Don Andrés Vera y Moscoso. Capitán de los Tercios de Flandes y Gobernador y Capitán General de Venezuela

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separador-para-web Luis Ruiz Navarro

Diego Martínez Salas

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Grazalema. Invierno de 1.629

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Durante los últimos días de 1.629, la sosegada vida de la villa de Grazalema, se vio alterada por la llegada de una curiosa comitiva encabezada por una bandera blanca, pintada de esquina a esquina con la cruz roja de San Andrés.

Flanqueada por varios tambores de piel de lobo; a su frente marchaba una adusto oficial ricamente vestido y montado en un soberbio caballo español, al que seguían alegremente un grupo de soldados veteranos de Italia y Flandes, ataviados de una forma tan elegante y lujosa como su Jefe y que parecían más caballeros y nobles adinerados que hijos de pecheros del pueblo llano del que procedían.

Con la seguridad y la reciedumbre adquirida en la milicia, comenzaron a vaciar rumbosamente sus bolsas en las posadas y tabernas de Grazalema, invitando y hablando ruidosamente a los parroquianos de la lujosa vida de Italia, y Nápoles, de sus mujeres, de los banquetes y fiestas de la Lombardía y de la fortuna que con tremenda celeridad un soldado podía conseguir con la soldada y los botines de las ricas ciudades de Flandes. Y lo más importante para un español del siglo, les hablaron del valor y la honra que podrían demostrar, luchando en una guerra justa en defensa del Rey y de la Religión contra los herejes holandeses, alemanes e ingleses.

 

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En esta época los soldados no llevaban uniforme porque eso era un atributo de la servidumbre. Los Tercios españoles eran famosos por vestir rica y libremente. Sólo se disinguian en combate por llevar una banda roja o por una aspa roja bordada, frente a holandeses que la llevaban naranja o franceses que la portaban azul.

 

Tras ganar la voluntad de numerosos mozos, alistaron a un buen puñado de ellos, a los que adelantaron algo de dinero para vestirse de una forma digna y adecuada a su nuevo estado con los mejores paños veintenos de Grazalema. Otro tanto se les retuvo para poder pagar su pica, arma reglamentaria de 5,5 metros de larga, de cuyo manejo los españoles eran maestros y con la que los bisoños reclutas ingresaron en el nuevo Tercio que el Rey autorizó a formar por patente de 20 de septiembre de 1.629, concedida al Capitán de Corazas don Luís Guzmán Ponce de León, segundo hijo del Duque de Arcos.

Esta pudo ser perfectamente la estampa que vivieron los serranos de Grazalema cuando durante el invierno de 1.629, llegó a nuestra serranía y a los restantes estados del Duque de Arcos, la comitiva enviada por el recién nombrado maestre de Campo. Finalizada su recluta, la comitiva se dirigió al puerto de Cartagena donde el 13 de mayo de 1.630 se concentraron todas las comisiones encargadas de la leva de soldados, embarcándose la nueva unidad el 29 de junio de 1630 con destino a la Lombardía española.

De los grazalemeños y serranos que marcharon a Italia sólo conocemos la identidad de uno de ellos, Andrés Vera y Moscoso Gago Lobato, cuyas aventuras vamos a intentar reconstruir en homenaje a todos aquellos grazalemeños que lucharon en Flandes y a los que olvidó el implacable paso del tiempo.

 

Italia. Su bautizo de fuego

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Un vez desembarcaron en el puerto aliado de Génova y llegaron a los dominios españoles de Milán, poco pudieron disfrutar el joven Andrés y sus compañeros de la placentera vida que se les prometió, pues fueron enviados directamente a reforzar las tropas con las que el legendario Ambrosio de Spinola se encontraba asediando la ciudad de Casale de Monferrato, cuya posesión en manos de los franceses ponía gravemente en peligro los intereses españoles en el norte de Italia, al considerarse ese minúsculo territorio como la puerta de la Lombardía española.

 

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Fortaleza de Casale de Montferrato donde Andrés Vera tuvo su bautizo de fuego.

La plaza que había cambiado varias veces de manos, dentro de la conocida como Guerra de Sucesión de Mantua y Montferrato estaba siendo asediada entonces por los españoles. La misión del nuevo tercia era impedir el socorro que las tropas francesas intentaban llevar a los sitiados. El choque entre nuestros bisoños soldados y los franceses se produjo en octubre de 1.630 en el Puente de Cannan sobre el río Po que los franceses intentaban atravesar para llegar a Casale, y donde el grazalemeño

 

“…fue herido de una estocada en el hombro izquierdo”. (1)

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Finalizado el conflicto por acuerdo con Francia de fecha 26 de octubre de 1.630, retornaron las tropas a Milán, si bien el curso de los acontecimientos obligó al Tercio de Ponce de León, a abandonar Italia en 1.631, rumbo Flandes.

 

Rumbo a Flandes por el Camino Español. La fase Sueca de la Guerra de los Treinta Años.

 

En 1.630, el rey de Suecia Gustavo Adolfo II, financiado por Francia y Holanda, invadió el Sacro imperio Romano Germánico bajo la excusa de defender a los protestantes alemanes de los católicos. Temiéndose que los Holandeses aprovechasen la apertura de este nuevo frente, para reiniciar sus ataques a las posesiones españolas de Flandes, don Álvaro de Bazán, IIº Marqués de Santa Cruz, y Gobernador de Milán se puso al frente del Tercio de don Luís Ponce de León y de los italianos de Andrea Cantelmo y Giovambattista Panigarola, para reforzar a las tropas de Flandes.

Tras partir de Milán, atravesó nuestro Grazalemeño los valles de la Engadina en los Alpes Suizos y la Valtelina en la Lombardía alpina hasta llegar a Landeck en el Tirol, desde donde cruzaron el Ducado de Lorena en Alsacia hasta llegar al País de Gueldres (provincia de la actual Holanda) alojándose “…en sus casares que llaman Dorados”, durante la Semana Santa de 1631.

 

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Ferrer Dalmau: El Camino Español, fue una ruta que comunicaba los dominios españoles en Italia con Flandes, eludiendo el bloqueo de la ruta  atlántica  impuesto por Holanda, Francia e Inglaterra.

Cuando llegaron, un ejército de 40.000 holandeses al mando del Conde Guillermo de Nassau estaba a punto de desembarçar en un punto ignorado de la costa de Dunquerke. Los españoles creyendo que el destino final de la expedición era Bruselas enviaron allí apresuradamente al Tercio de Andrés Vera. Sin embargo una vez desembarcaron y comprobado por los servicios secretos españoles que el verdadero objetivo era Brujas, Andrés Vera y su Tercio comenzaron una nueva y acelerada marcha a fin de llegar a los muros de esta ciudad antes que lo hicieran los enemigos, lo que finalmente lograron reforzando a tiempo su guarnición con 3.000 hombres.

Esta operación conocida como “Socorro de Brujas” (1.632), unido a la rápida y eficaz movilización de las tropas españolas que se interpusieron entre los neerlandeses y Brujas, obligaron a Guillermo de Nassau a retirarse tras varios combates menores, sin poder tomar ninguna posición de importancia.

Mientras esto ocurría, Gustavo Adolfo de Suecia se desplazó con su ejército al Bajo Palatinado alemán, que se encontraba ocupado por varias guarniciones españolas desde hacía pocos años. Para frenar este avance, España sólo pudo enviar un pequeño contingente de 6.000 hombres, entre los que se encontraba nuevamente el Tercio de Andrés Vera que bajo el mando de don Gonzalo de Córdoba, lograron detener el progreso de los suecos, a pesar de lo menguado del contingente español. Sin embargo, en junio de 1.632 los holandeses se unieron al ataque de los escandinavos, abriendo un nuevo frente y asediando varias fortificaciones del curso del Río Mosa, tomando Venlo, Straelen, Sittard y Roermond. Ciudad esta última en cuya defensa se encontró Andrés Vera según reza su hoja de servicios.

