La Fiesta de Moros y Cristianos de Benamahoma del año 1.935.

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Zahara y lo que después se conocería como Señorío de las Cuatro Villas (Ubrique, Benaocaz, Villaluenga, Grazalema, y los anejos de Benamahoma y El Bosque) fueron los territorios que durante más tiempo constituyeron la frontera entre el reino cristiano de Castilla y el Nazarí de Granada.

Los constantes enfrentamientos e incidentes de frontera, dejaron un hondo recuerdo entre sus habitantes base de las Fiestas de Moros y Cristianos, que estuvieron muy extendidas por los territorios del antiguo reino integrados hoy día, en las provincias de Granada, Málaga y Almería,

El aspecto teatral de la fiesta al que eran tan aficionados los españoles, la reafirmación del carácter religioso y católico de la comunidad, que los españoles consideraron históricamente como elemento definitorio del carácter nacional, frente a los enemigos tradicionales de la monarquía hispánica (moros, turcos y protestantes), y la afición a las escaramuzas o batallas con las que debían ejercitarse las milicias locales constituidas a partir del gobierno del Cardenal Cisneros y de Felipe II, hicieron que estas fiestas gozasen de un gran predicamento en la tierras del Reino de Granada, de las que Benamahoma constituía, ya bajo dominio cristiano, su última frontera oriental.

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Tomás García Figueras

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Aunque el carácter inmemorial de la fiesta se encuentra presente en Benamahoma, en cuya celebración concurren elementos propios de las celebraciones del S, XVI, no será hasta 1935, cuando tengamos las primeras noticias escritas de la mano de Tomás García Figueras  (1892-1981); militar, político, escritor e historiador, que consagró buena parte de su vida intelectual a la investigación de temas africanistas.

En 1.935, este jerezano fundador del Ateneo de su ciudad natal, visitó Benamahoma durante las fiestas de San Antonio de Padua, atraído por la influencia que el Magreb ejercía durante esos años, en la Fiesta de Moros y Cristianos de la localidad huertana.

El testimonio quedó recogido en un artículo publicado en la revista “África”,  uno de cuyos ejemplares se conserva en la Biblioteca Nacional, y que  nos permite conocer la forma antigua o tradicional de su celebración.  El artículo dice así:

 

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“Benamahoma es una pequeña aldea de 800 habitantes, anejo del Ayuntamiento de Grazalema, y perteneciente como este, a la provincia de Cádiz, Su situación geográfica es bellísima. Recostada en la falda de la Sierra del Pinar, en la que se encuentra el pico del San Cristóbal (1651 metros), rodedada de altas cimas cubiertas de arbolado, naciendo a su planta el Majaceite, que por cauce anejo al Guadalete, va a unirse a él, en la llamada “Junta de los Ríos”, con sus casas blancas perdidas las aristas por las capas superpuestas de cal, sus calles, sus huertas, sus industrias típicas de sillas y caldererías, recogido y acogedor, da como otros tantos poblados de Andalucía y de Marruecos la impresión de una aldea de Nacimiento.

Cuando se va a Benalmádena desde El Bosque, por una carretera descuidada, a pesar de ser reciente, el paisaje es bellísimo. El camino va en zigzag por la falda asomándose por la izquierda al cruce del Majaceite que  se desarrolla en la profundidad del Valle. Benamahoma, como Ubrique, como Xauen, reservan la belleza de su aparición en el cuadro magnífico de una naturaleza exuberante, hasta el último momento.

Esa impresión natural de aislamiento y de paz ha estado favorecida hasta hace pocos años por, y aún lo está en la actualidad, por la falta de comunicaciones. Existe, aún sin concluir, la carretera de El Bosque al puerto de Montejaque, pasando por el Puerto del Boyar y Grazalema; se enlaza así Benamahoma por el norte por la línea general Jerez-Ronda y por el Sur con la  de El Bosque-Arcos de la Frontera-Jerez. También, con la que por el Puerto de las Mesas, a más de 1.000 metros, dominando el alto curso del Guadalete, ha de unir Grazalema con Zahara, poblado así mismo de tanto abolengo árabe.

 

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Benamahoma, celebra tradicionalmente sus Fiestas de Moros y Cristianos, el día 13 de junio, día de San Antonio, Patrono de la aldea, es curioso hacer observar, en primer término, que esta fiesta no se celebra en ningún otro sitio de la Serranía de Cádiz, pues aunque en Benaocaz hacen también fiestas ruidosas con ocasión de su patrón, no tiene el carácter de fiesta de Moros y Cristianos. Puede decirse por ello, que  seguramente Benamahoma el lugar más suroccidental de España donde esta fiesta se celebra.

