Lacilbula. La Grazalema Romana

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 Bronce de Audita

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Diego Martínez Salas

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Cuando los romanos ocuparon las sierras de Ronda y Grazalema, tras el fin de la Segunda Guerra Púnica en el año 201 a. de C, se encontraron con una comarca ocupada por los Turdetanos. Este pueblo conocido por los griegos desde la antigüedad como Tartesos, eran un grupo étnico diferente a los Iberos y Celtas con los que mantenían profundas diferencias culturales y lingüísticas, ocupando el territorio que más tarde será bautizado como “Baética”.

Estos Tartesos, Turdetanos o Túrdulos como también se les denomina, mantuvieron desde antiguo una profunda relación primero con los griegos y más tarde con los fenicios. Griegos y romanos lo consideraban el pueblo más cultivado de Hispania. Estrabón (64 a.C – 19 d.C.) escribía en sus Crónicas:

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“…los turdetanos, herederos de los Tartessos, son de costumbres dulces y cultivadas, tienen fama de ser los más cultos de entre los íberos, poseen gramática y escritos de antigua memoria, poemas y escritos en versos que ellos dicen de 6000 …”

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La sociedad turdetana era eminentemente urbana, algo excepcional para la época.  Polibio  (200 a. C. – 118 a. C.) dice que la integraban más de 200 urbes, y tenemos noticias de que en la sierra se organizaban en las siguientes ciudades: Iptuci (entre El Bosque y Prado del Rey), Acinipo (junto a Setenil, en el término de Ronda), Arunda (Ronda) Ocurri (Ubrique),  Saepo (Cortes de la Frontera), y Lacilbula (Cortijo Clavijo-Grazalema).

 El desarrollo urbano de la Sierra y del curso alto del Guadalete  fue tal que aunque el número de sus urbes no llegará a alcanzar la alta densidad que tuvo el del resto de la Baética, superaba, a la que tenían los territorios de las actuales provincias de Granada y Almería.

 

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Uno de los puentes romanos que jalonaban la vía romana de Lacilbula a su paso por la rivera del Gaidovar

 

Lacilbula o Lacildula. El problema del topónimo.

 

Ptolomeo la mencionó en su monumental Geographia (II, 4, 9) como Lacibis, adscribiéndola a la Turdetania. Sin embargo, no será hasta el hallazgo de los primeros textos epigráficos latinos, (Ptolomeo escribió la Geographia en Griego) cuando aparezca como Lacilbula.

El nombre parece que proviene de la union de la raíz “Lac” (bosque?) muy frecuente en la zona meridional prerromana (Lacipo, Lacca, Lacuris, Lacimurga, Laccobriga), al que se uniría el elemento “il”, igualmente frecuente, y finalmente la terminación “ipula”, (ciudad pequeña), dando como resultado Lacilipula, que  por una síncopa vocálica, se transformaría en Lacilpula, y finalmente en Lacilbula o Lacildula, al sonorizarse la “p” en  “b” o “d”. (1) Otros autores, de una forma un tanto más aventurada  apuntan a que su nombre aludiría al rio Cilbus, mencionado por Avieno en el año 310, y que algunos identifican con el Guadalete que pasa por sus inmediaciones o con el Salado de Conil. (2)

Sea cual sea el origen del topónimo, lo cierto es que desde  la aparición de las primeras inscripciones del S. XVIII, se le conoce como Lacilbula. Sin embargo, recientes análisis sobre la inscripción que sirvió al epigrafista alemán Hubner para asignarle a la población el nombre de Lacilbula han podido determinar que lo que Hubner interpretó como una “B”, muy deteriorada en la inscripción, era en rigor una “D”, lo que llevaría a la necesidad de rectificar el topónimo como Lacildula. En todo caso la antigüedad del uso de la antigua forma y el peso del monumental Corpus Inscriptionum Latinarum, del arqueólogo alemán, verdadera biblia de los romanistas, parece que perpetuará el uso de Lacilbula. (3)

 

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Restos de hormigón romano de las murallas de Lacilbula

Localización de Lacilbula.

 

Tras la pacificación de la Bética, los romanos desistieron de destruir y despoblar el territorio de la Sierra para fundar nuevas Colonias, optando por conservar  las ciudades prerromanas, manteniendo a la población turdetana, a la que sometieron a un profundo proceso de asimilación.

No existen dudas sobre la ubicación de la antigua Lacilbula dentro de la comarca natural de Grazale­ma. Su identificación fue posible, gracias a la temprana aparición  en la ribera del Gaidovar de numerosos restos romanos, así como al fundamental hallazgo en sus inmediaciones de varias inscripciones donde se menciona a su Ordo o Senado municipal como lacidulense o lacibulense (CIL 1342 y 5409).

