La vida de un jornalero de Grazalema en 1.883.

 

 

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Grazalema 1957. Foto: Eugene Harris.


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Isabel Segundo Salas

Luís Ruiz Navarro

Diego Martínez Salas

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Corre el año 1883, y la Sierra de Grazalema es noticia diaria en la prensa nacional. El primer anarquismo andaluz que había arraigado profundamente en la sierra tras el fracaso de las expectativas puestas en la primera república, no ve otra salida a las duras e injustas condiciones de vida de los jornaleros que la violencia. Es el tiempo de la Mano Negra. Fenómeno que sabemos fue sobredimensionado por las autoridades del gobierno, para justificar, por incitación de las oligarquías jerezanas, una dura represión que frenara la expansión del primer movimiento obrero andaluz, y garantizase la regular recolección de las cosechas y la sumisión de los jornaleros; obviando cualquier otra medidas de justicia social o de transformación de los elementos estructurales que motivaban la miseria de la gran mayoría de los habitantes del interior de la Provincia de Cádiz.

Ante la campaña general de desprestigio que se estaba realizando en la prensa nacional, para justificar la represión, el periódico republicano El Globo, publicó el 6 de Marzo de 1883 un interesante artículo que nos da un vivo retrato de la vida de los jornaleros grazalemeños durante el periodo que va desde 1.850 hasta la década de los años cuarenta del S. XX.

Transcribimos el texto original interpolando entre corchetes el significado de algunos términos agrícolas que utiliza su autor y que hoy resultan desconocidos para una sociedad cada vez mas urbana y alejada de los campos y su faenas:

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“El año para las faenas de campo empieza el día de San Miguel, es decir,  el 29 de Septiembre, con los cohechos, que es alzar los barbechos para la siembra, ganando los gañanes veintiún cuartos y la comida, que no es como la de esa fonda que llaman de Fornos, (Fornos  era un famoso y lujoso café de Madrid situado en la Calle Alcalá) sino que se reduce a una telera de tres libras de pan por barba, (Pan grande y de forma ovalada que solían comer los trabajadores), una panilla de aceite (medida antigua del aceite equivalente a 0,1259 litros) para cada diez hombres, sal y vinagre.

Con esas tres libras de pan y los avíos, se hacen tres gazpachos; dos calientes para por la mañana y por la noche, y el otro fresco para el medio día.

Antes del alba dice el aperador: “alabao sea Cristo” y se pone derecho todo el mundo y salen los hombres de la gañanía y echan mano a los arados, que no sueltan hasta puesto el sol, a excepción de los dos ratos para almorzar y comer, y unos momentos de descanso para echar un cigarro.

 

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El jornal de veintiún cuartos dura hasta primeros de Noviembre, que se empieza a sembrar y entonces ganan tres reales o tres y medio, andando más deprisa, las más de las veces calados hasta los huesos, madrugando más y retirándose de la besana (surcos hechos por el arado) cuando ya no se ve. Cuando llegan al cortijo les espera un gazpacho caliente, una gañanía llena de humo da boñiga (que es la leña que aquí se usa y Dios lo libre a usted de respirarlo, y unos poyos de piedra donde tienden una esterilla por toda cama y una mala manta por todo abrigo.

Acaban la sementera el 15 ó 20 de Diciembre y entonces los despiden a casi todos, no quedando más que un número muy reducido para hacer los barbechos, y desde esa temporada hasta que empieza la era en Junio, no encuentran esos hombres trabajo seguro, más que alguna que otra peonada de escarda (limpieza de lo sembrados eliminando las malas hierbas) y se preparan los terrenos para la siembra.

Es decir, que han trabajado noventa días, ganando, pongamos el máximun, 3 reales, que hacen 278 reales, con los cuales han de pagar la casa, comer, calzarse y vestirse él y su mujer y sus hijos durante nueve meses.

 

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Foto: josé Manuel Amarillo Vargas. Campo de Tagarninas

 

 (…)

Es aún mayor la desgracia de los pobres gañanes, que son en gran parte de Grazalema, Ubríque, Benaocaz, Arcos y otros puntos, y están separados de sus mujeres y de sus hijos toda la temporada de trabajo.

Me preguntará usted, señor Olías, qué hacen esos hombres durante los meses de parada, Se lo diré a usted. En ese tiempo han nacido silvestres las tagarninas (no crea usted que me refiero a los cigarros del estanco, (se llamaban por mofa tagarninas á los cigarrillos malos y fuertes que el gobierno ponía de venta en los estáncos), sino a lo que ahí llaman cardillos, y los espárragos trigueros y muchos se ocupan con sus familias en cogerlos para venderlos en el pueblo, con lo que ganan unos cuartos que no les alcanzan para pan; y comen esas mismas tagarninas, cocidas con agua y casi siempre sin aceite; nunca es para ellos el sabroso y envidiable rancho de tocino y garbanzos del presidiario.

