Asesinato en los Corrales (Sevilla)

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 Luis Ruiz Navarro

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Unos humildes grazalemeños que se ganan honradamente el sustento como trajinantes, son asesinados en la aldea de Los Corrales. Mediados del mes de julio de 1836.

Este es el relato resumido del suceso, respetando la redacción del original de la época:

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 “En el partido jurisdiccional de Osuna,  provincia de Sevilla, se cuenta la aldea de Los Corrales, población de 400 vecinos, todos jornaleros muy pobres e ignorantes, suerte igual a la de las otras aldeas y las confinantes de Estepa, en razón que carecen de propiedad, que toda corresponde a sus llamados señores  y es también la principal para que en Andalucía, en su mayor parte señorial, abunden tanto los robos en cuya inclinación se ha distinguido siempre el pueblo de Los Corrales.”

 

Pues bien, Salvador Pérez y Bartolomé del Pozo, suegro y yerno de Grazalema, acostumbraban a pasar por éste pueblo cuando conducían sus efectos a Osuna o Estepa o a su regreso para Grazalema.  Era alguacil de la aldea Juan Bautista Baeza, de baja estatura y de edad de 30 años.    Conocía por tanto,  a Salvador y Bartolomé, a quienes había solicitado fiado unas hojas de tocino, efectos de su tráfico; éstos hubieron de negarse y desde ése momento formó contra ellos el proyecto más inicuo de venganza.

 

Frecuentaba la aldea un cazador de oficio, natural y vecino de Osuna llamado Francisco Castilla, de 38 años,  ladrón conocido y compañero de un tal Juan Rodríguez Espada, de 23 años,  ambos conocidos por el alguacil, por quien fueron elegidos para ejecutar el malvado proyecto de robar y matar a los dos grazalemeños el día que debían pasar de Grazalema para Estepa.

 

 Estuvieron en acecho y bien porque las noticias no fueron exactas o bien porque los trajineros variaron de ruta no tuvo resultado.  Pero no se mantuvieron ociosos: robaron una bestia y un saco de trigo a un vecino de Igualeja.   Todo esto ocurría los días anteriores al de Santiago de éste año.   El arriero robado, buscó para recobrar la bestia y el trigo a un tal Pedro Hidalgo, vecino de la aldea, de 26 años, quien lo consiguió de Castilla y Espada.    Todo esto ocurría la víspera de Santiago, que también volvían a Los Corrales Salvador Pérez  y su yerno que regresaban a Grazalema con dos mulos cargados de aceite.

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Baeza que espiaba la ocasión de ejecutar la venganza, se juntó con Juan Rodríguez Espada en la citada noche y señalándole en la plaza del pueblo a Salvador Pérez  y Bartolomé del Pozo,  que a la sazón se hallaban en la puerta de la posada charlando con otro grazalemeño llamado Barroso, y les dijo que habían de matarlos a la mañana siguiente y también a Barroso si los acompañaba, procurando fuese éste el primero porque era el más “jaquetón”

 

 Espada, reunido con Castilla, buscaron para que le ayudase en la empresa a Pedro Hidalgo, y los tres concurrieron a la casa de Baeza donde convinieron los términos de la ejecución del proyecto, pero Baeza no se limito a esto: veló toda la noche hasta dejar apostados a Castilla y a Espada y notando que venía el día y faltaba Pedro Hidalgo, fue a buscarlo a su casa por las puertas del corral y dándole una pistola y un retaco le dijo:

 

“Anda y vete por el arroyo de la fuente a Vereda Ancha y allí espera a Castilla y a Espada.”

 

Muy ajenos a  esta inicua asechanza, los incautos Salvador y su hijo Bartolomé salen  de Los Corrales apenas era de día con los dos mulos cargados de aceite.  Los tres asesinos les siguen hasta el Cerro Mellado en donde los detienen y desarman, haciendo de Jefe Francisco Castilla que los conduce a un arroyo inmediato al Cortijo de Rojillas y en ejecución del principal encargo que llevaban de Baeza, que era matarlos, los tienden en el suelo boca abajo, cubierta las cabezas y Pedro Hidalgo disparó un tiro a Salvador Pérez  que, entrándole por la espalda lo dejó muerto en el acto.

