Las Tardes poéticas de Grazalema

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DESDE MI ALTOZANO

Las Tardes poéticas de Grazalema

Cándido Gutiérrez Nieto

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Queridos paisanos y paisanas. Un cordial saludo a todos.

Hoy vamos a hablar, de nuevo, de las llamadas Tardes poéticas de Grazalema. Bien es verdad que posteriormente han existido y, afortunadamente aún existen, las “Tardes literarias de la Villa de Grazalema” que van ya por la vigésimo primera edición, es decir 21 años. Pero anterior a ellas, en su germen, y con rasgos muy propios, estuvieron estas Tardes poéticas en las que participé siendo un casi adolescente. Como recordarán del programa dedicado a su inspiradora, Mª Victoria Gallardo, aquellas tardes existieron desde 1977 hasta 1990.

Iniciadas para conmemorar la dramática muerte entre nuestras piedras del niño (de 12 años) hijo mayor de Mª Victoria, la primera, aún como un acto privado, se celebra en el domicilio familiar de la calle san José. En convocatorias posteriores, poco a poco, aquellos encuentros fueron a más. En estos 13 años, durante tres días de los meses de agosto, se fueron reuniendo cada año un número cada vez más elevado e importante de poetas venidos de todos sitios que convirtieron el verano grazalemeño en una cita obligada. El hecho, tuvo tal importancia que la crónica del periódico ABC después de la celebrada en el verano de 1989, contabilizaba la presencia en esta historia de un número aproximado de unos 40 poetas. Entre ellos, entre los más afamados, además de Mª Victoria Gallardo y el padre Joaquín Carretero (como cofundadores de estos encuentros), estuvieron los poetas portuenses José Luis Tejada y José Ignacio Varela Gilabert; el poeta de Arcos Jesús de las Cuevas, la jerezana Vicenta Guerra, el sevillano Aurelio Verde o la porterrealeña Paula Contreras, junto al grazalemeño Juan Miguel Pomar y un numeroso grupo de poetas noveles (unos más experimentados que otros) de los que mencionaremos, también por su procedencia grazalemeña de una conocida familia, a Marisa Martínez Salas y Francisco Salas.

Pero en segundo término, y causa no menos importante, aquellos poetas fueron atraídos a estas Tardes poéticas por el amor e inspiración que les suscitaba Grazalema. Concentrada en la belleza y el carácter idílico de nuestro paisaje y nuestro entorno, tanto natural como humano. En los numerosos poemas que en aquellos años se recitaron en las múltiples sedes por los que fueron transitando aquellas Tardes (iglesias de San Juan, de la Aurora, mirador de los Peñascos o casa de la Cultura) Grazalema fue comparada, cientos de veces, con el paraíso en la Tierra. Un lugar ungido por la hermosura, que no dejaba indiferente a la sensibilidad humana y fue estímulo, una y otra vez, del lirismo de aquellos poetas. En términos populares esto sería como decir que estos poetas llegaron a Grazalema atraídos de forma especial por una  motivación innata, esencial  y sincera, como la que sienten las aves cantarinas cuando se encuentran en esas mañana de primavera en la frondosidad de un bosque o jardín; en el florecer de la vida en la naturaleza en un armonioso mundo, pleno y sublime, de paz.

 

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 .

Efectivamente, Grazalema en esos días, como coloquialmente decía Francisco Súnico uno de aquellos poetas, era el Parnaso, la morada de las musas o la patria simbólica de los artistas, patria que en la geografía imaginaria está instalada en el espíritu humano más puro; en las emociones y los sentimientos que necesitan con urgencia, como el gorjeo de esas aves, ser expresados.

 

Entre aquellos visitantes ilustres ya hemos nombrado a Jesús de las Cuevas, en el programa “Desde mi altozano” dedicado a los poetas de Arcos. Del ateneísta, fundador de las revistas Alcaraván y Platero poco más se puede decir que no dijéramos entonces. Su canto a Grazalema quedó recogido en este poema:

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¿Ay quien durmiera contigo,

mi Grazalema del alma!