 

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Foto: josé Manuel Amarillo Vargas. Campo de Tagarninas

 

 

Otros se dedican a segar yerba, y cuando han podido llenar un saco con tres o cuatro arrobas, a fuerza de trabajo y ocultándose de los guardas, que les persiguen como ladrones, se lo echan a cuestas y salen por pies a venderlo al pueblo por dos ó tres reales.

Algunos sé meten a cazar, y como no tienen coto, ni tierras propias, ni aun licencia de escopeta andan casi todo el tiempo escondiéndose de la Guardia Civil, de los guardas y de todo el mundo, acabando muchos en presidio.

 

Varios, por último, se van a las cañadas a rozar (cortar leña menuda) un poco de monte bajo para hacer picón, que acarrean sobre los hombros una legua o dos, molidos, calados y desesperados, para ganar una peseta con que matar el hambre de que rabia en cueros su familia.

 

(…) comprenderá usted si esos  gañanes que sufren tan espantosa miseria en los tiempos de huelga, no serán materia dispuesta para alistarse en el banderín de cualquiera que le predique las mayores locuras, si con ellas le prometen comida y ropa para sus criaturas, que se van muriendo consumidas por la necesidad.”

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Foto: jose manuel amarillo vargas

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Aunque el artículo nos sitúa en el año 1.883, más de uno de los grazalemeños que lean estas líneas se verá reflejado en el mismo, durante tiempos no tan lejanos.

Francisco Menacho Fernández Menacho fue uno de los últimos jornaleros que junto a los hermanos “pulios”: Gregorio, Cristobal y José , Juan de Dios, Vicente “el chaneca”, Francisco “el Papera”, Juan Fernández “el gordo de la Jurrela”, José Antonio “el argolla”, Antonio “el alejo”, “el rubio”, “el churrero”, “el feito”, Juan Vega, Rafael “el de la huerfana” y Fernando “el palmero”, acudían durante los años de la posguerra a los cortijos de la campiña jerezana propiedad de aquellas familias oriundas de Grazalema que tras el hundimiento del negocio de las mantas y paños los habían ido adquiriendo a lo largo del S. XIX. Aún se recuerdan los nombres de los cortijos de “el Barroso” de Gabriel Mateo, “el Barrosillo” de José María Mateo, “Cortijo nuevo” del Niño de Oro, o “el Olivillo” de Pérez Lunas.

En el citado texto, se ve con claridad como la alimentación del Jornalero se basaba en el pobre Gazpacho caliente; plato que tiene su origen precisamente en estas gañanías donde los jornaleros malvivían durante sus trabajos.

 

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Durante la vendimia en el cortijo de “el barrosillo”. En la foto aparecen los grazalemeños: Juan Fernández, Jeromo el de la Pepilla, El rubio de la Corla, y el hijo de la ciega. De otros lugares pero compañeros de faena: el Chato de Arcos, el Tito de Casas Viejas, y el Calvo de Jerez.

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En Grazalema el gazpacho caliente era conocido como “Gazpacho de San Miguel por ser este el día en que comenzaba tradicionalmente el año agrícola, se pagaban y concertaban los arriendos de las fincas y comenzaba el particular viaje de los jornaleros grazalemeños a los cortijos. La receta de este “meneao”, como también se le conocía nos la ha preparado la grazalemeña de Chiclana, Isabel Segundo Salas, hija de Antonia Salas Fernández y que transcribimos a continuación, conforme a la fórmula tradicional algo olvidada, quizás por los malos recuerdos a los que iba asociado este plato.

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Gazpacho de San Miguel o “meneao” de Grazalema

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Ingredientes

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1 pimiento de los pequeños.

3 tomates.

2 ajos.

1 pimiento rojo de los gordos.

1 pimiento verde de los gordos.

Sal y pan de Grazalema.

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Elaboración

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Se ponen a asar los dos pimientos gordos, para tenerlos preparados. Luego se pone los tres tomates a hervir, cuando lleve un ratito se le añade el pan; nosotros le pusimos media pieza de pan de Grazalema. Mientras tanto, se trituran los dos ajos, el pimiento pequeño y la sal, hasta que quede hecho caldo.

Cuando tengamos los pimientos asados y frío, los pelamos y hacemos tiras.

En el pimiento y los ajos que hemos triturado, ponemos los tomates que hemos hervido y el pan escurrido, lo mezclamos todo muy bien, deshaciendo un poco el tomate; luego añadimos trozos de pan seco, le echamos un poco de aceite, le hacemos con el machacador agujeros para que el aceite penetre por el pan, le ponemos las tiras de los pimientos que hemos asado y lo tapamos un ratito, con papel de aluminio, antes la gente lo tapaba con un paño, y listo para comer.

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Nuestro agradecimiento a Francisco Menacho Fernández Menacho por los nombre de algunos de los últimos jornaleros y los restantes datos con los que hemos podido ampliar el presente artículo

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Publicado el junio 2, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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