A la pérdida de estas importantes fortalezas se unió el sitio que los holandeses pusieron el día 9 de junio a la importante ciudad de Maastricht, a la que se encaminó el ejército español al que se unió el ejército alemán de la Santa Liga Católica al mando del Conde de Pappenheim. Cuando los aliados llegaron a la ciudad, los holandeses habían construido una poderosa línea de circunvalación que impedía el paso de socorro alguno a los sitiados. Y aquí empezó el desastre.

A principios de agosto siete jefes de ejército, sobrados de orgullo y celosos de su propia autoridad, cuyos límites no tenían claro, se reunieron para discutir la forma de atacar a los sitiadores acordando hacerlo simultáneamente desde ambos lados del río; los españoles lo harían desde la orilla que da a Brabante, y como era su costumbre y privilegio en el lugar de mayor peligro, con 3.000 hombres y los alemanes en la opuesta con una fuerza de igual número.

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Bandera del Tercio de Bobadilla. Tras la reforma del Tercio de Ponce de León en 1.632 Andrés Vera y Moscoso quedó encuadrado en el Tercio de Bobadilla, conocido en ese momento como Tercio de Velada por ser este su Maestre de Campo en dicho periodo.

 

Para el ataque español se seleccionó al tercio de Luis Ponce de León, y al italiano de Andrea Cantelmo, y el borgoñón de monsieur de Misiers. Sin embargo, el ataque hubo de suspenderse en varias ocasiones por la descoordinación entre los Jefes del ejército. De hecho la noche antes del día señalado para el asalto final, desde el Tercio de Andrés Vera se advirtió que los soldados no disponían de escalas para asaltar las trincheras ni de fajinas ni tablones para cegar los fosos, lo que provocó una nueva dilación.

Estas y otras incidencias hicieron que en un ataque de soberbia y estupidez, Pappenheim ordenase a sus alemanes atacar por si solos y sin avisar a sus aliados, el cuartel general de los holandeses que los masacraron con su sola artillería ante lo irracional del asalto.

Maastricht se rindió al cabo de cuatro días, evitándose el asalto del Tercio de nuestros serranos y en el que hubiesen perecido con seguridad un buen número de sus soldados. El marqués de Santa Cruz, Jefe de los españoles fue destituido, y Gonzalo Fernández de Córdoba se retiró del servicio, creándose unas ordenanzas militares destinadas a poner fin a la desobediencia entre mandos, y reorganizándose todo el ejército español.

En ejecución de dichas Reales Ordenanzas, el 23 de noviembre de 1.632 se reformó (disolvió) el Tercio de don Luís García Ponce de León, cuyas compañías pasaron a reforzar los Tercios Viejos. La compañía de Andrés Vera y Mosoco se adjudicó al Tercio de Bobadilla probablemente bajo el mando del Capitán Juan Pérez de Guzmán.

El Tercio de Bobadila, hoy Regimiento de infantería Zamora era conocido en esos años como Tercio de Celada, pues durante esos años a cada Tercio se le denominaba por el nombre del maestre de campo que estuviese a su mando en ese momento. Allí debió de integrarse Andrés Vera.

 

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Fortificaciones de Stevens Weert, Estebaberta para los españoles.

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Tras la toma de Maastricht, parecía que la victoria final de los Holandeses estaba próxima. Sin embargo durante el año de 1.633, el ejercito español reorganizado y al mando de su nuevo y competente comandante el Marques de Aytona, inició un ofensiva en la que participó nuestro grazalemeño conquistando los importantes fuertes de Aberta (Weert) y de la isla de estabasberta (Stevens-weert).

Con estas conquistas se frenó el avance holandés y se consiguió aislar Maastricht del resto de Holanda, de la que no podía recibir socorros directamente y que por tanto no podía servir de base de operaciones para los ataques holandeses sobre el Flandes español. Reforzadas las fortificaciones de estas posiciones, un ejército de 30.000 soldados, en el que se encontraba nuevamente el grazalemeño, al mando del marqués de Aytona, intentó la reconquista de Maastricht durante el mes de julio de 1.634.

Para ello atacó primero el fuerte de Leut y más tarde el importante castillo de Argentos (Argenteau), ambos en la línea del río Mosa, En la conquista de este último participó Andrés Vera.

Despejado el camino, y cercado el territorio de Maastricht, se encaminaron a sitiarla. Los holandeses para tratar de socorrer la plaza, enviaron un ejército que se situó en Roermond que quedó a la espera, mientras que con otro sitiaron Breda, a fin de que los españoles levantaran el asedio de Maastricht para ir a socorrerla. El plan surtió efecto y el marqués de Aytona levantó el sitio dirigiéndose con el Tercio de Andrés Vera a Breda para protegerla.

Mientras tanto en Alemania el 6 de septiembre de 1.634, un ejército hispano-imperial derrotó a los suecos en la Batalla de Nordlingen, quienes se vieron forzados a retirarse y a firmar la Paz de Basilea de 1.635. Hecho con el que termina la conocida como fase sueca de la Guerra de los Treinta años.

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La base de la infanteria española de los Tercios la constituían los piqueros, que firmes y agrupados en sus cuadros resultaban infranqueables para la caballeria e infanterías enemigas.

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La Fase Francesa de la Guerra de los Treinta Años. La campaña de 1.635

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Disconforme el Cardenal Richelieu con la retirada de los Suecos de la Guerra de los Treinta años y obsesionado con debilitar a los Hagsburgo españoles y alemanes, cuyas posesiones que rodeaban Francia ahogaban sus ansias expansionistas, declaró formalmente la guerra a España durante el mes de mayo de 1635, atravesando la frontera de Flandes con un poderoso ejército que arroyó a los desprevenidos españoles en la batalla de Les Avins de 25 de mayo de 1.635, encaminándose después a Maastricht donde se unieron a los holandeses y desde donde se dirigieron a Lovaina, en la Provincia de Brabante, conquistando varias poblaciones durante su marcha entre ellas Diest.

Ante la gravedad de la situación se ordenó a todos los Tercios de la provincia que se dirigiesen a Lovaina. Allí los franco-holandeses pudieron cruzar inadvertidamente el rio Dyle que a las orillas de la ciudad, separaba a ambos ejércitos, estableciendo una sólida cabeza de puente que hacía imposible a los españoles defender la ciudad en campo abierto.

El Cardenal Infante, Gobernador de Flandes, reforzó la guarnición de Lovaina con 4.000 hombres, marchando durante la noche con todo el ejército español hacia Bruselas, mientras que el Tercio de Bobadilla (Celada en ese momento) donde se encontraba Andrés Vera y Moscoso, protegía la retirada.

Al día siguiente el resto del ejército franco-holandés cruzó el río y se extendió por toda la provincia de Bramante, arrasando y quemando todo lo que encontraba a su paso, llegando hasta la mismas puertas de Bruselas, cuyas lunas y medias lunas se encontraban ya guarnecidas por los españoles entre los que se encontraba nuevamente don Andrés Vera y Moscoso y que junto con la población de la ciudad habían reparado y mejorado sus fortificaciones.

 

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Asedio de Lovaina

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El enemigo dio la vuelta a Lovaina y la sitió, comenzando a batirla con su artillería y a abrir trincheras, pero el tiempo de la sorpresa había pasado y los españoles reforzados con las tropas que les remitieron desde Alemania y con 1.500 españoles que habían desembarcado en Dunkerke y reforzaron los Tercios Viejos, tomaron la iniciativa y comenzaron a hostigar a los franceses por toda la provincia, organizando un socorro a Lovaina que salió de Bruselas el 1 de julio de 1.635 entre cuyas tropas nuevamente se encontraba Andrés Vera y que llegó a la ciudad universitaria el 7 de julio obligando a los enemigos a retirarse a toda prisa a la línea del Mosa no sin antes fortificar y dejar una fuerte guarnición en Diest, que había sido arrebatada a los Españoles en su primer avance.