¿Si hubierais visto la manta!

La medí y tenía las medidas exactas.

Allá por el San Cristóbal

la nieve era una muchacha.

.

Como sabemos, De las Cuevas, fue gran amigo de Juan Miguel Pomar, el llamado poeta del paisaje grazalemeño con quien se reunía con frecuencia en Grazalema para hablar y sentir la poesía, observando nuestro paisaje y nuestras costumbres. Aunque residió en Jerez, este poeta grazalemeño tuvo a gala haber compartido experiencias de estilo y amistad con otros  tan importantes como el insigne poeta, de la vecina Villaluenga, Pedro Pérez Clotet. Por muchas coincidencias, compartieron entornos vitales muy próximos, además de profesión (ambos eran abogados) y amor por la creación poética. Miembro de la Academia  de Ciencias, Artes y Letras San Dionisio de Jerez, Juan Miguel Pomar glosó la belleza de su pueblo con muchos extraordinarios poemas entre los que rescatamos este titulado  “Maravilla”;  del que obtenemos unos fragmentos:

 

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Juan Miguel Pomar

 .

Maravilla

de la naturaleza desnuda;

Del polifacetismo de todos los rincones.

Entreteje el paisaje la túnica

De todos los colores.

 

Maravilla de la sierra empinada,

estática en bellísimos gestos de danzarinas

que se lanzan al mar

luminosos y azul de los cielos.

 

Maravilla,

de melena de espuma del torrente que cae,

tan anciano y tan joven.

 

Maravilla,

de la soberanía de las águilas,

y de las catedrales milenarias de piedras

llenas de agujas plateadas.

 

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Sobre estos piropos a Grazalema, Paula Contreras, cofundadora (junto a Eduardo Gener Cuadrado) de la revista y grupo literario Madrigal, de Puerto Real (de gran proyección en Hispanoamérica) y autora de “Historia de un pueblo sin historia” y “laguna grande” dijo  que, a pesar de no haber nacido en Grazalema, cuando la vio por primera vez se sintió conmovida al creer ver algo propio, al sentirse en su patria  ante aquel pueblo que en el paisaje le sugería “parecer un nido bajo el alero”. Ella no vino a Grazalema sola ya que en su espíritu y memoria venía acompañada del grupo poético Madrigal. Hasta el punto que, en la décima edición en 1986, Paula ofició el homenaje que, tras su muerte,  se le rindió  al almirante Gener Cuadrado. Aquella sensible escritora nos regaló, durante años su presencia, adornada con sus relatos en prosa; dando lugar, a partir de  1993, a la creación del Concurso Escolar de Cuentos maestra “Paula Contreras”.

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Francisco Súnico Varela

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Y al hablar de Gener Cuadrado, en esta nómina de poetas marinos, en Grazalema tuvimos la representación permanente del gaditano Francisco Súnico Varela. Paco Súnico como le gusta que le llamemos en Grazalema, es un hombre sencillo, a pesar de su dilatada carrera militar como capitán de navio. Como poeta, entre sus versos, recogemos estos fragmentos del titulado “Ausencia en piedra” que le dedicó a Juan Miguel Pomar, en la edición de 1984.

 .

He subido de noche a los templos que esculpió la lluvia,

en su variable ritmo, como una amante el viento,

mientras corren como enamorados en el pinar del tiempo,

dejando entre las piedras congeladas su música,

y he visto la canción, compañero del verbo,

entre las claras huellas que dejó tu plática.

 .

Cambiando de ciudad, aunque desde la misma Bahía de Cádiz, desde El Puerto de Santa María, acudieron a Grazalema magníficos poetas que se multiplicaron y aportaron el mejor broche de calidad. Incluyendo al padre Carretero, también de origen portuense, aquel grupo estuvo conformado por Juan Ignacio Varela Gilabert y José Luis Tejada.

 

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Juan Ignacio Varela Gilabert fue académico de Bellas Artes de Santa Cecilia en El Puerto y de la San Dionisio de Jerez, así como numerario del Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz y de la Real Academia Iberoamericana de Cádiz y obtuvo diversos galardones literarios.

