Don Guillermo y El Centro Parroquial de la Juventud ( El Club)

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Guillermo Camacho Negreiras

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Por Gabriel Naranjo Carrasco

Fotos: Andrés Valle Menacho

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Quiero hacer un pequeño homenaje a un gran hombre de los que pasaron por Grazalema y que mejoraron las vidas de muchos de nosotros en tiempos muy difíciles.

Animo a los que tengan anécdotas o historias simpáticas de aquel club y de aquellos tiempos que las escriban.

Quisiera empezar diciendo que la Grazalema de finales de los años 50, 60 e incluso 70 del siglo XX no era un sitio donde se le daban facilidades a las personas jóvenes para relacionarse.

Las muchachas casi no salían de sus casas y estaban siempre bajo la estricta observación de padres o hermanos. Cuando había algún festejo o disanto la disciplina se quebrantaba algo y si la banda de música tocaba algún pasodoble se podía sacar las muchachas a bailar pero siempre bajo la atenta mirada de familiares o vecinos. Entablar una amistad con una mujer era casi imposible, o eran novios o el hombre era un “pretendiente” y había que hablar con el padre para pedirle permiso para poder hablar con la hija.

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De izquierda a derecha: Juanito Vilchez, don Gregorio y Juan “el cuello”.

Cuando algún muchacho le “hablaba” a alguna muchacha era a través de la ventana, el hombre fuera y ella dentro, los hierros separándoles y por si fuera poco casi siempre con algunas macetas de por medio. Yo recuerdo de niño que era normal ver hombres en rejas o portales hablando con las novias y en algunos casos las madres de ellas refunfuñando dentro de la casa.

Así estaban las cosas cuando llegó a Grazalema un párroco muy joven al que llamamos Don Guillermo….. su nombre es (si la memoria no me falla) Guillermo Camacho Negreiras . Calculo que su llegada a Grazalema tuvo que ser al final de los 60 (1969?).

Los habitantes de Grazalema se quedaron atónitos cuando el joven cura al poco tiempo de llegar al pueblo se puso un sombrero de paja y se fue a los areneros a ayudar a los trabajadores a sacar arena y a cargar camiones (Paco, Vicente, García) para las obras que había en el pueblo. Todo el trabajo se hacía a base de pico y pala. Don Guillermo trabajaba como el que más,  se llevaba una fiambrera y compartía su comida con aquellos hombres, bebía agua del búcaro y sudaba y compartía bromas con ellos.

Don Guillermo galvanizó a la juventud de Grazalema en torno al magnetismo natural que tenía como persona. Se preocupaba de los más pobres y recuerdo sus esfuerzos para sacar a un hombre de la choza donde vivía cerca de la Fuente de Abajo. Lo conocíamos por “El Panilla” y tenía algún tipo de deficiencia mental, era piconero y su vida era de una extrema pobreza.

Pero el regalo más grande e impagable que Don Guillermo nos hizo a la juventud de aquellos tiempos fue crear el Centro Parroquial de la Juventud y que nosotros inmediatamente bautizamos como “El Club”. Este centro estaba en la parte de atrás de la iglesia de La Encarnación, se entraba por una puerta que daba a Los Asomaderos saliendo del túnel a la izquierda.

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Trasera de la Iglesia de la Encarnación con la casa Parroquial adosada a ella. En sus bajos se encontraba el Club de la juventud.

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Don Guillermo mandó pintar aquellas habitaciones y las decoró de forma sobria pero acogedora, puso una chimenea, un tocadiscos y un televisor. Aquello fue el paraíso para muchos de los jóvenes grazalemeños de aquellos tiempos. No creo exagerar si digo que muchos de los matrimonios existentes hoy en Grazalema y que ahora andan por los 50 o 60 años de edad iniciaron sus noviazgos en “El Club”.

Entre otras actividades por las tardes había clases de baile y muchos aprendimos a bailar en aquel salón. Un recuerdo especial a Chelo Bernal, mujer guapa y simpática  de verdad  pasándoselo en grande con los chavalillos que intentábamos aprender sevillanas, tanguillos o pasodobles y que alucinábamos de poder poner nuestras manos en la cintura de una mujer de bandera…..parecíamos patos mareados.