El día 10 de julio llegaron los españoles a Diest y aquella misma noche se le abrió trinchera por cuatro partes. Los españoles entre los que volvemos a encontrar a Andrés Vera se encargaron de la más peligrosa. Allí se destacó especialmente don Andrés pues en la relación de los méritos que de él se conserva se dice que allí cumplió “…un servicio muy particular cubriendo una trinchera de fagina por donde se cruzaban muchos daños”, o lo que es lo mismo parapetando la trinchera que quedaba directamente enfilada desde las defensas de la fortaleza con haces de leña para ocultarla y protegerla; trabajo peligroso porque tenía que hacerse a descubierto. El peligro no era teórico pues las crónicas nos dicen que allí murieron algunos hombres e hirieron al capitán D. José de Vergara de un mosquetazo en los pechos. Finalmente los sitiadores lograron tomar la media luna que cubría la puerta principal de la fortaleza lo que motivó que al día siguiente, se rindiese la villa con su guarnición de 2000 soldados de gente escogida.

Conquistada Diest, Andrés Vera y Moscoso con sus compañeros del Tercio de Celada siguieron a los dos ejércitos hostigándolos hasta llegar y conquistar las villas de Arjudes y de Ostra (Hornes). Sin embargo, el hecho mas sorprendente de esta campaña fue la conquista por un pequeño contingente español de 500 hombres el día 27 de julio de 1.635 de la fortaleza de Esquenque (Schenkenschans), una de las posiciones mas vitales para Holanda en la ruta del Bajo Rin y que podía permitir llevar la guerra al corazón de Holanda.

A las cinco horas de conocido el asalto el príncipe de Orange preparó una fuerza de 2.000 hombres y 600 carromatos para recuperarla pero el Duque de Lerma envió las doce compañías del Tercio de Celada ( T. de Bobadilla) en las que se encontraba Andrés Vera que lograron introducirse en el fuerte antes de la llegada de los holandeses, junto a doscientos carros de víveres, principalmente carne salada y queso y numeroso armamento.

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Opnamedatum: 2011-03-10

Asedio holandés de Esquenque

 

Allí dice su hoja de servicios que;

 

“…..estando por cabo de doce compañías fue encomendado en reconocer los puestos que ocupaba el enemigo y en centinelas perdidas en diferentes partes donde le dieron un mosquetazo en el hombro izquierdo y se curó en su barraca por no ausentarse de su compañía.”

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La centinela perdida era una tarea especialmente  peligrosa, pues consistía en acercarse al máximo a las posiciones enemigas, muchas veces traspasando sus lineas para averiguar sus movimientos y posiciones. Se le llamaba perdida porque de ser descubierto era casi imposible regresar a las propias posiciones.

Socorrida la posición, el Tercio de Andrés Vera, abandonó Esquenque para formar parte de un ejército español de 20.000 hombres que durante el mes de agosto ocupó el condado de Cleves, con la finalidad de atravesar la frontera alemana con Holanda, aislando Venlo, Roermond, Limburg y Maastrich, con el objeto de unir las posesiones españoles con la nueva adquisición de Esquenque. (Schenkenschans). En el desarrollo de esta campaña Andrés Vera y Moscoso participó según su hoja de servicios “en fortificar el bal y Lamuera de Cleves y en defender que los enemigos no entrasen en Flandes”.

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El sitio de Esquenque. (Schenkenschans) durante la Campaña de 1.636

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Mientras esto ocurría, el cerco a Esquenque. (Schenkenschans), se iba incrementando. Hoy casi nadie lo recuerda, pero en aquellos años el asedio de Esquenque se seguía con sumo interés en todas las cortes de Europa. Los españoles habían prácticamente interrumpido el tráfico fluvial en el bajo Rin y hostigaban constantemente a los barcos y a las tropas holandesas con su artillería.

Los holandeses enfurecidos por la pérdida de esta importante posición, prometían públicamente su reconquista en dos meses. Sin embargo, pronto quedó claro que el asedio iba ser duro y prolongado. Los holandeses comenzaron construyendo una serie de baterías y fuertes en su entorno para apoyar con un durísimo bombardeo, la construcción de una serie de trincheras que poco a poco se iban acercando a las murallas de los sitiados. Frente a ellos los españoles hacían constantes salidas a las trincheras enemigas, erigiendo estacas y parapetos para estorbarlas. Las posiciones estaban tan cerca que podían hablarse sin alzar la voz.

En ese punto el Cardenal Infante ordenó reforzar el fuerte con cuatro compañías españolas dos del tercio del marques de Celada (T. de Bobadilla) donde se encontraba Andrés Vera y Moscoso y dos de Francisco Zapata. Con estos refuerzos los españoles intensificaron las salidas buscando los veteranos de los tercios viejos españoles, el cuerpo a cuerpo con los holandeses, pero estos ataques sólo permitían retrasar el avance y no bastaban para parar el asedio.

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En realidad no iban las cosas mejor para los holandeses que mantenían inmovilizado todo un ejército sitiador frente a un pequeño contingente mientras que el resto del ejército español les atacaba en toda la provincia de Cleves.

En las trincheras de Esquenque, y ante las numerosas bajas, Andrés Vera y Moscoso fue nombrado como soto alférez, lo que significa que sustituía al alférez de su compañía en su ausencia, y defendía la bandera de su compañía en combate cuando estaba presente el alférez.

En este puesto dice su hoja de servicios que:

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“pasó a cubrir de estacas la última trinchera por donde los enemigos les hacían las salidas y habiendo muerto el alférez se mantuvo en su puesto hasta que le mandaron otro que le ayudó a fortificarlo.”

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Los incesantes bombardeos, y los combates cuerpo a cuerpo prolongaron el asedio durante nueve meses hasta que el día 30 de abril, los 600 hombres supervivientes con los soldados del Tercio de Bobadilla abandonaron el fuerte portando sus armas banderas y con todos sus bagajes, y heridos hacía la ciudad de Geldem, dejando atrás una humeante posición en la que no quedaba en pie ni uno solo de sus edificios.

 

La Campaña de 1637. La caída de Breda y la conquista de Venlo y Roermond

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A instancias del Cardenal Richelieu,  los holandeses habían reunido una flota a principios de mayo de 1.637 con el objetivo de atacar Dunkerque. Prevenidos y reforzados los españoles desistieron de su proyecto inicial encaminándose a Breda a la que sitiaron el 21 de julio de 1637.

Paralelamente los franceses invadieron la frontera francesa de Flandes cercando Landrecy y Henao. El grueso de las tropas españolas incluido el Tercio de Andrés Vera y Moscoso se encaminó en socorro de dichas plazas. En el curso de dicha marcha, la compañía de Vera y Moscosó quedó reforzando la guarnición de la villa de Avesnes en prevención de que fuera atacada por los franceses.

 

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Trincheras holandesas en el asedio de Breda

 

Mientras que los españoles frenaban a los franceses se envió un contingente menor de 7.000 hombres para socorrer a Breda al mando del Conde Juan de Nassau. A este contingente se agregó nuevamente la compañía de Andrés Vera y Moscoso, con la misión de introducirse en Breda para socorrerla. Ante la imposibilidad de atravesar las líneas holandesas que se habían realizado aprovechando las marcha de los españoles a la frontera francesa, Juan de Nassau hubo de retirarse, cayendo la ciudad el 11 de octubre.

Incapaces de liberar Breda, los españoles se encaminaron al oeste con 17.000 hombres, abriendo una ofensiva contra los holandeses en el Valle del Mosa. Tras unos días de intenso bombardeó Andrés Vera y su Tercio tomaron Venlo, rindiendo a 1.200 holandeses escogidos, haciendo lo propio con Roermond, mientras los holandeses se mantenían sitiando Breda.

 

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Roermond, Ruremunda para los españoles

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En rigor la conquista de estas dos poblaciones compensaba de sobra la pérdida de Breda, pues eran dos importantes cabeza de puentes sobre el río Mosa, cuya pérdida impedía a los holandeses realizar ataques sobre el Flandes español con la sola posesión de Maastricht. Sin embargo el renombre de la ciudad inmortalizada por Velázquez en el cuadro de las lanzas, causó un hondo pesar en Madrid, y en los historiadores que ven erróneamente en dicha caída un signo del debacle español.

Sin embargo, la ofensiva sobre el Mosa no progresó aún mas ante la noticia de que los franceses estaban haciendo avances en Artois, Hinault y Luxemburgo; lo que motivó el envío de un fuerte contingente entre los que encontramos nuevamente al Tercio de Andrés Vera y Moscoso al País de Hinault a expulsar a los franceses y donde nuestro grazalemeño participó en las conquistas del castillo de Hemeri y del fuerte Acbar Lamon, socorriendo a don Juan de Ribera con las tropas que tenía a su cargo.