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Asiduo a nuestras Tardes poéticas a las que no falto a ninguna desde la tercera edición hasta el final de 1990, cantó extensamente a nuestra tierra. Del conjunto de poemas, rescatamos unos versos titulados “Décimas de Grazalema”.

 

I

Sierra del aire colgada,
Sin vértigos de la altura
¡como alardea de figura

por la nieve coronada
Bajo el agua alborazada
desde el nacimiento altivo
y en su caminar festivo
se enseñorea el valle
mientras se lleva de calle
el paisaje agreste y vivo

II

Empinada en su atalaya

Se afana por ver el mar;

Las cimas del pinsapar

Le están volando la playa.

Pero pone cruz y raya

A sus deseos vehementes

El cantar de los rientes

Desbordados manantiales;

Y olvida los litorales

Para soñar con sus fuentes

 

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Juan Ignacio Varela Gilabert

 .

Sobre el poeta José Luis Tejada hay tanto que decir que se diría aquello de “sobran las palabras”. Profesor universitario, miembro de la agrupación cultural Medusa, de la revista y grupo literario Platero, de la tertulia “El ermitaño”, creador del aula universitaria de poesía y autor de unas veintena de obras literarias y objeto de premios de gran prestigio, Tejada es un reconocido poeta andaluz, de los que se escriben con mayúsculas; encuadrado en la llamada generación de los 50. Toda una institución que su ciudad El Puerto de Santa María ha reconocido, tras su muerte, nombrándole un instituto de enseñanza secundaria, un paseo y una fundación. Presente en las tardes poéticas de Grazalema en los años 1980, 1981  y 1984. Leemos un poema dedicado, en la edición del homenaje, al grazalemeño Juan Miguel Pomar:

 

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José Luis Tejada

 .

Cuando muere un amigo, se nos para la vida.

Es como si dejáramos de latir un momento.

Como si un viento fuerte nos cortara el aliento

o algo por nuestra sangre reemprendiera la huida.

 

La muerte de un amigo nos da fuerte en el pecho.

Dejamos un instante de pensar y sentimos.

Recuerdas: la vez última que siempre estuvimos,

Lo que no hicimos, lo que pudimos haber hecho

 

Con él también nosotros un poco nos partimos,

Algo nuestro se lleva a su trasmundo.

Ya sólo su memoria nos lo amarra a este mundo.

Tragamos la saliva del dolor… y seguimos.

 

Recogida en su obra “cuidemos este son”, aquí van con aires flamencos, una soleares hiladas:

 .

El que quiere amar, ya ama,
quien sopla sobre el rescoldo
lo va convirtiendo en llama.

Descubrí que me querías.
Ni lo entendí al descubrirlo,
ni lo entiendo todavía.

Yo estoy durmiendo en el suelo
pa que mi cama no pierda
el hoyito de tu cuerpo.

Cada vez te quiero más,
y es que cada vez estoy
más cerca de tu verdad.

Y entre toda esta alegría,
sólo una pena sin nombre,
no poder llamarte mía.

Como su puerta crujía
me la dejaba entreabierta
hasta las claras del día.

Pa escribirte yo mi pena
tintero chiquito el mar,
poquito papel la arena.

 

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Aurelio Verde

 .

De un estilo poético similar tenemos también el recuerdo del poeta sevillano Aurelio Verde que en agosto de 1992 publicó la obra “cantar de la blanca deuda” dedicado a Grazalema. Su participación en las tardes poéticas viene desde 1989 y se repitió en varias ocasiones que quedaron reseñadas con versos como estos:

 .

¡Qué pregón el tuyo

sin decir palabra!

Te basta el poema

que hay en tu mirada

y los azahares

que de ti se escapan

y el jilguero oculto

que por tu garganta

dice cuanto dice

y sin decir nada.

 .