La ciudad o urbs propiamente dicha, parece que se situaba en los terrenos del actual “Cortijo de Clavijo”, en los que se evidencian los restos de algunos lienzos de sus murallas de hormigón romano y de numerosos sillares que delatan su empleo en algunos de sus edificios municipales.  Cercano a ella, se encuentran su necrópolis en la llamada “Cañada de los Molinos”. Sin embargo, poco más sabemos de la ciudad, al no haberse realizado en ella ninguna intervención arqueológica hasta la fecha.

 

La urbs y el ager lacidulense.

 

Roma carecía de un cuerpo administrativo que garantizase el control de los nuevos territorios. Dicho control, y de ahí deriva el éxito del imperio, se realizaba a través de la delegación de todos los aspectos del gobierno romano en las instituciones municipales en que debían de organizarse las ciudades prerromanas tras su pacificación y progresiva romanización. A cada municipio se adscribía además un “ager” o territorio, que dependía de la municipalidad residente en la “urbs”, y que era dividido y distribuido en centurias. El ager, así dividido era explotado por el sistema de Villas, creación romana antecedente de nuestros tradicionales cortijos, que en muchos casos se asientan físicamente en su mismo solar.

Los límites del Ager o territorio de Lacilbula quedarían fijados por los correspondientes a las ciudades de Acinipo (Setenil-Ronda) al norte, Arunda (Ronda) al este, Ocurri (Ubrique) al sur e Iptuci (El bosque-Prado del Rey) al oeste.

Dentro de estos límites se han podido constatar arqueológicamente numerosos asentamientos que se recogen en el “Inventario de los yacimientos arqueológicos y lugares de interés histórico y etnográfico de la Sierra de Grazalema”  y que enumeramos en las notas del presente artículo. (4)

Junto a estos yacimientos inventariados por M. Toscano San Gil y dentro de la zona de influencia de la actual Grazalema, existen evidencias de la presencia romana en:

-Peñón de Audita, en la que probablemente existió un oppidum o fortificación prerromana en la que se establecería una pequeña guarnición romana que controlaría por su posición estratégica las distintas ciudades de la sierra y la seguridad de los caminos.

 

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Restos de un bastión del Peñón de Audita

 

-Cañada de los Molinos,  probable necrópolis de la ciudad.

Ribera del Gaidovar, valle que se abre en el cauce alto del Guadalete y que es atravesado por la calzada o vía que partiendo de Lacilbula y pasando por la necrópolis de la Cañada de los Molinos sigue hacía Ocurri (Ubrique), y en cuyo trazado se pueden encontrar varios puentes para salvar los cursos de agua, así como algunos cortijos y fincas donde se han encontrados elementos como ladrillos, tégulas, lápidas, piedras de molino, capiteles, restos de aras etc,, de las Villae romanas que precedieron a los actuales asentamientos.

-Grazalema. Donde se evidencian los restos de una vía en dirección a Lacilbula, y donde se han encontrado los restos de un posible miliario en Viña Candil, a escaso kilómetro y medio de la población. Ya en el mismo pueblo se aprecian varias fuentes de origen probablemente romano, así como material de acarreo constituido por  columnas y  sillares procedentes de la pars urbana de una probable villae.

Viña del Moro dentro del Pinsapar, donde se han constatado los restos de una necrópolis romana.

Y todo ello pendiente de la necesidad imperiosa de acometer un programa sistemático de intervenciones arqueológicas en estos y otros lugares del término municipal.

 

Las vías de comunicación

 

Desde Lacilbula partía una vía hacia el norte que la conectaba con Acinipo, y que permitía llegar a Antikaria (Antequera) y Corduba (Córdoba) atravesando Cañete la Real, Almargen, y Teba.

Hacia el oeste aunque no existía vía alguna, se aprovechaba el propio cauce del Guadalete, hasta las ciudades de su cuenca.

Hacía el sur de Lacilbula, la vía atravesaba la ribera del Gaidovar, la Manga de Villaluenga y Benaocaz,  hasta llegar a Ocurri (Ubrique), donde conectaba con la vía que llevaba a Carteia en la actual bahía de Algeciras, utilizando una ruta que probablemente existiera con anterioridad a la llegada de los romanos a la península por tratarse de un pasillo natural que comunicaba los valles del río Guadiario y Guadalete, uniendo el campo de Gibraltar, con la Sierra y la Alta Andalucía.

 

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Vestigios de la antigua calzada Lacilbula-Ocurri a su paso por la Rivera del Gaidovar

 

Del paso de esta vía por el término municipal de Grazalema, en la  ribera del Gaidovar se conserva parte de su trazado, varios puentes, alguna alcantarilla, y trazas de posibles conducciones de agua, etc.

Si observamos estas vías, veremos que su trazado, materiales, anchura y desniveles, no coinciden con los cánones que se nos han transmitido de las calzadas romanas por la lectura de los libros de Vitrubio y que las idealizan como caminos rectos, de escaso desnivel, firme plano y de una anchura suficiente para permitir el paso de carruajes. Esta discordancia hizo que durante muchos años estas vías fuesen consideradas como medievales, pues su uso continuado hasta bien entrado el Siglo XX, hizo que fueran objeto de continuas reparaciones en la Edad Media y Moderna, lo que pudo alterar su configuración originaria.