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La Campaña de 1.638. El asedio de Saint Omer

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En 1.638, la guerra estaba en un punto muerto, ni los españoles habían logrado hacer desistir a Francia de sus planes de invasión ni estos habían conseguido tomar ninguna plaza de importancia. Otro tanto ocurría con los holandeses que no progresaba en su intento de reunificar los países bajos bajo su república calvinista.

Ante esta situación los holandeses se plantearan el ambicioso proyecto de conquistar Amberes mientras que los franceses dieron un paso mas, decidiéndose a asentar permanentemente su presencia en el condado de Flandes con la toma de la plaza de Saint- Omer.

Saint Omer se encuentra en la ribera del río Aa que puede considerarse como la frontera natural de Francia con Flandes. El río desemboca en el mar del Norte, y se encuentra protegido en su desembocadura por la fortaleza de Gravelinas, desde donde comienza un canal navegable que llega precisamente a Saint Omer. El canal estaba igualmente protegido por dos fortalezas construidas por los españoles el fuerte Felipe y el Gran Felipe.

El mariscal francés de Châtillon, viendo que en St-Omer no había más que 4 compañías del tercio de D. José de Saavedra, y que la plaza necesitaba al menos 3.000 hombres para poderla defender, se resolvio a sitiarla. Conocedor de este plan el conde de Fontaine pudo introducir en la plaza a 4 compañías de españoles del tercio T. de Bobadilla que en ese momento era conocido como Tercio del Marqués de Velada, que se encontraban acuarteladas en Watten y que iban a las órdenes del capitán D. Luis de Mieses. En la dotación de esas compañías estaba Andrés de Vera y Moscoso. También pudieron entrar 2 compañías de ingleses al servicio de España del tercio de Tresham.

Una vez que los franceses comenzaron a abrir trincheras por la zona conocida como montaña de Saint Michel establecieron una batería desde la cual hacía grandísimo daño con su artillería. Ante el extremo peligro de estas posiciones y las divergencias y enfrentamientos entre las naciones de la guarnición (con el término de naciones se referían a los españoles a las tropas de otras nacionalidades aliadas que combatían a su lado como alemanes, valones o ingleses) se resolvió que los españoles los sustituirían ocupando las medias lunas de afuera de las murallas, que caían a la dicha montaña de St. Michel, relevándose entre si sucesivamente, las compañías del Tercio Saavedra, que fueron las que ocuparon primero el puesto con las del Tercio de Velada (T. de Bobadilla).

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Saint Omer durante el asedio

En esa posición emplearon a Andrés Vera y Moscoso:

 

“….en hacer algunos servicios particulares como fue en reconocer los puestos de los enemigos y en tocarles alarmas durante la noche para estorbarles el trabajo porque no llegase a las murallas”.

 

Defendiendo este baluarte la hoja de servicios del grazalemeño nos dice que:

 

“… habiéndoles ganado un puesto los enemigos fue nombrado con alguna gente para que lo recuperasen lo cual consiguió con tanto valor que hirió y prendió al cabo que lo gobernaba”.

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Sin embargo, el cerco se iba estrechando, haciendo extremadamente difícil que nadie saliera o entrara de la ciudad sitiada. Por si fuera poco la artillería había avanzado sus posiciones, lo que incrementaba notablemente el peligro de los sitiados. Todo ello determinó a la guarnición a que se hiciese una salida con 300 hombres para estorbar a los franceses sus trabajos en las trincheras.

Según la hoja de servicios de Andrés Vera y Moscoso:

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“…en la salida general que se hizo a sus trincheras fue el primero que peleo con los franceses donde le dieron un mosquetazo que lo paso el estomago a la otro parte y sin abandonar el campo se curó en su posada a su costa”.

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Las crónicas dicen con relación a esta salida que hicieron tan bien su deber que pasaron más allá de las baterías del enemigo y, si hubieran llevado clavos, pudieran haber enclavado las piezas, retirándose luego sin pérdida ninguna, si no fue el quedar muy mal herido nuestro grazalemeño y el capitán Francisco Pérez, pasado un muslo de un mosquetazo.

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Escena que representa al Tercio de Bobadilla en combate

Conociendo el Príncipe Tommaso, Jefe del ejército español, el gran aprieto en que la villa estaba dispuso socorrerla. Los españoles con un fuerte ejército, asediaron y tomaron sucesivamente los cuatro fuertes construidos por los franceses para el asedio, convirtiendo a los asediadores en asediados. El 15 de julio de 1638, el mariscal de Châtillon se vio obligado a abandonar el cerco. Los planes franco-holandeses cayeron en saco roto los holandeses fracasaron en su intento de tomar Amberes mientras que Francia perdió miles de hombres en los pantanos que rodeaban Saint Omer durante un largo y costoso asedio al que el rey Luis XIII llegó a acudir en persona, bien que solo para retirarse avergonzado.

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Sargento y Alférez de los Tercios

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Tras el asedio y habiendo tomado conocimiento de su valor el Capitán don Fernando de Solís, le nombró por Sargento de su compañía, con la que partirá ese mismo año para formar parte de la guarnición del Fuerte de don Felipe en el Canal del río Aa, donde don Fernando de Solís había sido nombrado gobernador.

El Sargento no era como hoy un suboficial sino que tenía la categoría de oficial. Como en el ejército inglés había un solo sargento por compañía. Su nombramiento era facultativo del capitán pero se requería que hubiese estado al menos cuatro años en “guerra viva”, lo que garantizaba su experiencia. El sargento era la clave del funcionamiento de la compañía aseguraba los alojamientos, revisaba las armas y municiones, y repartía los servicios teniendo a su cargo uno o varios cabos al cargo de pelotones de 25 hombres.

En 1.640, Fernando de Solis es nombrado gobernador de Gravelinas en la desembocadura del mismo río Aa en el mar del norte, donde nombra a Andrés Vera y Moscoso como Alférez de su compañía, cargo que sustituía al Capitán en su ausencia y que se encargaba de velar por la bandera de la compañía, símbolo del rey y verdadero objetivo de todos los enemigos de un Tercio español.

En Gravelinas, el gobernador:

 

“…le empleo en muchas cosas en el Real Servicio y siempre le dio muy buena satisfacción, y en la sorpresa que hizo al fuerte de Maastricht le asistió con mucha puntualidad en todo lo que hubo menester y el Capitán Juan de Flores que lo era del tercio de don Fernando de Solís certifica que con la confusión de los soldados se pegó fuego a un cuartel y que acudiendo a remendarlo halló a don Andrés que sin reparar al riesgo de quemarse el y por su buena diligencia se apagó el fuego de donde podía resultar muchísimo daño”.

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Asedio holandés de Gravelinas. En el grupo de soldados que figuran en el primer plano podemos apreciar como portan las faginas necesarias para salvar los fosos y cubrir las trincheras.

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Las Campañas de 1.642 y 1.643. La invasión de Cataluña y la derrota de Rocroi. Prisionero en Francia

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En 1.639 el cardenal Richelieu atacó el Rosellón catalán, como paso previo a su proyectada invasión de Cataluña, que inicia en 1642 con el asedio de la plaza fronteriza de Perpignan. Para aliviar la presión sobre el principado, distrayendo parte de las tropas francesas, se ordenó al ejército de Flandes atacar la frontera noreste de Francia desde las posesiones españolas de los Países Bajos.

En ejecución de este plan el Alférez Andrés Vera y Moscoso participó con su Tercio en la conquista de la población francesa de Lens que cayó tras dos días de asedio el día 19 de abril de 1.642.

En la primavera de 1.643 vuelven a reiniciarse las hostilidades y los intentos franceses por forzar el paso hacia el interior de Cataluña, repitiendo los españoles la misma estrategia. En este caso la población francesa elegida para ser sitiada será la villa de Rocroi.