 

 El infeliz de su hijo, Bartolomé,  no tuvo la suerte de morir tan pronto; después del dolor de ver muerto a su padre, le disparó su escopeta Juan Rodríguez Espada y no quedando muerto en el acto,  ejecutaron luego tales crueldades que su relación estremece y no nos encontramos con valor para recordarlas.  Las tres fieras fueron desnudando los cadáveres hasta dejarlos en carnes;  cargan las ropas también en los mulos y Castilla los conduce a la dehesa del León mientras Hidalgo y Rodríguez Espada regresan a la aldea y aquella misma tarde vuelven con azada y entierran los cadáveres.  Castilla, con las cargas,  marchó desde la dehesa a Osuna donde al día siguiente se encontraba ya Espada y dos días después concurrió también Baeza: las cargas se introdujeron en las casas de María Navarro que vendió el aceite y su valor lo recibió Castilla, repartiendo a Baeza seis duros, otros tantos a Espada y tres a Pedro Hidalgo, uno de los mulos se vendió y murió el otro con lo que quedo ejecutado el execrable plan.

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Iglesia parroquial de Los Corrales

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Pero crimen de ésta naturaleza no podían quedar por mucho tiempo ignorado.  El 5 de agosto siguiente,  dos niños pasan por casualidad por las inmediaciones del cortijo de Rojillas y sitio denominado Cerro de Carmona; advierten del mal olor y que la tierra se encontraba movida, alzan unas piedras y descubren un dedo de persona humana cuya vista les lleno de pavor y regresando precipitadamente a la aldea se lo comunican al cura.  Este dio aviso al alcalde en el mismo día quien pasando al sitio indicado hace la excavación y s descubre a una calavera y el hueso del muslo de una persona que vuelven a enterrar hasta que viniera el facultativo que reclamó del alcalde mayor de Osuna, a cuya jurisdicción corresponde la aldea.

 

El día  8 del expresado mes se repitió la exhumación y se  encontraron dos cadáveres,  uno de menor edad, advirtiéndose en el cráneo un hundimiento con fractura total del ángulo izquierdo del hueso coronal; y sobre las demás partes de los cadáveres manifestó el facultativo que no podía dar una relación anatómica por haber pasado ya al estado de putrefacción, dilaceración y desunión de cavidades en todos los huesos.

 

 Entretanto Leonor Corral, mujer de Salvador Pérez y madre de Bartolomé, notando que a los13 días de su salida de Grazalema no regresaban su marido e hijo y presumiendo alguna desgracia, dispuso que Miguel Ruiz, cuñado suyo, saliera a buscarlos como así lo hizo este quien al paso por los Corrales el día siguiente de haberse encontrado los cadáveres, se dirigió al sitio del enterramiento y reconociendo el hueso descubierto del muslo, no le quedo duda de que el enterrado fuese su cuñado y lleno de miedo no lo asesinaran a él también, regreso a Grazalema y anuncio la desgracia a la infeliz madre y viuda.

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Capitán de Milicias Provinciales o Nacionales (migueletes), antecedente inmediato de la Guardia Civil

Hasta el descubrimiento de los dos cadáveres nada se sabía sobre la perpetración de éstos horribles delitos ni de sus autores pero con el aviso que se dio por el alcalde de la aldea al Sr. Salgado, subdelegado de la policía de Osuna, se practicaron por esta tan activas y efectivas diligencias que se adquirió el conocimiento tanto de los criminales como de todas las circunstancias del suceso.”

 Para no alargar en demasía el relato con las confesiones de los reos, concluiré con decir que la pobre viuda Leonor Corral no pudo asistir a los juicios y reconocimiento de ropa, alegando “su estado de abatimiento por la terrible noticia y su extremada pobreza” por lo que se enviaron las prendas en exhorto al Juez de Grazalema, por medio de su cuñado Miguel Ruiz, que fue atacado y apaleado por bandidos durante el viaje, perdiendo las mismas…

Conferido a los reos la acusación, la contestaron sin proponer prueba alguna y el Juez de la causa D. Manuel de Cuadros, en 29 de diciembre la sentenció definitivamente condenando a Juan Bautista Baeza, Juan Rodríguez Espada y Pedro Hidalgo Ledesma:

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 “a la pena ordinaria de muerte en garrote vil cortándose a los dos últimos los brazos derechos, que se coloquen en los cerros Mellado y Jabonero, y a Francisco Castilla la de 10 años de presidio en África y que presencie la ejecución de los otros.  Y a María Navarro, la receptora, 6 años de reclusión

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Los reos apelaron la sentencia, excepto claro está Castilla y María Navarro.  El Sr. Fiscal solicita también la muerte en garrote vil para Castilla, y a la fecha del relato, se envía a la Audiencia Provincial de Sevilla para que dictamine.

 

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Garrote Vil

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Publicado el enero 14, 2014 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Hola, mi nombre es Manuel Velasco Haro, natural de Los Corrales (Sevilla). Publiqué la historia de este pueblo hace ahora 14 años, pero desconocía por completo este relato. ¿Podrían decirme donde se encuentra la documentación de este caso? Gracias.

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