No podía admitirse a nivel teórico una vía romana, que en algunos de sus tramos llegase a tener tan solo 1.5 metros como de hecho ocurre con la vía presuntamente medieval existente en la salida de Grazalema. Estos prejuicios, olvidaban el carácter eminentemente práctico de los romanos, que se adaptaban al terreno, y a los materiales existentes a la hora de construir sus vías. La necesidad siempre impone su razón y si era necesario llegar a un lugar de difícil acceso con mucho desnivel, estrechez e incluso sin pavimentar, igualmente se construia la vía, aunque esta no permitiese el uso de carruajes. Pensar lo contrario, no solo va en contra de la realidad histórica sino que resulta absurdo, pues transforma el método constructivo en un fin en sí mismo.

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La vía en el Cortijo Clavijo. Foto de Francisco Diánez Guerrero

 

Ante este panorama, la asignación del carácter romano de los viejos caminos medievales existentes en la Sierra, ha venido determinada modernamente por la adscripción romana de las poblaciones a las que la vía servía de comunicación. Así la vía entre Ocurri y Lacilbula sería romana, mientras que la vía que une el caserío de Grazalema con la anterior en la ribera del Gaidovar, a través del Cortijo Viña Candil a tan solo 1.5 Km de Grazalema sería medieval por no ser su caserío romano. (5)

Pero si observamos el asentamiento de la actual Grazalema dominando el valle del nacimiento del río Guadalete, sobre una amplia meseta en las estribaciones de la Sierra del Pinar; resulta más que lógico pensar que dicho territorio del ager de Lacilbula fuese objeto de explotación agrícola y ganadera por alguna Villa, que allí se asentara, cuyos propietarios acometiesen el acondicionamiento de una calzada que conectase su explotación con la vía Lacilbula-Ocurri. La inexistencia de excavaciones no ayuda a investigar esta hipótesis, pero la aparición de un posible  miliario en la finca Villa Candil a las afueras de Grazalema, durante las obra de consolidación de la calzada durante el año 2001, romaniza el trazado del ramal que se dirige directamente a la actual Grazalema.

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Posible Miliario en Villa Candil. Foto: José Luís Amarillo Vargas.

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A favor de esta tesis contribuye igualmente la evidencia en el casco urbano de la reutilización como material de acarreo de un par de columnas romanas y algunos sillares monumentales, así como la presencia de varias fuentes que presentan una serie de caras esculpidas que suelen adjudicarse al periodo Visigodo, pero que por sus rasgos arcaicos próximos a otras producciones prerromanas podrían deberse a artistas indígenas al servicio de la Villa, hecho constatado abundantemente en toda la península.

 

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Tramo de la calzada de Grazalema

 

Finalmente el carácter romano de la actual Grazalema parece confirmarse por algunas fuentes árabes como las Crónicas de Ar-Rand-Al Mitar, que al hablar del traslado de la capital de la cora desde la ciudad de Kalsana a Saddina (Grazalema) expresaba que se trataba de una:

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 “… ciudad muy antigua en la que subsisten ruinas protegidas por rampas naturales y muy fortificada, de modo que resulta difícil para cualquier ejército atacarla o sitiarla. Tiene aguas corrientes procedentes de fuentes abundantes, que se vierten en un torrente que acciona molinos…” (6)

 

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Lacilbula a principios de la Era Cristiana. El Broce de Audita

 

El primer texto epigráfico referente a Lacilbula fue el famoso Bronce de Audita. El erudito y coleccionista ilustrado don Juan María de Ribera, en su obra “Diálogos de Memorias Eruditas para la Historia de la Nobilísima Ciudad de Ronda”, cuenta como:

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“En la falda del Peñón de Audita en el Valle de Santa María, legua y cuarto de Grazalema, tres cuartos de legua de Ronda, una y media de Zahara, media de Montecorto, un sirviente de D. Juan Miguel Chacón, Cura de Grazalema, halló por agosto de 1766, una plancha de bronce vaciada, algo mayor que una cuartilla de papel, con el grueso de un peso mejicano: conócese faltarle la mitad, y por la parte superior indica fractura y menoscabo de alguna pequeña parte: está toda escrita, las letras en fondo, a golpe de sincel: en el medio de dicho Peñón hay un Algibe, y en la falda á la parte del Mediodía vestigios, y ruinas de población fantigua. Se halla dicha plancha en el museo del autor y su contexto en esta conformidad” (7)