El 19 de mayo de 1.643, los españoles ponen sitio a Rocroi con una ejército compuesto por 22.000 hombres y 24 cañones. En su socorro acude el francés compuesto de 16.000 infantes y 7.000 jinetes (23.000 hombres en total), y 12 piezas de artillería. Iniciados los combates y tras varias fases en el que se alternó el predominio de las armas de ambos ejércitos, comenzó a decantarse la batalla del lado francés. Es entonces cuando la infantería italiana, los jinetes croatas, alsacianos y valones y la mayoría de los soldados alemanes y flamencos aliados de los españoles abandonaron el campo, dejando en soledad a los cinco tercios viejos que como siempre exigían y ocupaban la vanguardia.

Comienza aquí la fase épica de esta batalla que ha pasado a la historia militar. Los cinco tercios españoles (Castellví, Garciez, Alburquerque (Tercio de Bobadilla), Villalba y Velandia) recibieron ordenes de no abandonar el campo formando un rectángulo, que no dio un solo paso atrás durante toda la batalla, a pesar de ser atacados por tres de sus flancos.

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Tercio español formado en cuadro. En el centro las picas que protegen las banderas, y rodeados por las mangas de mosqueteros y arcabuceros.

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Las dos primeras cargas de la caballería francesa fueron masacradas por los mosqueteros y cañones de los tercios que se posicionaron en el interior del cuadro, abriéndose para permitirles disparar. Los jinetes que llegaban al cuadro quedaban a los pies de los piqueros españoles, que formaban un muro impenetrable, pues tan pronto una baja se producía era cubierta inmediatamente por otro hombre. Tres cargas más de la caballería fueron rechazadas esta vez sin la intervención de la artillería española que hacía tiempo que había acabado la munición.

El sexto ataque que igualmente fue repelido estuvo a cargo de toda la infantería francesa que previamente había recuperado su artillería pérdida en los lances iniciales del combate y comenzó a disparar sin piedad al cuadro español que seguía resistiendo como un solo hombre.

Las tremendas perdidas que había sufrido el ejército francés, y el temor a la inmediata llegada de un ejército español que se encontraba en camino con 4.000 hombres al mando de Juan Beck; hicieron que el duque de Enghien, comandante de las tropas francesas, ofreciese a los españoles una rendición honrosa bajo las condiciones que se solían dar sólo a las plazas fuertes asediadas: respetar la vida y libertad de los supervivientes y permitirles retornar a sus líneas, conservando sus banderas y sus armas. La impotencia ante la artillería que había literalmente desecho el tercio de Jorge de Castellvi, y dejado muy maltrechos a los restantes, hizo que aceptaran la capitulación a excepción del Tercio de Alburquerque, que bajo el mando de su Sargento Mayor Juan Pérez de Peralta siguió resistiendo cargas y ataques, con sus banderas y picas en alto y que fueron acompañados de aquellos soldados de los otros tercios que no quisieron aceptar la rendición.

Así se mantuvieron hasta que acabadas las balas, dispararon con pólvora sola, y solo por rabia. En ese momento aceptaron la nueva oferta de los franceses que aunque los redujo a la condición de prisioneros, respetaba sus bienes y personas.

Ni que decir tiene que el alférez Andrés Vera Moscoso se encontraba entre estos últimos como consta en el Archivo Histórico Nacional:

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“Que en la villa de Rocroy peleó con tanto valor como ha demostrado en otras ocasiones por ser uno de los que más se señalaron aquel día salió herido de seis balazos y dos picazos y de esta manera asistió hasta el fin de la batalla que fue preso, desnudo y llevado a Francia…”.

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La resistencia final del Tercio de Bobadilla o Alburquerque está recogida fielmente en la escena final de la película del Capitán Alatriste que bien podía haberse inspirado en la personalidad del grazalemeño.

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El último Tercio. Cuadro de Ferrer Dalmau que representa la última resistencia del Tercio de Andéas Vera y Moscoso en la jornada de Rocroi.

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Los términos honrosos con los que se pactó la entrega de los últimos soldados del Tercio de Alburquerque, salvaron probablemente a nuestro alférez de que ser degollado directamente por los franceses; destino habitual para los heridos graves del bando de los vencidos. No le evitó, sin embargo que le fueran robadas sus vestiduras y pertenencias, desnudándosele y remitiéndosele de esta guisa a Francia, donde quedó prisionero, junto con el resto de los compañeros de su Tercio.

En Francia estuvo preso probablemente hasta el mismo año 1.646 en el que una vez repuesto de sus heridas, hizo que este indómito personaje se escapase de su prisión

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“…con grandes riesgos de su vida por volver a continuar en el Real Servicio”.

 

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La Campaña de 1.647

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Durante la prisión de Vera y Moscoso la situación de España era muy comprometida. Con Portugal en plena rebelión y con Cataluña en manos de los franceses, se habían perdido numerosas plazas en Flandes.

En 1.647 se pretende tomar nuevamente la iniciativa, designándose al Archiduque Leopoldo de Augsburgo como Gobernador de Flandes y Jefe del ejército. Tras asegurarse la neutralidad de los holandeses, temerosos de las ansias expansionistas que mostraba Francia, se reorganiza el ejercito, reicorporándose Andrés Vera a su tercio como Alferez reformado bajo el mando de Bernabé de Vargas, con quien estuvo preso en Francia, y que certificó que participó en la recuperación del fuerte de Burgate (Berguer) y castillo de Lapoe

Tras esto se encaminaron con el resto del ejército a la villa de Armentier que sitiaron en toda regla, construyendo una línea de contravalación para impedir el socorro de los franceses, que a su vista dejaron la ciudad a su suerte. En ese momento, los españoles comenzaron a abrir las trincheras, que iban progresando mientras los sitiados realizaron varias salidas atacando sin éxito la zona encomendada al Tercio de Andrés Vera.

Finalmente iniciado el asalto de las defensas y tomadas algunas de sus posiciones, la ciudad se rindió el 30 de mayo de 1.647, tras veinte días de duro asedio quedando 2000 enemigos como prisioneros de guerra.

Asegurada la ciudad marcharon a Lens, donde el Archiduque Leopoldo ordenó atacar sin abrir trinchera ni fortificarse durante la medianoche del mismo día de su llegada. El ataque se hizo por dos frentes. A los españoles de Andrés Vera le correspondió hacerlo por una de las dos medias lunas de la fortaleza que asaltaron a pecho descubierto, arrancando las empalizadas, mientras que con mosquetazos, granadas y “fuegos artificiales”, abrieron una brecha penetrando por ella mientras que solicitaban hachas para romper las puertas de la ciudad, comenzando a escalar sus murallas de la, ante lo cual el gobernador de la ciudad se rindió a discreción.

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Puerta de la fortaleza de Armentieres

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Tomando noticia que la fortaleza de Landrecies, se encontraba mal guarnecida el archiduque ordenó dirigirse súbitamente hacia allí, llegando el 28 de junio de 1.647, construyéndose a toda prisa una línea de contravalación con la ayuda de cinco mil aldeanos que se habían traído de la provincia de Hinault a dicho objeto. Nada mas terminar las defensas en día 3 de julio se presentó el ejército francés para socorrer la ciudad. En ese momento el Archiduque puso al frente de batalla de los franceses a los Tercios Españoles que deseosos de entrar en combate vieron como los franceses rechazaban el encuentro.

Ambos ejércitos mantuvieron así sus posiciones mientras se intercambiaban disparos de artillería. Durante las dos noches siguientes los franceses intentaron socorrer la plaza sin conseguirlo por lo que finalmente se retiraron y los españoles comenzaron la construcción de las trincheras en dirección a las escarpas de la fortaleza, en la que se iban turnando los distintos Tercios.

