“La Travesura”. Cuento para un día de frío y agua

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Andrés Sánchez Barea

Dibujos: Juan Romero. (www.elsurderomero.com)

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Iglesia de San Juan: Pues si muy Señor mío, que conozca vuesa merced, que era más de la medianoche cuando llego la “Señora Fuente abajo”, con los humos más que subidos por encima de la moña, y lanzando barbaridades por doquier, que aunque Usted no lo crea, a mí se me vino a la cabeza, que algo de mucha importancia debiera haber ocurrido, para que la anciana se pusiera de este proceder, tanto me acongojo los ánimos, que no puse palabra alguna en mi boca, hasta que la Señora se despacho a sus gustos, que no fueron ni breves ni leves, Señor “San José”.

Iglesia de San José: Vaya, vaya, Y tras lo que Usted me refiere, Don “San Juan”, ¿fue cuando se montó tal algarabía?.

Iglesia de San Juan: En ese mismo momento, Don San José, Usía comprnederá, que tras la barbulla que vino metiendo la buena señora, se montara antes de decir Amen una marimonera considerable. Imagínese que cuando nos vio asomar la Señora “Doña Ermita”, se pusiera la pobre mujer a dar diente con diente, y se puso de espantada que nos llevó su bien tiempo traérnosla de nuevo a sus cauces, que estará conmigo su Merced en que “Doña Ermita”, también tiene sus añitos y no está para estos espantos.

San José, escudriño la noche disipando la mirada sobre los tejados, se atuso la aguja derecha del Campanario, y se dirigió a San Juan, que esperaba tranquilo, con la paciencia que dan los siglos la respuesta de su amigo. Su merced, siempre tan considerado con la senectud… y mire, que es muy de alabar, que tenga en cuenta los siglos que pesan sobre nuestros tejados, que estará Usted conmigo en que ni son pocos ni son buenos la mayor parte de ellos, y que la humedades de este pueblo, están abultando en demasía el reuma de nuestros costillares, todo eso es de agradecerle a su persona, pero no me venga Usia con milongas de la Señora Ermita, ni de que esta tan mayor, ni de que esta tan indispuesta, que bien sabe que la desprendida Señora, no es Santo de mi devoción.

Iglesia de San JuanDispense Usted Don San José, que se me arrinconó en la memoria, que hace algún que otro siglo, Ustedes tuvieron sus diferencias a cuenta de patronas y vírgenes del Carmelo.

San José, negó broncamente con la cabeza, haciendo sonar en medio de la noche y sin pretenderlo la campana pequeña, que presuroso procedió a sujetar sobre su pecho, para evitar que despertara a medio pueblo, respiro hondo, e intentando guardar la calma se dirigió hacia San Juan y le dijo: -¡No, no, no! Señor San Juan, por el amor de Dios, no me diga Usted esas cosas que me pierden mis arrojos, que no estamos hablando de viejas rencillas, que lo de esas vírgenes no tienen nada que ver, que lo que esa buena Señora lleva sobre el lomo es un carácter de mil demonios, que no hay alma bendita que lo capee.

Iglesia de San Juan: Bueno, bueno dejemos sus discrepancias en estas frases si le parece, y procedo presuroso a relatarle a su Merced, lo que nos aconteció la noche pasada, que para eso vine hasta aquí. –Dijo San Juan, intentando calmar los ánimos de su contertulio –Pues como le iba contando, la Señora Ermita, se recogió las enaguas, se puso el atrio sobre la espalda, porque la noche aunque de Mayo, tiraba mas para fría que templada, y se unió a la comitiva, que no era otra, que la formada, por las mercedes que paso a anunciarles a continuación, San Juan hizo una breve pausa, para dar más emoción a su relato, se ajusto el cinto con la añeja puerta de clavos como hebilla, y continuo hablando solemnemente- Doña Ermita, como ya le dije, El Señor Calvario, Acompañado de la Señora Borreguilla, llegaron también dos Batanes de la Rivera, como no, la Señora Encarnación, que la pobre mujer, recién levantada y espelucada de estorninos y palomas, se me asemejaba con todos mis respetos, a los muñecos de trapo que queman la noche de San Juan, también formaba el grupo alguna que otra casona de las que no tienen gente en sus adentros, y tienen todo el tiempo ocioso habido y por haber, todo el mundo en caterva, ataviados para la cuestión que nos aconteciera a esas desacertadas horas de la madrugada en busca de lo que se había perdido, de repente, y como por arte de magia.