  Anno . Cn(ei) Cinnai Magn [I L(uci) Mesallae Volesi co(n)s(ulum)]K(alendis) Novembris [—?] Q(uintus). Marius. Balbus. Hosp[itium fecit cum] populusque [lacibulensi sibi] coru[m cosque liberos] cor[um in fidem] Clientelamq [ue suam liberorum] Posterorumq [ue suorum recepit] eg[erumt leg(ati)] M(arcus). Fabius [—] M(arcus). Manilius [—] P(ubius). Cornelius [—] C(aius). Fabius [—] (8)

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Siguiendo literalmente al historiador lacilbulense Fernando Campuzano diremos que: “…Se  trata de un Tratado de Hospitalidad o “Tabula Hospitii” del 18 de Octubre del Año 5 d. C., entre Quinto Mario BALBO y la ciudad de LACILBULA y la autorizaron cuatro legados. Por este acuerdo la ciudad entra en la “fides” y clientela del “hospes”, adquiriendo este (de la familia de los Balbo),una posición de Patrono respecto a la ciudad.

Con estos Tratados los pueblos, comunidades o ciudades auctóctonas-indígenas buscan la  protección de personajes poderosos, ricos, con altos cargos públicos en la administración romana e influencia en esta para sacar provecho o beneficio”. (9)

Estos pactos se grababan en una pieza de bronce y se fijaban en las paredes de los “Tabularium” o dependencias donde se guardaban los documentos y las restantes leyes municipales. Junto a estas Tesserae, que podían tener una gran tamaño, se realizaban otras más pequeñas y extractadas destinadas a ser portadas para acreditar el pacto, a cuyo grupo parece pertenecer la hallada en 1766, que se suele adscribirse a las llamadas de tipo frontón, por la forma en la que estaban rematadas y que se habría perdido en el ejemplar hallado en Audita. (10)

 

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Teresa de Frontón. Cuya forma debió tener el bronce de Audita antes de su rotura.

 

En cuanto a Quinto Mario BALBO, pertenecía según el mismo autor a la familia de los Balbo. El más conocido de esta familia fue LUCIO CORNELIO BALBO, nacido a principios de S. I a. C., en Gades (la  actual Cádiz). Fue el primer habitante de una Provincia que llego a Cónsul de Roma, gracias a que contó con el apoyo de Pompeyo y más tarde con el del mismísimo Julio César tras cambiar su fidelidad y alianza y entregar Gades a este, en el contexto de Guerra Civil que mantenían ambos. Tenía una gran influencia en Roma gracias al citado anteriormente y a sus estrechas relaciones con los banqueros de la época (Ático, Rabirio, Opio…) de aquí deducimos que era extremadamente rico como su ciudad comprobó en sus últimos años de vida. Fueron estas relaciones y las que poseía en su región de origen, Beatica, las que puso a disposición de César y estas las que  a su vez le permitieron ser Cuestor (43 a.C.), Pretor (¿) y el primer Cónsul de una Provincia (en el 40 a. C.). Asimismo obtuvo el cargo de un Gobierno Provincial en África en el 20 a. C. y recibió los honores de del triunfo, siendo también el primer no Itálico en lograr esta recompensa y honor.

Por su influencia la ciudad de Gades recibió el derecho a la ciudadanía Romana para todos sus habitantes de manos de César y de las obras que fomento a su costa quedan restos en la actual ciudad, tales como el teatro , el Foro…

Es por tanto lógico que sea un Balbo el que aparezca como Protector de nuestra Lacilbula ante la pesada maquinaria administrativa Romana. Y vemos que no hay nada nuevo bajo el Sol, en esto de las influencias.” (11)

De la tabla en cuestión podemos deducir que a comienzos del Siglo I d. de C. Lacilbula seguía siendo una ciudad peregrina o indígena que no gozaba aún del derecho latino pero que había alcanzado un grado notorio de romanización. Sus habitantes ya hablarían y escribirían en latín;  gobernándose por un Senado o Curia a imitación de los existentes en las ciudades de derecho romano. Senado y magistraturas en las que participaban tanto la población originaria de derecho como ciudadanos romanos o de derecho latino que allí se establecieron y que probablemente gozarían de la ciudadanía local como los hermanos Marcus y Caius Fabius (pertenecientes a la gens Fabia presentes en Hispania desde el Siglo II a. de C. y que encontramos participando en la administración de ciudades como Acinipo y relacionados con la explotación de canteras de mármol ubicadas entre Acinipo y Lacilbula), Marcus Manilius (perteneciente a los Manilii, familia presentes en Campania, y el Lacio y cuyos miembros aparecen igualmente ocupando magistraturas de otras localidades de la Bética) o Plubius Cornelius, (perteneciente a la gens Cornelia).

 

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Inscripción dedicada a Lucio Sempronio Fabiano

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 Lacilbulia como municio Flavio

 

Setenta años más tarde, (73-74 d. de C.) el proceso se completó con la concesión por Vespasiano del derecho latino (ius latii) a diversas poblaciones prerromanas de Hispania entre ellas Lacilbula. Dicha concesión conllevaba la posibilidad de acceder a la civitas Romana per honorem, es decir, mediante el desempeño de alguna magistratura local, quedando adscritos los nuevos ciudadanos a la tribu Quirina como ocurrió con Lucio Sempronio Fabiano de la familia Quirina al que el ordo (senado) de los Lacibulenses dedicó una costosa estatua.