Sabemos que el Tercio de Bernabé de Vargas (T. de Bobadilla), entró en ese servicio el 7 de julio. Al día siguiente los franceses hicieron una salida con infantería y caballería hacia las trincheras de los españoles, aprovechando que no pocos de ellos se encontraban bajo el influjo de Baco. En ese “…la infantería española saliendo de sus trincheras les acometió con tanto valor que los rechazaron y persiguieron hasta sus mismas fortificaciones. En este ataque estaba presente el Maestre de Campo General Marques de Caracena que recibió un mosquetazo en el costado izquierdo si bien no tuvo consecuencias quemándole el vestido y unos papeles que llevaba en el bolsillo.” (2)

Por la hoja de servicios de Andrés Vera y Moscoso sabemos que fue el que lideró este ataque pues:

 

“… estando en las trincheras como alférez de su compañía salieron los enemigos con fuerza de infantería para echarle de los puestos por la parte donde estaba saliendo con sus soldados con tan buen orden que los frenó hasta que se le socorrió”.

 

El día 17 de julio tras haber alcanzado la contraescarpa, a costa de muchos sacrificios y combates y cubierto el foso de las faginas necesarias para pasarlo, se ordenó el asalto general ofreciéndose antes la capitulación al gobernador de la ciudad que la rindió el 18 de julio junto con los 450 soldados de su guarnición.

 

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Fortaleza de Landrecies

.

Este hecho y los anteriormente relatados sirvieron para que se le recomendase al Archiduque Leopoldo presente en el campo para su ascenso a Capitán, concediéndosele la correspondiente patente y encomendándole una compañía de su Tercio.

Tras estas operaciones los franceses pusieron sitio a Lens. El archiduque Leopoldo en lugar de socorrerla aprovechó la presencia del ejército francés en dicho asedio y confiando en la resistencia de la plaza, se decidió a cercar Dixmunda, a donde llegó el Tercio de Andrés Vera y Moscoso el día 1 de octubre rindiéndose la plaza el día 6, concluyendo una campaña que volvió a levantar los ánimos de los españoles.

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Las Campañas de 1648 a 1653

.

El 30 de enero de 1.648 se firma la paz de Munster que pone fina a la guerra con Holanda. Sin embargo se mantendrá la guerra con Francia por su ocupación de Cataluña y el Rosellón, que Francia pretendía cambiar por Flandes.

Se decide entonces llevar la Guerra a territorio francés, si bien la primera de las batallas importantes se saldará con una sonora y contundente derrota de los españoles en Lens el 20 de agosto de 1.648 y donde dentro del general debacle nuestro grazalemeño:

 .

“… mostró como en las demás ocasiones su celo al servicio de su majestad, pues volviendo la frente de su tercio a la de un batallón de enemigos que le venían atacando por el costado derecho donde estaban dos piezas de artillería abandonadas de los artilleros las hizo cargar y disparar dos veces donde se paró tan gran daño que el enemigo no pasó de allí, hasta que rompiendo la batalla fue preso”.

 

Prisión de la que fue liberado al comprarse su libertad para “.. volver a su compañía y servir con ella.”

 

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Batalla de Lens

 

 

Francia lejos de aprovechar su aplastante victoria se vio sorprendida por la guerra civil de “La Fronda”, motivada por el cansancio que la población francesa tenía de los gastos e impuestos motivados por la guerra con España. Esta revuelta, es aprovechada por los españoles que invaden Francia participando nuestro capitán en la recuperación de San Bernar y en el sitio de Ypres:

 

“donde estando con su compañía en el lugar que le correspondía, salió el Gobernador por el puesto que le tocaba para romper las trincheras, defendiendo su puesto hasta que le hicieron prisionero.”

.Ya en 1.650 se vuelve a entrar en Francia con el fin de forzar al Cardenal Mazzarino a firmar la pazo con España. En esta nueva campaña y durante los dos siguientes años participa:

.

“…en el sitio de Cambrai y en el socorro de Bruselas y en recuperar Condé, y en ganar a Furnes (Veunrnes) y Montebue, y en ganar a Bergues St. Vinoc (1651), y fuerte de Linquen (1.651) Lynck y en fortificar Abalburque, y en ganar Gravelinas (1652) y fuerte de San Felipe (1652 y Mardyck y en volver a entrar por tercera vez en Francia y en ganar Finz, y otras villas y en la toma de Dunquerque (1.652) y en la última entrada en Francia y en tomar Rocroi (1.653)”

.

ARDENNES - Rocroi

Vista aérea de Rocroi. donde se pueden apreciar las antiguas fortificaciones de la época.

.

 . 

En Madrid

 

En 1.654, el Archiduque de Austria Leopoldo Guillermo de Habsburgo, Gobernador de los Países Bajos españoles, le concedió licencia para volver a España, entregándole una carta para su Majestad en la que junto a las que también le facilitaron don Alfonso Pérez de Vivero, Conde de Fuensaldaña  que era el Jefe del Ejercito en Flandes y el Conde de Garcíez:

 ,

 “…aprueban los largos servicios del suplicante, y suplican a su Majestad que a tenor de estos le honren y hagan merced en las ocasiones de puestos que se ofrecieren para ser empleado en su persona y servicios”.

.

Una vez abandonó Flandes, se encaminó a España portando entre sus pertenencias su “canuto de hojalata”, pieza inseparable de todo soldado en el que sellado con cera para garantizar su estanqueidad se guardaban todas las certificaciones, cartas y recomendaciones que podía conseguir un soldado durante su vida militar, y gracias a las cuales hemos podido reconstruir buena parte de la historia de nuestro capitán.

Una vez en Madrid, entregó sus cartas a don Miguel de Gómez de la Secretaria de Estado del Rey, que las extractó elaborando una relación de servicios que se conserva en el Archivo Histórico Nacional y en la que se menciona una certificación emitida por don García Osorio, Contador General de los Tercios de Flandes que acreditaba que:

 .

“…ha continuado en el Real Servicio sin interpolación de tiempo desde el año de treinta hasta el de mil seiscientos cincuenta y cuatro, de soldado, sargento, alférez y capitán, hasta que el señor Archiduque le dio licencia.”

 .

Entre las certificaciones laudatorias que menciona el documento de la Secretaría de Estado se encontraban las de los maestres de campo con los que había servido: don Luís Ponce de León con el que ingresó en los Tercios y estuvo hasta 1.632,  don Francisco de Solís,  su capitán en dicho Tercio hasta la batalla de Rocroi, don Bernabé de Vargas Machuca, con el que sirvió a partir de su retorno de Francia, don Esteban de Camuña, don Baltasar Mercader y Carroz, y de los tenientes de maestre de campo generales don Dionisio de Guzmán y  don Juan Pérez de Peralta, que comandó su Tercio d durante Rocroi. También acompañó certificaciones de los Sargentos Mayores don Marcos Geldere de Calatayú, don Luís de Mieres, don Antonio Fomz, Contador de los Tercios, así como la de otros capitanes cuyas identidades no menciona el relator, seguramente abrumado por la cantidad ingente de cartas que acompañaba nuestro Capitán y que daban buena cuenta de sus servicios.

Con estos valedores, cuyas vidas contribuyeron a escribir algunas de las páginas más honorables de la  historia de España, no es de extrañar que pronto se encontrase un lugar en que nuestro grazalemeño pudiese servir a una monarquía siempre falta de hombres del valor y de la competencia del capitán.

1113

Castillo de Santo Domingo

 

 .

En la Isla de La Española

 

No tuvo que esperar mucho nuestro Capitán para encontrar destino. El 1 de enero de 1.655, Oliverio Cromwell, Lord Protector de Inglaterra había enviado una expedición de 34 barcos, 7.000 marineros y 9.000 soldados, con la intención de conquistar la isla de Santo Domingo para convertirla en la punta de lanza de una futura invasión de las colonias americanas.

Ante esta noticia, se preparó una fuerza de 200 arcabuceros y mosqueteros sacados en su mayoría de la plaza de Málaga, para reforzar la guarnición de la isla bajo el mando del Conde de Peñalva, Bernardino de Meneses Bracamonte.

Las tropas a las que se incorporó Andrés Vera y Moscoso como Sargento Mayor (3) se concentraron en el gaditano Castillo de Santa Catalina,  desde donde se embarcaron en las naos Nuestra Sra. De la Concepción y Nuestra Sra. De la Victoria, llegando a Santo Domingo el día 4 de mayo de 1655. Allí reforzaron al grueso de la guarnición que sumaba 1.300 lanceros procedentes del interior de la isla y 700 soldados de la ciudad de Santo Domingo, expulsando a los británicos de la isla con severísimas pérdidas de éstos últimos. (4)

En Santo Domingo, Andrés Vera y Moscoso quedó como Castellano de la Fortaleza principal de Santo Domingo y Sargento Mayor al mando de la guarnición de la plaza, donde bajo el superior mando del Conde de Peñalba, Gobernador y Capitán General de la isla reforzaron las defensas de la ciudad para prevenir futuros ataques.