En estas notas no vamos a hablar sobre su origen (por otra parte absolutamente desconocido para la aldea que se limitan a decir que como aquella población la tenían los moros y pelearon en él con los cristianos, la fiesta tiene un significado remoto y confuso de recuerdo de una aldea  donde por otra parte desde el nombre hasta las costumbres tantos recuerdos en efecto se conservan); tampoco vamos a esbozar siquiera el estudio de muchas cuestiones que se plantean, (¿ Se ha ido perdiendo la costumbre de celebrarlas en otros pueblos de la serranía y ha quedado solo en Benamahoma por su aislamiento derivado de su situación geográfica, o solo se celebraba allí desde su origen? ¿Qué relación existe entre ella y las fiestas de otros pueblos de Almería y la Mancha? ¿Cuáles entre estas fiestas y las análogas de diversos lugares de levante?)

 

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Quizás en alguna otra ocasión intentaremos aportar datos que sirvan para el estudio de estas cuestiones, hoy queremos limitarnos a dar una impresión lo más exacta y sencilla que sea posible de la Fiesta, despojándola de cuanta aportación erudita o comentario reflexivo pudiera minorar su encantadora sencillez. Quisieran ser estas notas, un documento que refleje sencillamente como es hoy la Fiesta de Moros y Cristianos de Benamahoma.

No hay, ya lo hemos dicho, recuerdo documental de su origen: la tradición popular la hace remontar a siglos. Los viejos de hoy en día oyeron contar siempre a sus abuelos, que esto era así de siglos, de cuando echaron de allí a los moros. Por causas diversas no se ha celebrado, sin embargo, todos los años; algunos (ya nos referiremos a ellos más adelante), en nombre de la pureza religiosa; otros por una interpretación absurda y sectaria del laicismo que quiere ser indiferencia respetuosa, y se ha transformado entre nosotros en violencias, intransigencias y persecuciones. A nombre de ese laicismo, la fiesta ha estado sin celebrarse desde 1.930. Ello, y el ser verdaderamente tradicional, y estar incorporado al más hondo sentir de ese poblado, justifica el entusiasmo que su celebración había despertado este año.

La Fiesta se desarrolla del modo siguiente. El día 13 de junio por la mañana se celebra una misa en la ermita de San Antonio, situada en la parte más alta del pueblo; acto seguido se saca procesionalmente al Santo que es el Patrón de la aldea. La procesión no puede ser más modesta: un estandarte, un paso pequeñito como la imagen, que los hombres llevan cogidos por las andas, y unos músicos. Desde la salida, delante de la procesión, y en servicio de descubierta, van los cristianos protegiéndola, los moros esperan emboscados.

 

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Muy cerca de la explanada de la ermita y al comenzar la calle de San Antonio, tiene lugar el primer encuentro. Los cristianos al frente de la procesión, van desde su comienzo gritando, como en ojeo: ¡Cobardes! ¿Dónde estáis? Salid traidores, no esconderos, gallinas… etc., En el primer encuentro los moros surgen de repente, saliendo de los lugares donde estaban emboscados; se empeña la lucha, gritos, denuestos, insultos…Los capitanes de ambos bandos se adelantan, cruzan los sables, se baten, luchan cuerpo a cuerpo, animados por los gritos de aliento de los suyos, caen abrazados, entonces gritan: ¡hijos míos ayudadme! Y las escopetas de ambos bandos disparan al aire. Los moros han quedado vencedores y son los que marchan ahora delante del Santo defendiéndolo.

Los cristianos que van delante de ellos en retirada les gritan: ¡antes peleabais por matarlo y ahora por defenderlo!; las voces de los dos bandos son ensordecedoras: ¡mío, mío! Gritan en triunfo los poseedores del Santo.

Ya ambos grupos no pierden el contacto durante el recorrido, que se hace por toda la calle del San Antonio, pero cada 40 ó 50 metros, son trechos convencionales, repiten la lucha en la forma descrita haciendo lo que ellos llaman guerrillas, que terminan con las descargas de los dos bandos en poder de los cuales va quedando alternativamente, el Santo.