Este dato deriva del hallazgo en 1774, en el Cortijo de Clavijo de una inscripción tallada en el pedestal de una estatua, que aunque aún se conserva ha perdido el texto latino. Por fortuna la inscripción fue vista durante el primer viaje a España en 1860 del epigrafista alemán Hubner que la transcribió de la siguiente forma:

L(ucio) S[emp]ronio

Quir(ina) I[- – -]ano

[hui]c ordo Lacilbulensium

dec(revit) laud(ationem) loc(um) sep(ulturae) fun(eris) in

pensam statuam

[Iu]nia L(uci) f(ilia) Lucilla uxor

honore usa inpensam

remisit,

 

Texto que puede traducirse de la siguiente forma: “A Lucio Sempronio Fabiano de la familia Quirina al que el ordo (Senado) de los Lacibulenses dedicó con honras fúnebres sobre el lugar de su sepultura una costosa estatua. Su esposa Junia Lucilla, hija de Lucio, honrada por ella se hizo cargo de los gastos”. (12)

El derecho a acceder a la ciudadanía romana tras el desempeño de las magistraturas municipales, determinó la aspiración de las oligarquías locales al ejercicio de las mismas, acelerando la definitiva romanización de la primitiva Grazalema.

 

La instituciones municipales

 

La concesión del Ius Latii a Lacilbula y a un considerable número de ciudades de la Bética les obligaba a adaptar sus instituciones a las previstas en la Ley Flavia Municipalis. Esta se encontraba depositada en Córdoba donde se debían presentar los legados de las nuevas ciudades latinas para solicitar la adaptación que tras ser aprobada se grababa en planchas de bronce que se colocaban en los tabularium locales. Todas las leyes seguramente seguían un mismo patrón como lo evidencia la similitud de las que se han conservado como la Lex Flavia Malacitana, y las de Urso, Salpense e Irni, (El Saucejo) que hallada en 1981 se conserva prácticamente completa lo que nos permite conocer como fue el funcionamiento de las instituciones de Lacilbula.

La organización de la ciudad se basaba en la elección anual y no renovable por los Comicios integrados por todos los ciudadanos de dos duunviros y dos ediles de entre los miembros del Senado. Los Duumviros convocaban al Senado, y a los Comicios que presidían sin derecho a voto. Regulaban el gasto, se encargaban de la construcción y reparación de las infraestructuras, así como la elaboración de los calendarios administrativos y religioso. Por debajo de los Duunviros se encontraban los Ediles que auxiliados por otro personal subalterno, acometían las tareas relacionadas con la policía de la ciudad, la vigilancia de la seguridad en las calles, su limpieza, el abstecimiento, la conservación de las calzadas, y la supervisión de toda clase de lugares públicos sacros y profanos, el control de los acueductos y canales de abastecimiento de aguas, la vigilancia de tumbas y lugares de enterramiento y otras muchas funciones.

 

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Capitel conservado en la Rivera del Gaidobar. Foto Francisco Diánez.

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Por encima de todos ellos se encontraba el Senado, Curia u ordo Decurionum que encontramos mencionados en todas las inscripciones de Lacilbula y que era el órgano supremo de gobierno de la ciudad estando incluso por encima de los dos  magistrados o duunviros. Aunque la condición curial era vitalicia, se convocaban comicios anualmente para completar su número que estaba integrada entre 100 y 30 miembros, según el tamaño de la ciudad. Debían de tener una edad mínima, que normalmente rondaba los 30 años, y reunir una serie de requisitos como ser ingenuos (haber nacido y permanecido libres), no haber sufrido condena alguna, no desempeñar profesiones infamantes y por último poseer un mínimo de rentas (5000 sextercios según la Ley de Irni)

Como ejemplo de su funcionamiento democrático diremos que los magistrados que las presidían no podían hacer votar una proposición o levantar la sesión hasta que todos los que quisieran dar su opinión lo hicieran.