Por otra parte, la jerezana Vicenta Guerra, a partir de 1983, estuvo por primera vez en Grazalema y repitió media docena de ocasiones más. En todas ellas dejó huella de su vena sensible y de su fuerte impronta dirigida al público infantil. La autora de Algarabías. Poemas Infantiles y Cascabel que ha dado nombre reciente a una plaza de su ciudad natal, de Jerez, ha construido versos cortos titulado “Breverías”, como los siguientes: “Corazón lleno de amor/ no da cabida a la envidia/ ni le da sitio al rencor”; “Ya su hijo va prendío/ y lo van acondená/ La mare del Desamparo/ desamparaíta va”.

De los recitados en Grazalema recogemos un fragmento del titulado “”Tu recuerdo”

 

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Vicenta Guerra

 .

Cuando ya nada sea

y se imponga el silencio,

cuando todo haya sido

consumado en su tiempo;

el sol no me acaricie

y ya no sea mi verso,

aferrado a mi nada

estará tu recuerdo”.

 

Entre los poetas grazalemeños que participaron en estas Tardes hay que incluir de forma obligada a Francisco y Marisa Martínez Salas. Ambos, tío y sobrina, forman parte de una querida familia grazalemeña que recientemente ha recibido el duro golpe de la pérdida prematura de algunos de sus miembros entre los que precisamente se han encontrado estos poetas que aquí nombramos. Por lo que, además de mostrarle a su familia este gesto de afecto, quiero ofrecerles, aunque sea brevemente, un sincero homenaje y reconocimiento en nombre de todo el pueblo de Grazalema.

 

Marisa Martínez Salas, siendo una chiquilla adolescente, participó en la 5ª edición del año 1981. Su canto en la voz de una niña vino a expresar la síntesis con que ella definió a la poesía: “la poesía es el delirio, la enfermedad contagiosa, la risa alegre de un niño, el rumor de la cascada,…”. Y desde este sentimiento exaltado, expresó en esta estrofa cómo sintió el sueño de ser poetisa:

 

 

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Marisa Martínez Salas

 .

Era feliz, sentía en el alma

la paz serena que me llenaba.

Estaba viva.

Pero me hallaba en otra vida,

Con cuerpo y alma,

yo me sentía como volaba

en un universo de estrellas blancas,

mi fantasía desorbitada.

 .

Por su parte, su tío, el maestro de escuela Francisco Salas, participó en 1984 en la 8ª edición. Su participación pública como grazalemeño enamorado de todo los nuestro, además de estas Tardes poéticas, fue más amplia. Fue pregonero de la feria y fiestas de Grazalema y también participó dedicándole unos versos de bienvenida, en  el homenaje que Grazalema ofreció, el 22 de abril de 1984, al antropólogo inglés Julian Pitt Rivers (el autor de la obra universal escrita sobre Grazalema “Los hombres de la sierra”). Su poesía, la de Paco Salas, dedicada a las despedidas del verano, suena así:

 

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Francisco Salas Organvídez

.

Un viento fresco que indica

que el verano está pasando

y entró ya la madrugada

y el otoño está cercano.

 

En tanto en mi soledad,

miro, escucho, pienso, siento,

cosas que no acabarán,

que seguirán conviviendo.

Miro la luna bribona,

huelo un jazmín floreciente,

veo a los pinos que guardan

silenciosos a la fuente.

 .

Aunque quizás el programa se haya extendido algo más de lo deseado, aunque menos de lo que debería por lo que deja en el tintero, vamos a ir finalizándolo hablando del cofundador de las Tardes poéticas el padre Joaquín María Carretero. De erudita formación, el padre Carretero fue, además de sacerdote, doctor en filosofía por la universidad Complutense, profesor de filosofía y, como escritor,  miembro de la Academia Santa Cecilia de El Puerto. Autor de varios poemarios de motivos especialmente religiosos, destaca la obra “Navidad, 17 madrigalejos y otros poemas”. De él sacamos este bello poema titulado “Dentro y fuera”.

 .

Al aliento del buey y de la mula

Se va durmiendo el Niño de mi alma:

Dentro de este Portal todo está en calma

Y la luz de la estrella el aire azula.

 

Fuera de este Portal luz se anula

¡la luz, la luz, que al mundo inunda, ensalma!

