento de todos los negocios de dicha fábrica.

Don Ignacio Bermúdez de Castro, Caballero de la Orden de Santiago, comisario ordenador de los Reales Ejércitos, Intendente de la ciudad de Granada y su provincia.

Don Fernando de Prados, marqués de Viller, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos. Gobernador político y militar de la ciudad de Málaga.

Las Reales Cédulas llegan a la villa de Grazalema expresándose lo siguiente:

 .

“… de que enterado el concejo, justicia y regimiento de esta dicha villa, obedeció con el respecto devido y seremonia acostumbrada dichas Reales Zédulas, acordando su obedecimiento y cumplimiento. Y que para su más ezacta observansia quedase dicha copia en el libro Capitular… Y para que así conste donde convenga, a solicitud de Antonio Serrano, vecino de esta villa, vno de los dichos fabricantes de lana en ella, le doy el presente que signo y firmo en Grazalema …”

Escribano Fernando Antonio Carmona.

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 Notas.-

 [1] Multiplicando en base 5,  estos vecinos daban un total de 2,500 almas. Todos los datos que se expresarán,  se han tomado del A. M. de Morón de la Frontera. Documentos sueltos.

[2] En total, unos 10. 000 habitantes, aunque en otra parte del documento se habla de 1800 vecinos.

[3] Ibíd.: Datos proporcionados por el corregidor de Ronda en el informe que se le pide desde Madrid.

[4] Los tundidores se encargaban de cortar e igualar el pelo de los paños.

[5] Los urdidores eran máquinas para urdir o enrrollar la lana.

[6] La falta de documentación es debida a la destrucción de los Archivos durante la Guerra Civil.

[7] Ibíd. pg. 2;  Palabras de su hijo, el rey Carlos III.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd. pg. 7

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Publicado el marzo 6, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Un magnifico trabajo, como todos los tuyos Antoñita. Desde Algodonales, te felicito.

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