Entre las funciones del Senado se encontraba el control económico de los magistrados, y la designación de legados y Patronos así como la concesión de honores funerarios a los ciudadanos, como los que contempla la inscripción de cuyo hallazgo da cuenta el 15 de abril de 1884 el periódico “La América” y que pertenece a la colección de nuestro paisano Luis Ruiz y en cuya pagina 10 expresa que:

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 “En el término de Grazalema  (Cádiz) se ha descubierto, poco tiempo hace, un curioso monumento romano, consistente en una estatua enorme de jaspe encarnado, propio del país, de un metro de altura, 37 centímetros de ancho en el cuerpo, 37 en las fajas del pié,. 62 de cabeza y de grueso 61 centímetros; total general: un gigantesco volumen que bien pasará de 100 arrobas de peso.  El monumento tiene la siguiente inscripción: 

 

UEMHIAE…FAELI

US…

HIIC-ORDO-LACIDVLV

DECREVIT LAVOATIORI

IMPENSAM FVNEBIS

LOCVM-SEPVLTVRAE

MONUMENT-STAIVAM

AELAIM F-VBASSINA

HATER

HONORE-ACCEPTO

IMPENS-REHII

 

Cuya traducción literal, a nuestro entender y supliendo varias letras que le fallan es ésta: “A Memnia Aelia Bassina  hija de Memmio: El Municipio de los “Lacidulenses” acordó a ésta, panegírico, gasto de entierro, lugar de sepultura, monumento y estatua.  Su madre Aelia Bassina, hija de Marco, aceptó la honra pero pagó todo el gasto.”

Se ha encontrado a unos 30 metros de la margen derecha del Guadalete, como a cinco kilómetros del nacimiento de éste río, y es el segundo monumento que se ha encontrado del  “Ordo Laciduleusim” o sea, del municipio de “Lacidula” que así se llamó aquél pueblo hasta que Aben-Zalaa lo bautizó con el nombre de su padre Zalama, o Zalema, califa de Córdoba.”

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La estatua se encuentra perdida, aunque se conserva el pedestal que fue trasladado a la Finca el Cañuelo desde la Junta de los Ríos donde apareció. (13)

 

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Pedestal de la perdida estatua e inscripcion

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La transcripción del texto epigráfico por el periódico tiene algunos errores pero nuevamente la fortuna hizo que Hubner pudiera verla en su tercer viaje a España en 1886 cuando rectificó la inscripción que recogió en su obra monumental bajo la referencia de CIL II 5409.

Me]mmiae [- – -] f(iliae) / Ael[iae Bassinae hu]/ic ordo Lacil[bulen(sium) / dec]revit laudatio[n(em) / im]pensam funeri[s / locum] sepulturae / [monu]ment(um) statuam / [Ael]ia M(arci) f(ilia) Bassina / mater / [h]onore accepto / [i]mpens(am) remis(it)

 

El Funus Publicum u honras fúnebres

 

Para los lacibulenses como para cualquier otro romano era transcendental ser enterrado conforme a un determinado ritual y en una tumba digna, a cuyo amparo el alma del difunto pudiera seguir viviendo en forma de sombra,  porque de lo contrario quedaría condenado a vagar eternamente sin descanso persiguiendo a los vivos.

La Cañada de Los Molinos, fue el lugar elegido para la necrópolis local, convirtiéndose por eso en lugar religioso (locus religiosus) dotado de una especial protección. Se encontraba fuera de la ciudad respetando la prohibición de cremar o inhumar a menos de quinientos pasos de las murallas (14)  y estaba atravesada por la vía que llegaba a Lacilbula, lo que convertía el cementerio en un lugar donde las familias de la oligarquía local podían llamar la atención a los viajantes mediante la contemplación de las tumbas y monumentos dedicados a sus familiares contribuyendo a incrementar de esta forma el prestigio familiar, perpetuando  su memoria, verdadera obsesión de estas oligarquías.

 

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Lápida con el texto SACRVM propia de los epígrafes religiosos o funerarios para referirse a Dioses o a los Manes familiares. En el de la foto se ha reutilizado como escalón de una vivienda. Foto Francisco Diánez.

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Para estas familias, este fin se conseguía especialmente a través del funus publicum o funeral público con que el Senado de Lacilbula que era quien únicamente podía concederlo, honraba a sus ciudadanos más destacados, mediante la concesión de un lugar para el enterramiento, y que solían completarse con la dedicación de inscripciones laudatorias que perpetuaban su memoria

Conforme a la costumbre habitual los gastos de estos honores (impensa funeris) solían ser abonados por la propia familia. Como en el caso de Aelia Marco que corrió con los gastos de los de su hija Memmia Aelia (CIL II  5409) mientras que Junia Lucilla, asumió con los correspondientes al sepelio de su esposo Lucio Sempronio Fabiano. (CIL II 1343)

De especial interés son los honores dedicados a Memmia Aelia, no solo por ser uno de los pocos casos en que estos honores se dedican a una mujer en la Bética, sino porque  estos comprendieron la designación y cesión del lugar de la sepultura, (locus sepulturae) y la dedicación de la tumba, inscripción y estatua. Honores que se concedían raramente.

 

La decadencia de la ciudad

 

A mediados del S. III d. de C., el sistema municipal entra en una profunda crisis motivada en gran medida por el incremento de los impuestos, la inflación, la caída del comercio y la inseguridad que provocó que  las oligarquías se trasladaran a sus villas donde gozaban de autosuficiencia económica, abandonando las magistraturas municipales que se convirtieron en una verdadera carga. En este traslado son acompañados por otras personas más humildes que a cambio de alimento y seguridad preferirán renunciar a sus derechos como ciudadanos, acogiéndose a la protección y patronazgo de los terratenientes. Es la época del progresivo abandono de Lacilbula y de su régimen jurídico, en favor de Villas como las de Grazalema, mejor fortificadas y organizadas como explotaciones agrícolas y ganaderas autosuficientes, y que se mantendrá durante la Alta Edad Media ya bajo dominio visigodo.