Iglesia de San José: Tenga en cuenta su Merced, que aunque tengo sobre mis muros más de tres siglos de paciencia, está usted en demasía, alargando lo que más interesa en estos asuntos, que no es, si me permite, que aclare de una vez, el por qué se puso todo el mundo de vagabundeos, y sobre todo Señor Don San Juan, que reaños es lo que se perdió, para que todo el mundo anduviera de cabeza, que me tiene Usted en ascuas desde que empezó a narrar la historia.

San Juan, rasco con su hombro una de las ventanas grandes que dan al atrio, y haciéndose un poco más el interesante, asintió levemente con la cabeza, hizo una pausa corta, que a San José, se le antojo eterna, y finalmente apostillo con voz grave: Letras, Señor San José, se perdieron unas letras. ¡Bendito sea Dios!, unas letras, ¡¿Pero qué letras?!,¿ y cómo se perdieron?, ¿Quién las robo?, ¡¿Y de qué forma?… Dios mío de mi alma, adonde vamos a llegar… Atemple Usted los ánimos Señor San José, no vaya Vuesa Merced a recordarme a la Señora Ermita.

San José, de pronto, atacado de lleno en su dignidad, miró airoso a los ojos de San Juan, y dijo con voz grave, entre carraspeos provocados: -Ujum, ujum, ujum… Cuando le venga en gana Señor San Juan, finiquite la historia Su Merced, que ya mismo viene la amanecida y mañana en Domingo, tengo que doblar las campanas…

Iglesia de San Juan: Sigamos pues, Don San José… como le iba diciendo, se habían perdido unas letras, y no eran ni más ni menos, que las letras que forman el del Nombre del pueblo… ya sabe su Merced, las nueve letras de GRAZALEMA. –

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Iglesia de San José¡Santa María!… ¡Es un espanto!, ¡¿Pero cómo?!… ¡Dios mío!, ¿pero qué mezquino ladrón pudo hacer algo tan vil?

Iglesia de San Juan: Componga Usted el semblante, que todo está arreglado, aquiete los alientos, que no se trataba de bellaco, ni ladrón alguno, solo de una travesura de unos mocetones de la ribera.

San José suspiro intranquilo intentado calmar sus nervios, y una bocanada de aire frio se escapo por la ventanita de ojo de buey de su lateral izquierdo, luego miro a su compañero y asintiendo lentamente con la cabeza dijo: -¡Ay,! ¿ A dónde iremos a llegar con estas mancebías tan atrevidas?, sigua su Merced que ya no interrumpo más. –

Iglesia de San JuanComo le iba diciendo… Fue cosa de las pillerías de dos molinos de aceite de la ribera, dos chiquillos con menos de noventa Años, que en su aburrimiento diario, les dio por esconder las letras, y mire por donde se formo la marimorena, la Señora “Fuente abajo”, que fue la primera en echar en falta la letras, se perturbo en demasía y supuso que de un robo se trataba, sin percatarse, que justo en su pilar de piedra, los picaros mozos habían escondido una de las letras, seguidamente, la buena señora en sus exasperaciones, puso en andas a todo la comitiva, que más parecía aquello una procesión del Corpus Cristi, que una batida de búsqueda, por suerte, fue el Señor Don Calvario, el que advirtió que los raspados mozalbetes, se habían dedicado a ocultar las letras cerquita de nuestras Mercedes, para, supongo que de esta forma, divertirse más en su diablura, viendo como unos cuantos ancianos, nos volvíamos locos dando vueltas por el pueblo. Los joiporculos mocitos.