Allí permaneció hasta que la Real Audiencia de Santo Domingo le nombró Gobernador de la Provincia de Maracaibo y más tarde Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, tras el fallecimiento de su titular don Martín de Robles Viñafaña. (5)

.

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Gobernador y Capitán General de Venezuela

 .

Correspondía al Rey, a través del Consejo de Indias, el nombramiento de los gobernadores y Virreyes. Sin embargo, podían transcurrir varios años entre que se producía la vacante, y el momento en el que nuevo designado tomaba posesión efectiva de su cargo. Estos inconvenientes se obviaban con la facultad concedida a la Real Audiencia de Santo Domingo para nombrar interinamente a los Gobernadores y Virreyes. Sin embargo, durante el siglo anterior los integrantes del Cabildo de Caracas habían comprado y obtenido de la corona distintos privilegios, entre ellos la propiedad y sucesión hereditaria de los oficios concejiles y la potestad de gobernar no solo el Cabildo sino toda la provincia en dichas interinidades sin el control de la Audiencia de Santo Domingo.

Este privilegio ejercitado en el exclusivo beneficio de la aristocracia criolla de Caracas, cuyos intereses no coincidían en muchos casos con los intereses generales de la monarquía, provocó la negativa de la Audiencia a reconocer a los gobernadores así nombrados, generando numerosas tensiones entre ambas instituciones que se manifestarán con especial intensidad durante el mandato del Grazalemeño.

Tan pronto falleció el anterior gobernador, el Cabildo de Caracas se reunió el 20 de octubre de 1.655, abrogándose el gobierno de la provincia en las personas de sus Alcaldes Ordinarios don Lorenzo de Ponte y don Juan Saenz de Verguilla (6)

La Audiencia en la persona de su Presidente el Conde de Peñalva reaccionó nombrando Gobernador a don Rodrigo de Bastidas y Peñas, quien al parecer no pudo someter la voluntad del cabildo caraqueño por lo que se decidió a sustituirlo designando a don Andrés Vera y Moscoso, lo que se comunicó al Cabildo de Caracas por carta de 3 de marzo de 1.656, tomando posesión el nuevo gobernador en la ciudad de Maracaibo el 22 de julio de 1.656. (7)

El nombramiento de Vera y Moscoso produjo “disturbios y pleitos” en el seno del Cabildo hasta el punto de plantearse éste su destitución como presidente del mismo (los Gobernadores eran los presidentes natos del Cabildo de Caracas) (8)

No debieron de llegar estos disturbios a mayores, pues ante la inmediata llegada del nuevo gobernador a la ciudad, y la advertencia que suponía el envío de un gobernador con el perfil del de nuestro capitán, el Cabildo ordenó el 20 de noviembre de 1.565, se le recibiese y:

 

 “.. se le regocije con fiestas de toros y cañas en la forma que es costumbre, y que para ellas se formen cuadrilleros de las cañas a los capitanes Gonzalo de los Ríos y don Tello Pantoja y Monroy, y por capitán de toros a don Juan Ochoa de Gresala y Aguirre (…) Y para el aliño y prevención de estas Casas Capitulares, el procurador general vea lo necesario y los gaste de los propios que hubiera en esta ciudad, que se le recibirán en cuenta. Y que para lo que toca al cuidado de cercar la plaza y limpiarla, se comete a los señores depositario general, Juan Gutiérrez de Lugo, y Sargento mayor don Juan de Brisuela. Y para la prevención de las garrochas para los toros, se comete al dicho procurador general, para que a costa de los propios de esta ciudad se hagan…” (9)

 

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Escudo de armas de Santiago de Caracas

 .

Sin embargo, la pugna de poder entre el Cabildo y la Real Audiencia de Santo Domingo, y el resentimiento por la humillación sufrida determinará a los cabildantes a enviar al Consejo de Indias a finales del mismo año a:

 

“…don Luis de Quesada, quien venía de Venezuela con poder de Francisco Galindo a quejarse acerca de las arbitrariedades del gobernador interino Vera y Moscoso”. (10)

.

De su época como gobernador nos han llegado numerosos documentos en los que intervino en cuestiones propias de su competencia de las que vamos a mencionar algunas a título de mero ejemplo de su actuación.

Uno de los problemas con los que tuvo que lidiar fue el la inseguridad que provocaban los esclavos cimarrones huidos de sus amos, que armados se refugiaban en el interior constituyendo grupos de bandoleros. Así ante una queja que se le hizo en el Cabildo de 4 de marzo de 1.657 dijo que desde su llegada a Caracas se había interesado por los problemas de la colonia:

 .

 “entre los cuales no es el menor que ha tenido y que tiene en acudir al remedio y castigo de los negros cimarrones que faltan al servicio de sus amos y en menosprecio de la real justicia, se han retirado a los montes y despoblados a vivir bandolera y forajidamente, robando los esclavos de los lugares y de las ciudades de esta provincia, haciendo hurtos y muertes”.

 .

El gobernador pensaba que la solución podía ser encomendar una expedición para capturarlos al alférez Andrés de Laya, cazador de indios aunque recordaba que el verdadero problema era financiar la compañía. Pasadas unas semanas los cabildantes ajustaron con el Alférez indicado que los vecinos pagarían 60 pesos por cada cimarrón detenido si llevaba más de un año huido y 30 en  los demás casos. (11)

Otros documentos en los que intervino hacen referencia a la solución de conflictos que se le plantearon con respecto al sistema de encomiendas de indios vigente en la época, como el Título que expidió en Caracas el 15 de mayo de 1.658, en donde por muerte de doña Ana de Cepeda y Rivera vecina que fue de Caracas, otorga a favor del Sargento Felipe de Medina la india “Hirajara” nombrada Ana, mayor de 40 años:

.

“para que la goce y posea en servicio personal por su vida y la de un sucesor conforme a la ley de sucesión”.(12)

.

Un grabado de la plaza mayor hacia 1840

Plaza Mayor de Caracas

.

En materia de Encomiendas se conserva igualmente la resolución que  dictó en fecha 1 de abril de 1.657 por el que amparó al el Cacique Don Diego Guarate en conflicto que se planteó entre éste y el encomendero Esteban Mateos del Barrio por el desalojo de sus tierras en El Pao dentro del municipio venezolano de Valencia. (13)

Otras resoluciones hacen referencia a la asignación de las tierras que se iban colonizando como la concesión de la solicitud efectuada el 2 de julio de 1.658  por Pedro Jaspe de Montenegro, para que se le dieran en merced las sobras de tierras del Valle de Guayabita que ya se encontraba poseyendo de hecho. (14)

Se conservan en los archivos de Caracas documentos relativos a otros muchos asuntos en los que intervino y que podrían dar lugar a una trabajo mas extenso y exhaustivo que no puede ser objeto del presente artículo. Sólo mencionaremos su intervención en la gravísima epidemia ocurrida en 1657 que causó numerosos fallecidos no solo en Caracas, sino también en Guarenas y otras ciudades de la provincia.

Mientras todo esto ocurría la pesada y lenta maquinaria burocrática de la monarquía hispánica había seguido su discurrir nombrando el 14 de diciembre de 1.656 como nuevo Gobernador a don Pedro de Porres Toledo, que sin embargo no llegará a Caracas hasta 26 de julio de 1.658.

Nombrado el nuevo gobernador, procedía la formación del juicio de residencia, que era un procedimiento que consistía en la revisión de todas las actuaciones realizadas por los funcionarios desde Gobernadores a Alcaldes al fin de su mandato. Juicio durante el que no podían ausentarse del lugar y donde se escuchaban todos los cargos que hubiese en su contra. Sólo cuando se finalizaba y se cumpliese lo ordenado en el mismo, podía ausentarse dicho funcionario y tomar posesión del cargo el sustituto.