 

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Columna romana utilizada como escalón en Grazalema

 

Diego Martínez Salas.

Notas

(1)FRANCISCO VILLAR. Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania Prerromana. “El último caso de posible síncopa, Lacilbula es el más complejo y a la vez el más interesante. Nuestra localidad aparece con el nombre de Lacilbula en sus testimonios epigráficos; en cambio Ptolommeo transmite la forma Lacibis que se diferencia bastante de los testimonios epigráficos. Por otro lado existe una ceca que emite moneda en alfabeto romano con el nombre de “Cilpe” que aparece indudablemente relacionado con el rio Cilbus mencionado por Avieno (310) identificable bien con el salado de Conil, bien con el Guadalete. A. Tovar propuso identificar Cilpe con Lacibula utilizando argumentos mas bien frágiles. Pero el análisis lingüístico que hagamos del topónimo Lacilbula, depende en gran medida en que sea o no la misma población que Cilpe, porque si lo fuera sería difícil de soslayar una vinculación etimológica entre ambos nombres, que llevaría el análisis linguisticos por derroteros muy diferentes a lo que resulta natural seguir si se niega esa relación. En efecto el primer análisis que se ofrece espontáneamente al estudioso- una vez negada la identidad de Lacilbula con Cilpe- consiste en ver en este topónimo, un testimonio mas del elemento “Lac”, abundantemente presente en la región meridional ( Lacca, Lacuris, Lacimurga, Laccobriga), y también fuera de ella (Laconimurgi, Lacetani, Lacobriga), que de hecho combinan mas de una vez con el elemento ipo (Lacipo, Lacipea). Tendríamos entonces un topónimo compuesto de tres elementos, paralelo al ya examinado Bassilippo. En el segundo se reconoce obviamente el ibérico il-; y el tercer componente resulta ser bula.-, susceptible de ser interpretado como el resultado de una síncopa, en forma paralela a la ilipula/Ilipla/Hilpula analizada mas arriba. En concreto sería una nueva Il-Ipula, pero en composición esta vez con un primer elemento Lac- (lac´ilipula “La Ilípula de Laca” y con posterior síncopa vocálica “Lacilipula-Lacilpula”. Posteriormente la “p”, se habría sonorizado en el contexto sonante+sorda+vocal (Lacilpula-lacilbula) de lo que hay bastante testimonio histórico en el sur de la península, como en el caso señero de Turata-Turd (-uli) etc,. Recuerdese que Lac es un elemento toponímico frecuente en la región meridional y que cercana a por el sur a Lacilbula se encuentra Lacipo.

(2) C. PEMÁN. Los topónimos antiguos del Extremo sur de España. Pag. 101-112.

(3) La ciudad de Lacidula ha sido tradicionalmente localizada en las proximidades de Grazale­ma –en el cortijo de Clavijo- gracias al descubrimiento de dos inscripciones donde se menciona al Senado local (CIL 1342 y 5409); así, su ubicación no reviste duda alguna. Sin embargo, el epigrafista alemán Hübner transcribió en uno de los epígrafes Lacilbula y en el otro se puede leer Lacidula, por lo que se plantea el problema de cuál fue su verdadero nombre. Un reciente y minucioso estudio de la única inscripción que se conserva de esta ciudad (CIL 5409), ha demostrado cómo en su tercera línea pone Lacidula,

(4) M. TOSCANO SAN GIL, “Inventario de los yacimientos arqueológicos y lugares de interés histórico y etnográfico de la Sierra de Grazalema”, BMC, 4, Cádiz, 1983-84, pp. 33-34.

Cerro de la Botinera (Cortijo del Castillo Bajo) El yacimiento se sitúa en el M.O.P.T., Cádiz, E. 1: 200.00 hoja 1050; sus coordenadas U.T.M. son TF894874. La secuencia cronológica va desde la época ibérica a la romana. Se trata de un pequeño poblado fortificado con una muralla ciclópea posteriormente aprovechada por una villa romana. Entre los materiales procedentes del lugar se citan cerámica pintada de cocina, terra sigilata, lucernas, pesas de telar, monedas, fragmento de nariz de bronce, restos de construcciones de piedra, bóvedas de hormigón. Se define como oppidum o fortificacion y villa. El yacimiento se sitúa en la gran sierra de Algodonales, domina gran parte de la sierra y las principales vías de comunicación.