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Los bailes para la juventud eran los fines de semana, teniamos un tocadiscos y creo recordar que los mejores “DJ” (pinchadiscos) que teniamos eran Manolo Gonzalez Jarillo y Juan Barea, la música era de la llamada “ye-yé” o canciones melódicas donde podíamos bailar “agarrao”….eso de agarrao es un decir ya que en aquellos tiempos las muchachas no nos dejaban acercarnos más de la cuenta….

Durante la semana nos  reuníamos por las noches alrededor de la chimenea con Don Guillermo que se reía mucho escuchando nuestras cosas y veíamos en la tele alguna obra de teatro de “Estudio 1” o alguna película. Para los más jóvenes decirle que en aquellos tiempos había muy pocos televisores en el pueblo y que en la tv solo teníamos un canal…..existía el UHF que era el Segundo canal de TVE pero la señal no llegaba a esta zona de España.

Algunos de los habituales a las tertulias nocturnas eran Francisco Fernández  (Paquito el de Andresito),  José Sanchez (Pepón), Juan Perez (El de La Posadilla), un servidor de ustedes….y por supuesto Don Guillermo….les puedo asegurar que de lo que menos se hablaba era de religión.

Si alguien tiene anécdotas de aquellos tiempos le animo a contarlas, yo voy a contar dos de las que recuerdo.  Si Don Guillermo o alguno de los mencionados lee esto y las recuerda de otra forma que por favor no dude en dar su version.

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Estábamos trabajando en los pinos en la zona de las Laderas de Los Yedrales  cuando un dia uno de los chavales que trabajaba allí (pudo ser Pepe Barea (El  Polín) o Gil….no lo recuerdo), al entrar en un agujero en el suelo para plantar un pino vio una abertura (no se podía ver desde arriba) y había una cueva. Nos decidimos a explorarla, la cueva no era muy grande pero tenía unas estalactitas y una de ellas parecía una Virgen con un Niño en brazos, la arrancamos y la sacamos fuera (hubo que subirla por una rampa) y entre dos o tres nos turnamos y la bajamos a hombros al pueblo con la idea de ponerla en el Club.  (creo recordar que los que transportamos aquella estalactita a hombros fuimos Pepon, Salvador Torreño (qepd) y yo)…..la última vez que ví esa piedra (hace más de 40 años) estaba en el club delante de una rueda de carro que había en uno de los rincones entrando a mano izquierda. Si alguien la ha visto sabrá a qué me refiero. Si alguien la ve o sabe donde está ya sabe de donde procede.

La otra anécdota ocurrió la madrugada del 8 de Marzo de 1971. Yo era un gran seguidor de Cassius Clay (Mohammed Alí) que era un boxeador al que los americanos habían despojado de su título de campeón del Mundo porque se negó a ir a la Guerra de Vietnam. Cuando finalmente le autorizaron volver a pelear se iba a enfrentar a Joe Frazier a lo que después se ha considerado “La Pelea del Siglo”. Los dos estaban imbatidos y eran unos formidables boxeadores. TVE iba a retransmitir la pelea en directo. El problema era que iban a conectar como a las 4 de la madrugada (por el cambio de horario) y en Grazalema casi nadie tenia television……logré convencer a Don Guillermo para que nos dejara estar en El Club para poder ver aquel combate…. El único que decidió quedarse conmigo fue José Sánchez Valle. Allí nos quedamos los dos chavales toda la noche hasta que finalmente sobre las 4 de la madrugada TVE conectó vía satélite con Nueva York. Empezó toda la parafernalia previa a los combates de boxeo…..y cuando estaban a punto de comenzar (sobre las 5) se apagó la luz…..en aquellos tiempos en Grazalema sufríamos cortes de electricidad frecuentes que algunas veces duraba el dia entero, a Juan y a mí nos entró el pánico, toda la noche esperando para nada!….salimos a la calle corriendo y vimos que había luz en las farolas,  entonces pensamos que se habría fundido el “plomillo”…..empezamos a buscarlo a oscuras (solo teniamos una caja de cerillas) y de pronto oímos una risita…..y allí estaba Don Guillermo detrás de la puerta con el plomillo en la mano tronchándose de la risa. Estoy seguro de que si Don Guillermo lee ésto se acordará de su pequeña travesura perfectamente.