San Juan, de nuevo hizo una pausa, en la que encorvo un poco su espalda de tejas viejas para acomodarse sobre su asiento de piedra, y continuo con su historia: -Menos mal, que El Señor Calvario, encontró debajo de un Jazmín del patio del cementerio otra de las letras, ya deducirá su Merced, que de esta forma, todo el personal se puso a cavilar, y a rebuscarse en los adentros, porque ya imaginábamos que los sin vergüenzas de los niños, habían escondido las letras mientras dormíamos, ni más ni menos, que encima de nuestras hechuras. Otra de las letras, vino a hallarse, debajo del Arco del callejón del cura, de la Señora Encarnación, que vaya espanto de peinado que tenia la buena mujer, -Dijo sonriendo por lo bajo San Juan, recordando el susto que se llevo la señora- también encontramos una de camino a la Señora Borreguilla, apoyada junto a un olivo, y otra más metidas en los caños de la fuente de la plaza, que sabe su Merced, que como la Señora duerme tan profundamente, ni se percato que los diablillos le tapaban los morros, y solo cuando los pinos del Santo le hicieron cosquillas en las narices, estallo en un estornudo que desparramo la letra por la plaza, a mí, para que Usted vea lo que son las cosas, me la escondieron en los bajos del escalón, locos nos volvimos buscando la letra, se nos venía la mañana encima, y estábamos con los ánimos alterados, no fuera que la gente del pueblo con la amanecida se diera cuenta de algo, pero mire Usted por dónde, casi sin buscarla nos encontramos otro par de ellas, justo aquí, en los adentros de este relato, la letra ERRE, y la letra A, estaban detrás de un verso, y de una frase corta del principio, ¡vea Usia que disparates!, donde menos se lo espera uno, vinieron a esconderlas los mocitos, ¿Cómo lo ve su Merced?. –

Iglesia de San José: Verlo, verlo, lo que se dice verlo, no sabría que decirle, quizás estas juventudes de hoy en día, estén perdiendo las vergüenzas Señor Don Juan, pero de todas maneras, si me permite su Merced una aclaración, pues por más que recuento las letras que forman el Nombre, me sigue faltando una, ¿o puede que los siglos vayan pesando sobre mis discernimientos?.

Iglesia de San Juan: Por eso mismo estoy aquí Señor San José, y a estas horas de la madrugada, que para rematar la faena, de esconder las letras, los bribones de los zagales, le dejaron a Usted para el ultimo, pues de todos es sabido, que a Usia el sueño le pesa como una losa, que serán los Años digo Yo, pero que esta vez le ha hecho una mala pasada.

Iglesia de San José: ¡Como dice su Merced!, ¡Que a mí también me han escondido una letra esos tunantes! Grito nervioso San José, mientras inclinaba la barbilla y se miraba hacia el pecho y el campanario , palpándose la fachada con las manos.

San Juan, sonrió para sus adentros, y dijo con un hilo de voz que derrochaba ironía: -Bueno, escondida, escondida, lo que se dice escondida no es que se la dejaran, a su Merced seguro que no le vino en gana mirar en su calzón, a la altura de la puerta de la sacristía, ¿verdad?.

De pronto San José en un movimiento rápido, echo mano a su parte trasera, y efectivamente, a simple vista colgada de la puerta de la sacristía de sus calzas interiores, pendía burlona una letra G. -¡Como yo pille a uno de estos malandrines, por Dios que lo deshueso!, ¡Abrase visto por estos lares tal desvergüenza!, Y se habrán enterado todas sus Mercedes que me colgaron a mí el San Benito en los mismísimos calzones, ¡Pero qué bribones los zagales del demonio!.

San Juan evitando sonreírse para afuera, aunque desternillándose para sus adentros, aguanto estoicamente la compostura, para no encender mas las iras de San José, y moldeando un poco la voz para evitar que sonara a mofa, respondió: -No se preocupe su Merced, que solo se percataron de la barrabasada, la Señora Ermita y la Señora Fuente abajo, cuando volvían de buscar las letras, por la parte de arriba del pueblo.

Iglesia de San José: ¡Suficiente!, ¿o me va a negar a Usted, que les faltaría tiempo a las buenas señoras para aliviar a gusto sus lenguas cuando se encontraron con el grupo?.

Iglesia de San Juan: Algún que otro verbo sí que se les escapo no le voy a mentir a estas alturas de la madrugada, pero tenga su Merced en buena cuenta que lo importante es que ninguna persona del pueblo, se percato, de nada de lo sucedido, que eso, si que hubiera sido una verdadera desdicha para nuestros costillares.

Iglesia de San José: Usia lleva toda la razón, que toda la gente siga pensando que estamos vacíos como los fondos de un viejo pozo, solo madera, tejas viejas y piedras…

San Juan Miro a los ojos de San José, que en los cristales de la vidriera reflejaban la tímida luz del amanecer, y concluyo sonriendo: -Ay Don San José, si las piedras hablaran…

No diga su Merced barbaridades Señor San Juan. Exclamo rompiendo en carcajadas San José. ¿Cómo van a hablar las piedras?, si las piedras, piedras son…

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Publicado el marzo 12, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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