Con fecha 15 de abril de 1.657 se remitió desde el Consejo de Indias despacho al Oidor de la Audiencia de Santo Domingo para formar el juicio de residencia,  que será seguido por don Bartolomé Sánchez de Villanueva (15), expidiéndose orden el 27 de mayo de ese mismo año desde el Palacio del Buen Retiro con la preceptiva orden de no permitirle ausentarse de Caracas “hasta que haya dado el juicio de residencia y ejecutare lo demás que sobre esto se ordene” (16)

Foto Arte Estudio

Antiguo Cabildo de Caracas durante el S. XVII

 

Rendida las cuentas y confirmada la resolución del oidor por el Consejo de Indias llegó el nuevo gobernador Porres al puerto de La Guaira el 22 de julio de 1.658, indicando Vera y Moscoso al cabildo que:

 .

“..es preciso y necesario hacerle los festejos y recibimientos que es costumbre y así en el  puerto de La Guaira como en el camino a esta dicha ciudad y también el nombrar Comisión de esta cabildo para que por la ciudad se le de la bienvenida y se le reciba por dicha parte nombrándose a don Manuel Felipe de Tovar y don Diego Fernández de Araujo para darle la bienvenida en el puerto y agasajarle hasta llegar a Caracas”.

 .

Una vez en Caracas el día 25 del mismo mes, Porres presentó ante el Cabildo sus títulos; recibiendo del interino Vera, según dicen las actas “sin mayores adulaciones”, la insignia y el bastón de mando, lo que nos va dando muestras del carácter propiamente grazalemeño de nuestro capitán y su hartazgo de los concejales venezolanos y de la administración colonial en general. (17) .

.

Los últimos años. El regreso a Grazalema

 

 

Ningún documento más nos ha llegado sobre el destino del Capitán Andrés Vera y Moscoso. No sabemos si permaneció en Venezuela o marchó a otro lugar, probablemente al Virreinato del Perú.

Existe de hecho una antigua tradición oral, en muchas familias grazalemeñas que recordaban no sin cierto orgullo infantil, como uno de sus antepasados fue “Virrey del Perú”. En estas casas, se contaba casi sin variación como un grazalemeño emigrado al Nuevo Mundo y que se encontraba en una situación muy precaria, intentaba si éxito contactar con el citado Virrey, si bien la servidumbre de éste no le flanqueaba el paso ni daba aviso del citado “don nadie”. En esta tesitura y sabiendo que su paisano se encontraba en un despacho que daba a una plaza principal de la ciudad, comenzó a vocear un pregón conocido por todo grazalemeño sin excepción: ¡Tagarninas! ¡Vendo tagarninas del Boyar! Inmediatamente que el Virrey oyó la proclama, llamó a sus asistentes para que le trajeran a su presencia al pregonero, al que como no podía ser de otro modo asistió en lo necesario.

 

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Casa donde según la tradición vivió Andres Vera y Moscoso en Grazalema

No figura don Andrés Vera Gago y Moscoso en las relaciones de los Virreyes del Perú, pero es posible que como hemos apuntado tuviese algún cargo a su servicio, en las extensas posesiones y provincias dependientes del virreinato. De hecho entre las abandonadas lápidas de la ermita del Calvario, que allí se encontraban hasta que en el año 1.965 se ordenó triturarlas para formar el camino al nuevo Corazón de Jesús, se ubicaba su tumba, y los restos de su lápida mortuoria en la que en una de sus fragmentos pudo leer uno de los autores de estas líneas literalmente “Virrey del Perú.”

Nada más sabemos de nuestro Capitán, desde su salida de Venezuela, salvo que al cabo de los años regresó a Grazalema donde dejó una amplia descendencia, que en varias ocasiones reivindicaron su memoria en los expedientes de limpieza de sangre formados para su acceso a Órdenes militares y cabildos eclesiásticos. De hecho tras mas de trescientos cincuenta años es difícil encontrar alguna familia que no lleve en sus venas la sangre de nuestro héroe de Rocroi; prototipo de las mejores virtudes y defectos de los españoles del S. XVII. Así ocurre entre otras con las familias Vera, Gago, Moscoso, Lobato, Mateos, Benítez, Rodríguez, Salas, Barea, Ruiz, Chacón, Cizuela y otras muchas. Algunos de sus descendientes invocaron su nombre a lo largo del S. XVIII en varios expedientes de “limpieza de sangre” que se formaron para el ingreso de algunos grazalemeños en distintas órdenes militares o en los cabildos eclesiástico de Sevilla y Málaga, como es el caso del expediente de don José Benítez y Chacón.(18)

Tras una vida plagada llena de aventuras y sufrimientos falleció siendo enterrado como miembro de la Hermandad de la Virgen de la Soledad en la ermita del Calvario.

.

 

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Ermita del Calvario donde fue enterrado Andrés Vera y Moscoso.

 

 

 

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Notas.-

(1) Archivo Histórico Nacional. Relación de servicios del Capitán don Andrés Vera Gago y Moscoso. Sección de Estado. Legajo 1361. N. 36.

(2)“Histora de la Campaña de 1648 en Flandes” Antonio Rodriguez Villa.

(3) Fray Cipriano de Utrera. Para la Historia de América. Vol. 7. Pag. 211  (el Sargento Mayor vendría a ser el segundo en el mando, equivalente a un Jefe de Estado Mayor)

(4) RODRIGUEZ DE MORIZI Emilio. La invasión inglesa de 1.655. Boletín Academia Dominicana de la Historia. Nº 88-86. Año 1956.

(5) SALVADOR José María. Efímeras Fiestas, fiestas cívicas y arte efímero en la Venezuela de los Siglos XVII-XIX pags. 120. MIRON Guillermo. La estructura provincial de Venezuela. 1971. Pag. 155.

La Lucha de los Alcaldes por el Gobierno de la Provincia.El formidable pleito entr el licenciado D, Juan de Padilla y el Cabildo de Caracas. Pag. 27.

(6)MIRON Guillermo. La estructura provincial de Venezuela. 1971. Pag. 155.

(7) MIRON Guillermo. La estructura provincial de Venezuela. 1971. Pag. 155

(8) MONTENEGRO. Juan Ernesto. Crónica de Santiago de Caracas. 1997. Pag. 77. “… Vera y Moscoso no fue destituido por el Ayuntamiento a pesar de que estuvo a punto de serlo, pero los disturbios que se originaron..”

 Pag. 155. “ Se quejaba el procurador don Felipe Gávez de Ulloa de la relativa complacencia que se había tenido con la Real Audiencia de Santo Domingo aceptando el nombramiento de interinos con grave daño de la provincia y gran perjuicio de los vecinos y moradores. Adujo la memoria de Gil de la Sierpe de don Francisco de Quero y los graves disturbios y pleitos que se ofrecieron con Don Andrés Vera Moscoso”.

(9) AHCM. Actas del Cabildo de Caracas 20 de noviembre de 1.656. O-XIV. Fol. 188. En Act. Ccas. X, pp 85-86.

(10) MORON Guillermo. Historia de Venezuela: La estructura provincial. Pag. 157.

(11)IZARD Miguel. Pensando en el Sur. El llano en el Siglo XVII. Pag. 71.

(12) LOPEZ ISACC. L. Encomiendas.Tomo XX. Folio 41)

(13) Actas Cabildo de Valencia Tomo Libro: 1 .Numero: 27 – Periodo: 1500-1670 – Paginas: 1-26

(14) GUILLARTE UGAR. Nelly. Ocupación, despojo y apropiación de Tierras indígnes en el Valle de Tarnero. 1593-1.810.

(15) Derecho Colonial venezolano. GARCIA CHUECA. Hector. 1.952. Vol 3. Pag. 93,

(16)Boletín del Archivo General de la Nación. 1948. Nº 212. Pag.170.

(17)AHCM. Actas del Cabildo de Caracas 22 de julio de 1.658. O-XIV. Fol. 188. V. En Act. Ccas. X, pp 86-87.

(18)Archivo Catedral de Málaga (ACM) Legajo 41

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Publicado el junio 15, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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