Pusimos el plomillo y vimos la pelea…..Cassius Clay (mi ídolo) perdió  por puntos y además por primera vez en su carrera fue derribado por un gancho de Joe Frazier que ha pasado a la pequeña historia del boxeo.

Recuerdo que Don Guillermo se fue de Grazalema a Villamanrique de La Condesa y que organizamos una excursión y fuimos dos autobuses de gente de Grazalema a visitarlo. Don Guillermo dejó una gran huella en muchos de nosotros y en el pueblo en general.

Dejo aquí mi recuerdo y mi gratitud a un cura, persona y hombre al que muchos hombres y mujeres de Grazalema debemos (entre otras muchas cosas) el no haber tenido que “pelar la pava” detrás de una reja.

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En el curso del fecundo diálogo que se generó en los medios digitales, tras la publicación de este artículo, surgió la idea de invitar a don Guillermo a Grazalema. Esta reunión se celebró el pasado día 28 de septiembre, en un día emotivo y féliz para todos los que pudieron acudir. Os dejamos aquí el texto de la bienvenida que se dispensó a don  Guillermo.

  • “En nombre del pueblo de Grazalema y los muchos amigos que aquí tienes, cuarenta y tres años después de tu partida de esta parroquia, hoy 28 de agosto de 2015, tenemos el orgullo de acogerte de nuevo entre nosotros y darte la bienvenida con un abrazo fuerte. Mucho tiempo ha pasado que es a la vez un buen síntoma de alegría por tenerte entre nosotros y por las muchas experiencias vividas.

    La vida es el regalo más hermoso, es la primera y principal bendición divina. Y los recuerdos son la memoria de la vida. Para aquellos que tenemos la fortuna de disfrutarla, los que estamos aún en este mundo, y también para los que ya no están. Porque los buenos recuerdos son el tesoro que a modo de legado dejamos cuando nos marchamos. Los recuerdos son un bien de la existencia humana unido a la vida compartida y a la gratitud a quienes nos hicieron felices. Y tener y dejar muchos recuerdos es el mejor síntoma de haber vivido en comunión con los demás, dando muestras del mandamiento de Jesucristo “Amaos los unos a los otros”, como dice el Evangelio de San Juan. Para los cristianos las obras de vida, que se alimentan con la Eucaristía y la oración, se proyectan en el amor a los demás. Atesorar buenos recuerdos es el mejor testimonio de haber vivido en el Amor del Padre. Y D. Guillermo hoy ha recibido suficientes muestras de amor en este torrente de experiencias felices en forma de cariñosos recuerdos que el pueblo de Grazalema le ha guardado siempre.

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    Ordenado sacerdote en 1962 en Sevilla, el 16 de junio, tras una breve estancia en esta ciudad en la parroquia Omnium Santorum, haciendo una sustitución, en poco tiempo inaugura su primera responsabilidad como párroco titular cuando es destinado a Grazalema. Estamos en 1965. Y a pesar de la coincidencia, esos tres años casi de preparación para el encuentro con su primer apostolado son también los años en los que está fraguándose el Concilio Vaticano II comenzado en 1962 por el Papa Juan XXIII y clausurado en 1965 por Pablo VI. Un Concilio que marcará los tiempos modernos de la Iglesia Católica bajo el primer pensamiento del Papa que lo concibió, Juan XXIII, cuando dijo: “Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior”.  Su actual despacho en la iglesia de San Joaquín de El Puerto de Santa María está presidido por el retrato de este carismático y excepcional Papa, junto a sus sucesores y al actual Papa Francisco.

    Y seguir aquel pensamiento que dio origen al Concilio Vaticano II, pienso que fue lo que hizo D. Guillermo en Grazalema con su actitud y compromiso con la juventud grazalemeña, en aquel memorable Club parroquial, y su confianza en aquellas personas y jóvenes que le acompañaron, cuyos nombres ahora recordaréis pero permítanme  no citarlos ya que fueron tantos que corremos el riesgo de dejar a alguno detrás. El apostolado de D. Guillermo en Grazalema fueron siete años intensos y únicos. Fueron los años decisivos de muchos jóvenes que lo acogieron con ilusión para empezar a dar respuestas a muchas necesidades de una Grazalema que estaba empezando y necesitando comenzar a cambiar. Y D. Guillermo supo contemporizar sin abandonar otras facetas de su carisma apostólico y también personal como puede ser el del cura cercano y sencillo, comprometido con su sacerdocio; o el del cura albañil, constructor de sueños, conservador de edificios y restaurador de imágenes religiosas.