Fuera de este Portal cruje la palma

Mártir del huracán que cerca ulula.

 

Dentro de este Portal la paz se adentra

Junto a José, al Niño y a María.

Fuera de este Portal sólo se encuentra.

 

La triste y negra noche dura y fría.

Dentro de este Portal quien entre, entra

De lleno en la mejor sabiduría.

 

 .

En 1992, año que el padre Carretero murió, se celebró en la Iglesia de San José un recital poético dedicado a su bondadosa persona. De ellos rescatamos aquí algunos fragmentos de los poemas que le cantaron. El primero fue presentado por Manuel Arjonilla  titulado “in memoriam”:

 

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Joaquín Carretero Gálvez

 .

Se te paró tu carro, Carretero.
Se quebraron sus ejes de cristales;
se rompieron sus ruedas, sus varales,
sus ansias de seguir por el sendero.

Tú eras, Joaquín, de carne, no de acero.
Bebías tu sed creando manantiales,
pescabas en el mar de los trigales
y orillabas la orilla del estero.

Tú conocías los bordes de tu herida
y sabías que la barca de tu vida
aproaba a una eterna singladura…

Y entonces viste al tiempo más pequeño,
y al querer ser más fuerte en el empeño
se te rompió tu carro en la aventura.

 .

Por su parte, Francisco del Castillo, publicó en la Colección de Poesías de la  Asociación de Belenistas de Jerez en la  Poética de 1992, este hermoso poema que recoge para siempre el valor del alma y la grandeza de aquel poeta y amigo:

 .

Madrigalejos… ¡Que lejos
el recuerdo de Joaquín!
Dijeron que un querubín
se los pidió. ¡Te los dejo!
Y los cantaron los dos
por los caminos de Dios,
llenos de sal y de esteros.
Y, siendo el Niño el primero
que el bello canto escuchó,
sonriendo, suspiró:
¡Las cosas de Carretero!

Finalizo, ahora sí, con una reflexión que, ironías de la vida, está sacada de una película inglesa titulada “El club de los poetas muertos”. En su argumento siete estudiantes de un colegio privado inglés conocerán a un profesor cuyas ideas sobre la vida les inspirará emprender la búsqueda de sus pasiones individuales a través del aprecio por la poesía.  El profesor John Keating en una secuencia de la película les habla a sus alumnos de esta manera:

“No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.”

 

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 .

Esta es la esencia de esa película y también como si se tratase de un guión previsto para cerrar este programa de hoy es la esencia de nuestras vidas, la tuya, la vuestra y desde luego la mía también.

Hasta aquí hemos llegado, y como siempre les doy las gracias por su interés y atención, queridos paisanos, grazalemeños y grazalemeñas, y les emplazo hasta el próximo encuentro, Dios mediante.

 

 

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Publicado el octubre 4, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Mª Jesús Heredia

    Excelente trabajo, Cándido. Enhorabuena.
    Este volver a vivir aquellas tardes poéticas me ha traído a la memoria a un poeta grazalemeño, Andrés Pérez Soto, más conocido como “El Sopa” con cuya amistad conté en mi juventud. No tenía estudios y sus escritos estaban llenos de incorrecciones pero su poesía era real, viva, sin artificios. Escribía lo que vivía.
    No recuerdo si llegó a participar en alguna tarde poética o si alguien leyó un poema suyo (quizá Paco Súnico con el que también compartía charlas y poemas) pero no quiero dejar pasar la ocasión de mencionarlo aunque poco tenía que ver con todas las personas ilustres citadas. Era una persona cualquiera que no encontraba su lugar en este mundo y decidió abandonarlo un buen día.

  2. Buen recuerdo, Cándido, y excelente crónica de la historia de las Tardes Literarias. Un referente cultural de Grazalema imprescindible. Yo participé en sus epígonos, pero pude compartir momentos y noches inolvidables. Muchas ilusiones las hacían posible, por puro entusiasmo. Un abrazo para todos. Manuel Barea Patrón Cádiz Date: Sun, 4 Oct 2015 10:33:13 +0000 To: inter_lingua@hotmail.com

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