Cortijo de Orihuela; este asentamiento se ubica en el actual municipio de   MOPT, Cadiz. E. 1. 200.000: hoja 1.050; sus coordenadas U.T.M. so TF876909. Se data en época romana. Entre los materiales destaca la presencia de losas y placas. Se identifica con la necrópolis de una villa.

Cerro de la Camarera: el yacimiento se encuentra en Algodonales detrás de la Venta del Arenal. MOPT, Cádiz E. 1: 200.000, hoja 1050, sus coordenadas UTME TF 858424. Se considera como villa rústica en donde se han localizado diversos sillares.

-Cerro del Tesorillo, en el mismo término municipal en la Finca del Castillejo en el MOPT, Cádiz E.1. 200.000, hoja 1050; sus coordenadas UTMA  son TF 896867. Se han encontrado restos de muros, piletas, ladrillos y tégulas. Se considera como la pars  rústica de una villa (La pars rustica incluía el lugar de residencia de la mano de obra esclava y del personal vinculado a la gestión de la explotación, un sitio en el que se estabulaban los animales y un sitio destinado a la guarda de las herramientas empleadas en las labores agrícolas) y su necrópolis anexa.

-Cortijo de las Columnas se localiza en el MOPT. Cádiz E: 1. 200.000, hija 1050; sus coordenadas U.T.M. son TF914838. Se han localizado ladrillos y tégulas, de una villa, con restos de una necrópolis en las proximidades.

-Cortijo del Alamillo.-  en el mismo término municipal. MOPT, Cádiz E.1. 200.000, hoja 1050; sus coordenadas UTMA  son TF 895833. Se han encontrado restos de columnas y grandes fragmentos decorados. Se considera como la pars  urbana de una villa (La pars urbana era la parte noble donde residía el dominus y su familia).

-Cortijo de los Horchiles, el yacimiento se encuentra en el MOPT, Cádiz E. 1 200.000, hoja 1050; sus coordenadas UTM TF 914834. Villa romana en la que se han encontrado ladrillos y tégulas y restos de una necrópolis cercana.

-Lijar: el asentamiento se halla en el MOPT. Cádiz, E 1: 200.000 hoja 1050, sus coordenadas UTM son TF886906. Con restos de viviendas propias de una villa romana. (4)

 

(5) LUIS JAVIER GUERRERO MISA. Calzadas y Vía de comunicación en la Sierra de Cádiz en la antigüedad.

(6) LEVY-PROVENZAL: La Península Iberique su Moyen-Age. Traducción de las Crónicas de AR-RAND-AL MITAR.

ANTONIA SALAS ORGANVIDEZ. Grazalema en la Edad Media.

(7) Juan María de Rivera Valenzuela Pizarro Eslava y Chavero. Diálogos de Memorias Eruditas para la Historia de la Nobilísima ciudad de Ronda. Tomo I. Córdoba 1766.

(8) CIL II 1343. En el presente artículo hemos sustituido la transcripción literal de la tabla que hizo el propio Juan María de Ribera en 1766 por la transcripción reconstruida que presentan hoy día los epigrafistas modernos. La que transcribimos es la que ofrece el Corpus Inscriptionum latinarum de la Universidad de Alcalá de Henares.

(9) Fernando Campuzano. Otros datos para entender mejor el Bronce y el lugar d Audita.WWW.historiasdegrazalema.blogspot.com.es/2011/08/otros-datos-para-entender-mejor-el.html.

(10) Angel Rojo Rincón. Las Tesserae Hospitales Latinas en España.

(11) Fernando Campuzano. Op. Cit.

(12) La concesión del derecho latino por Vespasiano conllevaba la adscripción de los nuevos ciudadanos latinos a la tribu Quirina. Así la presencia de la adscripción a dicha tribu en los nombre de magistrados y decuriones es utilizado habitualmente para determinar la concesión del ius latii a una ciudad por Vespasiano, en tanto que las concesiones de dicho derecho por otros emperadores se realizaron adscribiendo a su habitantes a otras tribus. En el caso concreto de Lacilbula  esta adscripción resulta de CIL II, 1342 en la que puede leerse: L(ucio) S[emp]ronio / Quir(ina) I[- – -]ano / [hui]c ordo Lacilbulensium / dec(revit) laud(ationem) loc(um) sep(ulturae) fun(eris) in/pensam statuam / [Iu]nia L(uci) f(ilia) Lucilla uxor / honore usa inpensam / remisit, y que puede traducirse de la siguiente forma: “A Lucio Sempronio Fabiano de la familia Quirina al que el ordo (senado) de los Lacibulenses dedicó con honras fúnebres sobre el lugar de su sepultura una costosa estatua. Su esposa Junia Lucilla, hija de Lucio, honrada por ella se hizo cargo de los gastos”.

(13) Antonio Alvarez Rejas y otros. Historia de los Pueblos de la Provincia de Cádiz. Grazalema. Pag. 23.

(14) Lex Ursonensis (LXXIII-LXXIV)

 

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Publicado el agosto 13, 2014 en Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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