    De Grazalema pasó en 1972 a Villamanrique de la Condesa y un año después a la parroquia de San Mateo de Jerez donde está hasta 1977 en que es destinado a la parroquia también jerezana de Las Viñas. Finalmente, en 1995 llega a su actual destino de El Puerto de Santa María, la parroquia de San Joaquín, situada precisamente en el mismo barrio que lo vio nacer. Por cierto la parroquia está en la calle Cielo y su lugar de nacimiento, en el seno de una familia de 9 hermanos, fue la calle Santa Fe, en el barrio portuense conocido como Puerto escondido. 

     

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    Y en estas metáforas vitales, que nos dan pistas sobre su persona, podemos apuntar otras como es el oficio del padre de D. Guillermo que fue el de hilador, muy familiar para nosotros, más aún para los grazalemeños de otros tiempos. Aunque aquel trabajo, el de su padre y también sus tíos, primos y hermanos, fue con hilos de cáñamo fabricando tanto cuerdas para los barcos como hilos para el trabajo de talabartería y zapateros.

    La parroquia de San Joaquín, como Grazalema, está muy cerca del río Guadalete, llamado también río del olvido. Volviendo de nuevo a los recuerdos, el olvido es el peor enemigo de esa memoria de la vida que son los recuerdos. Y por eso desde siempre D. Guillermo dice que mira con frecuencia la ribera serpenteante del río Guadalete, río arriba, siguiendo el vuelo de alguna gaviota para en su memoria recalar al fin en el lugar de sus sueños y su tesoro primero, guardado en su corazón, que es Grazalema; para reencontrarse tantas veces con nosotros con la felicidad y gratitud como lo ha hecho hoy.  También me decía hace unos días que siempre que tuvo una experiencia especial en su actividad sacerdotal,  ha cerrado los ojos y pensado en nosotros, en nuestro pueblo porque es para él junto a nosotros el lugar donde conserva una de las imágenes de la felicidad más plena.

    Por su parte, Grazalema llamada también noble villa hace honor a su nombre y, desde su nobleza, sus hijos corresponden con la misma gratitud y el amor recíprocamente cultivado. En nombre de todo un pueblo el mensaje es sencillo aunque profundo, feliz y verdadero; guardado también en esta alma común que hoy con felicidad mostramos. El pueblo todo de Grazalema dice hoy y repite gracias, mil gracias, gracias por tantos y tan buenos recuerdos, gracias D. Guillermo, sencillamente gracias.

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    José Sánchez de Valle “Pepón”, Antonio Mateos Salguero y Ángel Luis Gutiérrez Nieto han tenido en este homenaje popular una participación especial digna de reconocimiento.

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Publicado el abril 15, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Tras un período en Villamanrique, fue trasladado a Jerez de la Frontera, como párroco de la Iglesia de las Viñas, en la que estuvo bastantes años.
    Y posteriormente, volvió a su Puerto de Santa María (natal), a la Prioral, y luego tomo posesión de la Parroquia de San Joaquín, en la que continúa en la actualizad.

  2. Mª Pilar Heredia Ruiz. Correo pilarh 1945@gmail.com

    Fue D. Guillermo un párroco que admiré mucho. Yo no estaba todo el año en Grazalema. Una de las veces al volver en verano, encontré la bóveda del techo del Sagrario de la Parroquia totalmente revestida con pan de oro. Admiré mucho aquel trabajo y se lo agradecí enormemente a D. Guillermo en mi interior. Posteriormente, años mas tarde y con un nuevo párroco al frente de la Iglesia de la Encarnación, alguien dió’ la orden de que se eliminara el trabajo que había ejecutado Don Guillermo y me encontré la cúpula blanqueada. Me causó gran disgusto pues desde entonces ya me atraía la decoración. Creo que las Parroquias deben ser de los pueblos y sus parroquianos quienes la cuiden.

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