 

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Asimismo continúan  el recorrido por parte de la calle Real, y a la mediación de éste, en la plaza del pueblo, se dan por terminadas las guerrillas quedando, como primer día, el Santo en poder de los moros que lo han ganado. Ese día no vuelve el Santo a su ermita; se tiene dispuesta una casas particular y allí se coloca  y queda guardado hasta el día siguiente. Precisamente esta costumbre y tal vez algunos abusos e irreverencias que se consentían con las imágenes en otros pueblos determinó la orden de prohibición de la Fiesta durante algunos años, rigiendo la Diócesis de Sevilla el Cardenal Spinola.

Cuando terminadas las guerrillas, el paso de San Antonio, se ha colocado en la plaza en espera de ser trasladado a la casa designada, los dos bandos de Moros y Cristianos, van haciendo prisioneros a los que han formado en el acompañamiento de la procesión para que cada uno, con arreglo a sus posibilidades y voluntad vayan pagando sus rescates, limosna que es invertida en ayudar a los gastos que ocasionan los festejos y en la compra de lo que se precise para la ermita.

El 14 de junio se celebra también la misa en la Ermita y al final de ella van a recoger al Santo al sitio donde quedó el día anterior, y del mismo modo, haciendo diversas guerrillas recorren la otra parte de la Calle Real para regresar al templo por la del Marqués de Estella. La última guerrilla tiene lugar en el mismo sitio en el que se había celebrado el día anterior la primera, quedando ya el Santo en poder de los cristianos que, al fin, lo han ganado. Lo entran en su templo y se da fin a la Fiesta de Moros y Cristianos.

 

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Daremos ahora algunos detalles sobre los elementos que en ella intervienen. Cada bando está compuesto por su capitán y seis soldados (es de suponer que este número sea variable dependiendo de los moros que quieran intervenir, y de la disponibilidad de trajes, armas, etc.,) Los capitanes llevan sables antiguos y los soldados escopetas de uno o dos cañones, estando provisto de gran cantidad de cartuchos con tacos. Ni los cargos de los capitanes ni de los soldados se vinculan en individuos determinados: los que intervienen en la organización de la fiesta los designan, variando cada año de unos a otros.

Los cristianos van vestidos, cuando pueden, con prendas de uniforme de nuestro ejército (el capitán por ejemplo llevaba uniforme de soldado con la gorra cuartelera; los que no disponen de ellas van de paisano y en mangas de camisa.

Los moros van todos vestidos con más o menos propiedad: pañuelos de seda de colores a modo de turbante y fajas, enaguas blancas de mujer transformadas en zaragüelles, y sobre todo (en ello se observa la influencia de nuestra reciente campaña militar de Marruecos), prendas de uniformes de Regulares, Mehalas, (capotes tarbuch), donde han servido algunos de los que intervienen como autores. Tal es la influencia y tal es la propiedad con que quieren hacerlo que el capitán de los moros en las fiestas de este año se había dejado la barba hace algún tiempo, con el fin de afeitarse y recortarla, llegado el momento de la fiesta, según la costumbres de los marroquíes.

 

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Y no son estas de la indumentaria, que se aprecia con claridad en las fotografías, las solas influencias que en ellos se observan de la campaña militar de Marruecos. La estancia en el país, su servicio en fuerzas indígenas (el capitán moro había vivido varios años en Melilla; algunos moros habían servido en fuerzas Regulares Indígenas) se manifiesta también en el lenguaje, Para la lucha no hay formula convenida, los denuestos, las imprecaciones, las palabras de desafío, son las que a cada cual se les ocurre; sin embargo, surgen entremezcladas algunas palabras árabes corrientes y mal pronunciadas que recuerdan la jerga pintoresca que tan magistralmente nos hablaba Murga refiriéndose a los renegados en sus Recuerdos Marroquíes y que todos hemos tenido ocasión de escuchar en Marruecos en las relaciones de nuestros soldados con la población Marroquí.

Cuando reposamos en el pintoresco lugar del nacimiento del Majaceite, antes de emprender el regreso, todavía se escuchan los disparos aislados que prolongan el eco de una Fiesta de tradición extraordinariamente pintoresca y que, con un poco de apoyo por parte de los entusiastas que en la región existen de sus bellas costumbres populares típicas, vería, a condición de arreglar debidamente la carretera de El Bosque a Grazalema, motivo de que las deliciosas y simpáticas huertas de Benamahoma se vieran concurridísimas con la ocasión anual de las Fiestas de San Antonio, su Patrono y de sus luchas seculares de Moros y Cristianos.

TOMAS GARCIA FIGUERAS.”

AFRICA. EPOCA SEGUNDA. AÑO . JUNIO DE 1935,

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Publicado el julio 27, 2015 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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